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En la bodega

Vinos 20230909
Bodega | Unsplash | Hermes Rivera

Filmar y viajar, no hay alquimia más perfecta. Me regala vida. Y perspectiva. Los porteños vivimos clausurados en la lógica productiva de la megalópolis, lógica que no es tal. Y cuando vemos regiones regidas por otros parámetros, donde el agua, el zonda, la siesta o los viñedos organizan toda la agenda, creemos descubrir mundos novísimos.

Por un vivaz accidente de guion, resulta que interpreto en Mendoza al mejor sommelier del continente, yo, que soy –que era, según mis compañeros de elenco, que no dejan de señalármelo– enteramente abstemio. Ergo, se me organizan visitas espectaculares a bodegas. Dado que debo imitar con gran oficio, oculto cuidadosamente que no bebo ante la generosidad vertida en forma de mil copas. ¡Qué injusticia! Nada me interesa menos que la enología, pero puedo comprender de esta alquimia de uva la pasión que en otros despierta, sonrío a la gentileza ritual, soy solidario con el metejón ajeno y me dejo llenar todas las copas, aduciendo un estudio de rol que es más bien turismo de alta gama para extranjeros (por cierto, impagable para los propios mendocinos).

La felicidad parece ser una sola, pero la insatisfacción sabe cobrar formas infinitas

La verdad es que mientras bebo vinos cuidadosos cuya calidad me es imposible determinar o disfrutar, me propongo averiguar cuáles son los resortes que hacen de esta provincia la que más masivamente votó a Milei. No logro deducir nada importante. Aquí, igual que en todas partes, hay chacras millonarias junto a villas miserias apoyadas al costado de las vías. Los camiones que quieren cruzar a Chile para exportar cosas por el Pacífico están detenidos hace 23 días en la Ruta 7; el paso, cerrado por mal clima, sella una frustración fronteriza que acumula años. Camioneros anónimos, pasajeros, viven en la caja del camión.

Arrojo algo ingenioso sobre el pinot noir y tiro de la legua de bodegueros ingenuos a ver si largan por qué tanto resentimiento con San Juan. Pero todas son vanas excusas. Uno muy joven me dice incluso que es porque allá son peronistas. ¿Y qué serán acá?, me pregunto con dos litros de algo encima.

La felicidad parece ser una sola, pero la insatisfacción sabe cobrar formas infinitas, absolutamente singulares para cada región y cada realidad. El voto bronca es diferente en cada distrito y es bronca contra cosas muy distintas. Pero parece ser bronca, nomás. Embotellada.