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El Teorema de Telerman

Nunca rezó tanto. ¿Será profano afirmar que hoy está más judío que nunca? Jamás se sintió tan solo, políticamente hablando. ¿Será indiscreto revelar que, a la hora de reunir a sus leales más íntimos, sobra cualquier mesita del barcito más cool de Palermo Soho?

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“Si alguien vive entre gente cuyo
principal objetivo es complacer sus
instintos y cuyas acciones van
exclusivamente encaminadas a
satisfacerlos, esa persona se verá
influenciada por su entorno de tal
forma que terminará por convertirse
en uno de ellos por mucho que le
disguste y se esfuerce por no dejarse llevar por la corriente.”
Maimónides,
filósofo judío (1135-1204)

“Hay dos significados de la palabra
sujeto: sujeto a otro por control y
dependencia; y sujeto como
constreñido a su propia identidad,
a la conciencia y a su propio
autoconocimiento”.
Michel Foucault,
pensador francés (1926-1984)


Nunca rezó tanto. ¿Será profano afirmar que hoy está más judío que nunca?
Jamás se sintió tan solo, políticamente hablando. ¿Será indiscreto revelar que, a la hora de reunir a sus leales más íntimos, sobra cualquier mesita del barcito más cool de Palermo Soho?
Dentro de dos semanas, Jorge Telerman se levantará de la cama sin ninguna agenda que lo apremie. Sin protocolo que cumplir ni acto oficial en el cual sorprender con su histrionismo “afrancesado” y esa impar fotogenia, impuesta a fuerza de trajes con chaleco, sombreritos tipo inspector Clouseau (¿o estilo Manucho Mujica Lainez?) y/o gafas a la ultimísima moda. Amanecerá, en síntesis, sin poder.
Telerman cuenta que se tomará un año sabático. Pero también asegura que, a partir de marzo, estará “reflexionando” desde la Fundación Ciudad Futura, acaso bautizada de ese modo porque la Ciudad actual le dio la espalda.
¿Trimestre sabático?
Avisa, además, que en 2009 será candidato a algo. Y que en 2011 volverá a por la Jefatura de Gobierno.
Tremenda obviedad: Jorge Telerman se quedó con las ganas de conseguir por el voto popular lo que hasta ahora sólo pudo tener gracias a la cromañónica destitución de su ex amigo Aníbal Ibarra.
Hasta ahí, cualquiera podrá encogerse de hombros y afirmar con total derecho: bueno, problema de Telerman.
Sin embargo, su actual dilema no es sólo problema de él. Por el contrario, los desvelos telermanistas de estas tensas horas post electorales sirven para traducir e interpretar (como el propio Telerman interpretó y tradujo alguna vez a Foucault) las sensaciones encontradas que animan a buena parte de la dirigencia política argentina.
Sobre todo a la parte no K.
O a la porción “no profundamente” K, tal cual es su caso.

Sujetos sujetados. Dicha clave podría sintetizarse en una frase que “El Pelado” lanzó como al pasar en uno los tantos almuerzos de despedida que vienen ocupando sus últimos mediodías, en el cual apenas probó un exquisito salmón rosado:
—El problema de esta oposición es que lo vuelve kirchnerista a uno –lanzó, inclinado hacia el comensal ubicado a su izquierda.
Telerman (aún lleno de rencor gracias a la convicción de que “Kirchner decidió que ganara Macri para construir su propio enemigo de derecha y por eso puso a Filmus de candidato”) esboza esa especie de “¿y ahora dónde me pongo?” en medio de un feroz realineamiento de fuerzas, sólo comparable al vivido durante el auge del menemismo.
Porque una cosa eran los Kirchner con el 22% de los votos y muchas ganas de quedarse con todo, y otra muy distinta parecen ser los mismos Kirchner con el 45%, el control de ambas cámaras y el beneplácito, por acción o sumisión, de la inmensa mayoría de los gobernadores provinciales.
Veamos en qué bases se apoya el Teorema de Telerman:
u Mauricio Macri, ubicado en la cúspide de la supuesta “derecha anti K”, parece sentirse cómodo en ese lugar, salvo por un detalle: tiene más problemas que Daniel Passarella para armar un equipo sólido, debilidad estructural que podría convertirlo en una presa demasiado fácil para la Casa Rosada.
u Al haber marcado como propio el terreno de la presunta “izquierda nacional”, el kirchnerismo también hundió a Elisa Carrió en la tentación de correrse hacia el polo opuesto, en busca de cierta visibilidad. Sus propios amigos de estos años le critican su “derechización”, y algunos de ellos le rompieron el bloque parlamentario. No detentará la segunda minoría en Diputados.
u En dirección inversa parece marchar el santafesino Hermes Binner, cuyo Partido Socialista está partido entre la Coalición Cívica de Carrió y el oficialismo. Binner, al igual que la fueguina Fabiana Ríos (originalmente rosarina, socialista y lilitista), necesita con suma urgencia una línea directa con Balcarce 50. ¿Falta algún dato para entender la lógica “de caja” que domina la relación Nación-provincias desde 2003? Por lo pronto, los senadores de Ríos no integrarán el mismo bloque que Maria Eugenia Estenssoro. Y Binner acaba de ser recibido de buena gana por Cristina, por segunda vez desde que fue votado.
u Tras el aplastante triunfo del matrimonio dominante, Roberto Lavagna se ve en similares aprietos. Una opción es quedar atrapado por una interna radical que ya roza el ridículo; la otra, desensillar hasta que aclare, manteniendo los pies dentro del plato peronista. La designación del jovenzuelo Martín Lousteau en Economía dejó a Lavagna a la expectativa, hasta el momento con más elogios que críticas.
u Queda por verse qué hará (y con qué predicamento) Eduardo Duhalde, quien prometió volver al ring el 10 de diciembre a eso de las 12 o la una, cuando Cristina ya sea presidenta efectiva. Duhalde habla seguido con Lavagna, con Macri, con la UCR oficial y con Daniel Scioli, la verdadera gran incógnita de 2008 en adelante. También siente un cariño especial por Telerman.
u ¿Tendrá algo que ver Duhalde con el posible acercamiento parlamentario de macristas y seguidores de los Rodríguez Saá?
El zapping anterior sirve para llegar a una primera conclusión: los Kirchner vienen armando con éxito (y respaldo popular) un escenario a su medida. En él, de alguna manera, todos somos kirchneristas.
Poco importa, entonces, si Jorge Telerman terminará regresando al korral o “derechizándose” o apostando sus huesos, circunstancialmente, al árido territorio de la independencia.
La verdadera luz roja tiene nombre: polarización. Un bando contra el otro, sin medias tintas. Sólo dos veredas. Negro o blanco. River-Boca (o Racing-Boca). De algo así venimos.
Y nos fue para el tujes, podría decir Fanny, la idishe mame del casi ex Jefe de Gobierno, quien llegó hasta donde está por haber sabido “migrar a tiempo” del PC al peronismo.