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Elogio de la oposición

Cada vez que se formula una crítica al kirchnerismo aparece una voz para sostener que si el Gobierno no es del todo bueno, siempre será mejor que la oposición. Si bien los Kirchner son cada vez menos convincentes a la hora de defender su gestión, el constante ataque a sus adversarios ha tenido cierto éxito.

Quintin150
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Cada vez que se formula una crítica al kirchnerismo aparece una voz para sostener que si el Gobierno no es del todo bueno, siempre será mejor que la oposición. Si bien los Kirchner son cada vez menos convincentes a la hora de defender su gestión, el constante ataque a sus adversarios ha tenido cierto éxito. Así se acepta que la oposición responde a intereses siniestros, carece de propuestas y sólo le interesa obstruir la marcha del país. Se deduce de este axioma que estaríamos mucho peor si el electorado tuviera el atrevimiento de interrumpir la sucesión de la dinastía actual hacia la eternidad. Esta falacia se suele complementar con otra: que sólo el peronismo puede gobernar la Argentina y que el peronismo hoy es Kirchner como ayer lo fue Menem.
Por eso, me gustaría defender a la oposición. No a este o a aquel partido, no a determinado candidato, no a la oposición de izquierda ni a la de derecha, sino a la oposición en bloque, a la oposición tal como la ataca el Gobierno. Sobre todo, porque los opositores se lo merecen.
En estos años, no sólo han tenido una conducta más democrática y más tolerante que el Gobierno, sino que han escuchado con mayor atención las necesidades sociales y han trabajado en la elaboración de alternativas.
A pesar de que la oposición ha sido hostigada, cooptada y trampeada, sus dirigentes se las han arreglado para mantener un temple y una dignidad más que aceptables, muy superiores a la de un deslucido elenco oficial, cada vez más limitado a la obsecuencia. Ante un enemigo poderoso y despiadado que utiliza el enfrentamiento permanente como sistema político, los opositores han actuado con madurez y generosidad. Frente a un modelo autista y arbitrario coinciden en que es necesario encontrar un funcionamiento institucional que propicie el diálogo, favorezca la transparencia y admita el disenso. Vienen tiempos difíciles y sería más estimulante vivir en el marco de ese sabio consenso opositor que en el jardín de infantes belicoso que nos ha tocado.

*Periodista y escritor.