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APARECIO EL EQUIPO, PERO MESSI SIGUE EN DEUDA

El tema es que juegue como en la PlayStation

Después de ver la victoria argentina en Munich sobre Alemania, la primera sensación que nos quedó fue de alivio. El último recuerdo del equipo “del Mundial” era un 1-0 diferente, el ya célebre y angustioso triunfo ante Uruguay en el Centenario del 18 de octubre pasado.

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Después de ver la victoria argentina en Munich sobre Alemania, la primera sensación que nos quedó fue de alivio. El último recuerdo del equipo “del Mundial” era un 1-0 diferente, el ya célebre y angustioso triunfo ante Uruguay en el Centenario del 18 de octubre pasado.
Lo segundo que pensamos fue que –por fin– el equipo tuvo una idea de juego. Después discutimos si gusta o no gusta, porque, en realidad, el gusto de cada uno de nosotros no es importante. Lo realmente decisivo es que el plan que elija Diego Maradona se implemente bien. Contra Alemania en Munich (partido importante, de esos que marcan a favor y en contra), se eligió un 4-1-3-2. Cuatro zagueros centrales ocuparon los puestos de la defensa (Otamendi, Demichelis, Samuel, Heinze) y Mascherano se paró como único “5” delante de ellos. A juzgar por las pocas veces que los alemanes pusieron jugadores cerca de Romero, esto dio resultado. Ahora sería fácil decir que fue porque se incorporó Samuel, de gran momento en el Inter o que Otamendi trasladó sus estupendos rendimientos como segundo zaguero en Vélez al lateral derecho de la Selección. Pero lo primero que se nos ocurre es que muchos futbolistas de este equipo jugaron más cómodos con este dibujo que con otros.
Por ejemplo, Mascherano venía en alza en el Liverpool, pero las últimas veces que actuó con la celeste y blanca no lo había hecho bien. La mayoría de los especialistas se lo atribuyó a que no puede jugar con otro cinco al lado. No parece ser esa la razón del bajón que tuvo. Su mal rendimiento también lo sufrió en el Liverpool, donde hasta jugó recostado sobre la banda derecha. Y, se sabe, a un jugador en baja, no hay sistema táctico ni estrategia que lo salve.

El miércoles, el capitán era la segunda escala que debían afrontar los volantes alemanes y llegaban heridos, porque el trabajo en retroceso de Di María y, sobre todo, de Jonás Gutiérrez, fue de gran desgaste. Y este trabajo de los volantes de los costados, sumado a la firmeza recuperada de Mascherano, le dio a la línea de fondo cierta tranquilidad. Por citar sólo un caso, cuando Lucas Podolski intentó algún desborde y centro por la izquierda, en el medio no encontró compañeros. Y el orden y el despliegue de volantes y defensores argentinos redujo a casi nada cualquier intento de Miroslav Klose. Es un valor importante: los dos delanteros mencionados componen una de las duplas ofensivas más respetadas del mundo. Dicen que Alemania probó jugadores y que no funcionó bien. Es cierto. Pero ningunear a una selección que casi siempre estuvo entre las cuatro mejores de un Mundial y con una riquísima historia a cuestas sería un disparate. Hoy, la TV por cable nos trae imágenes de fútbol de todo el mundo. No hace falta explicar demasiado lo que significan apellidos como Lahm, Ballack, Schweinsteiger, Mertesacker, además de los ya mencionados Klose y Podolski. Mesut Ozil, uno de los jugadores con menos partidos en la Selección teutona, es un futbolista que ya tiene 125 partidos en los equipos principales del Schalke 04 y Werder Bremen, contando Bundesliga y Copas. Pretendo decir con esto que Argentina venció a un rival importante y que tenía que ganar... y ganó.

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Un 0-0, con el flojo segundo tiempo que hizo el equipo, no hubiese sido suficiente siquiera para que se reconociera el buen primer tiempo ni para que se pusiera el acento en que se asomó una idea de juego, a diferencia de los oscuros partidos de Eliminatorias. Pero un 1-0 en Munich no es para desperdiciar, si es que sirve para dar confianza, para afirmar los pasos dados y para solucionar algunos problemas.
Como dato positivo, casi esencial, este amistoso abriga la esperanza de que tipos como Samuel, Demichelis, Otamendi, Mascherano, Di María, Verón e Higuaín rindan igual en la Selección que en sus clubes; Jonás es un caso curioso: pese a que no se destaca especialmente en el Newcastle, con la celeste y blanca siempre cumple; y Romero confirmó que será el arquero titular del Mundial.
El problema sigue siendo el bajo nivel de Messi. Es serio, porque este equipo, con orden y un esquema de juego determinado y bien hecho, sería muchísimo mejor con un gran Messi. Y, sin embargo, tiene que remarla sin él. Antes, decían que el equipo no tenía orden ni funcionamiento; que en el Barcelona, Lio podía jugar así porque Xavi Hernández e Iniesta lo entendían, o porque Guardiola trabajaba seriamente y Maradona no. Bueno, el miércoles el equipo tuvo orden, en el primer tiempo tuvo a un Verón excelso y a los dos volantes de los costados yendo, viniendo y llegando con posibilidades, a Higuaín muy activo, a todo el cuadro moviéndose en bloque, sin perder la idea de conjunto, pero Messi tampoco jugó siquiera aceptablemente en ese contexto. A tal punto, que en algún momento del segundo tiempo, Diego pensó en suplirlo por Pastore.

Vuelvo al comienzo, a la sensación de alivio. Dio la impresión de que hay una idea de juego. Y la sentimos en un partido que perfectamente podría ser el de un Mundial. El equipo parece haber encontrado sus apellidos titulares, nombre más, nombre menos. Intuimos cómo va a formar el equipo contra Nigeria el 12 de junio en Johannesburgo.
Sólo falta que Messi juegue con la camiseta argentina como lo hace con la del Barcelona o en la PlayStation. El día que ocurra esto, Argentina podrá aspirar hasta a ganar el Mundial