5th de March de 2021
COLUMNISTAS UN TIEMPO NUEVO
07-02-2021 02:50

Encuestas y elecciones

En democracia existe la posibilidad de que cualquiera gane los comicios, existe la alternabilidad. Gane quien gane hay que desear que le vaya bien. Suficientes problemas tienen nuestros países con la pandemia como para que debilitemos la endeble democracia que nos queda.

07-02-2021 02:50

El periódico Harrisburg Pennsylvanian aplicó en 1824 la primera encuesta política. Durante años, diarios y revistas hicieron estudios enviando cupones para que los lectores reenvíen las respuestas por correo. El método funcionó bien hasta que asomó la radio, los electores se informaron más, viajaron, y se necesitaron muestras sofisticadas para saber la realidad.

Estrategia. En 1960, Joseph Napolitan y Tonny Schwartz, que trabajaban en el equipo de la campaña Kennedy concibieron el concepto de estrategia política y Napolitan acuñó el término “consultor político”. Las campañas ingresaron a otro nivel. El conocimiento político es arte, se forma con el pensamiento rápido del que habla Kahneman, pero también es ciencia, conocimiento lento que nace de la reflexión, el estudio, el análisis. Eso es la estrategia.

Algunos políticos no pueden superar el pensamiento rápido, les es difícil aceptar que la mayoría de la población no comparte sus inquietudes. No es verdad que un país se divide en gobernistas y partidarios de la oposición o, en el caso ecuatoriano, en correístas y anticorreístas. Mucha gente está angustiada por la peste, el desempleo, el hambre. Teme no conseguir el alimento para sus hijos. Quisiera candidatos que se ocupen de ellos sinceramente, no para sacar votos o mejorar la imagen del gobierno. No que culpen a otros políticos por la nueva ola de la pandemia, sino que se olviden a hacer política y hagan algo por ellos.

La gente se independizó, tiene sus propios sueños e insomnios, que es preciso comprender. Los dirigentes deben escuchar y conducir, tener la modestia de aprender y la capacidad de señalar caminos. Para eso ayudan los consultores y las encuestas.

Formación. Me formé en la Fundación Bariloche con Edgardo Catterberg, Manuel Mora y Araujo, Carlos Strasser y Ruben Kaztman. Dediqué años a aprender cómo diseñar encuestas con un nivel científico y metodológico. En ese tiempo se valoraban los estudios. Si un encuestador no ha leído algunos textos básicos, dudo de sus conclusiones. Hay poca bibliografía en castellano, pero debería estudiar al menos el libro de Herbert Hyman “Diseño y análisis de las encuestas sociales”; el tratado de Mora y Araujo “El poder de la conversación”; nuestro texto “Y dónde está la gente? Campañas y encuestas en la sociedad del presente extremo”. Si es más sofisticado puede estudiar “La personalidad Autoritaria” de Teodoro Adorno. En el posgrado en Gerencia Política de la GWU existe una cátedra sobre técnicas de investigación que estuvo a cargo de Manuel Mora y Araujo y que pasó a Santiago Nieto desde que nos dejó el maestro.

Hacer el formulario, interpretar la encuesta para sacar conclusiones que permitan elaborar una estrategia es un trabajo de varios días, de un equipo de personas con experiencia y formación académica. Así se producen resultados de calidad que ayudan para que una campaña sea eficiente. Predecir el futuro no es papel de los encuestadores. En ese campo compiten en desventaja con las bolas de cristal y los Pai Umbanda.

Tiempos modernos. Con la política del tiktokeo estas antiguallas parecen innecesarias. Lobistas, abogados, empresarios, políticos, compran en la Red un programa para aplicar encuestas, las suben a la Red y las usan para sus fines. Actualmente, leyendo una página de google, cualquiera es periodista, filósofo, candidato presidencial o encuestador. En las campañas aparece de todo. Encuestas on line, otras del dueño de un call center, un robot que pregunta preferencias, y algunas más graciosas.

Un empresario-candidato me dijo que en las encuestas nacionales que hacía todos los días obtenía un 60% en la intención de voto para presidente. Un día conocí virtualmente cómo funcionaba su metodología. Llamó al zoom, uno por uno a sus numerosos empleados y les preguntó el resultado del sondeo de ese día en la provincia en la que nacieron. Recitaron cifras favorables para su jefe. No se movían de la mansión, solo reflexionaban sobre su provincia y se les ocurrían las cifras. Cuando critique el método, el empresario argumentó que decían la verdad porque les pagaba muy bien, lo querían y no podían mentirle. Listo.

Un señor apareció en la televisión relatando que hacía encuestas nacionales conduciendo su coche por el país, aplicando personalmente 10.000 encuestas en 15 días. El conductor no le preguntó cómo hacía para entrevistar a 666 personas por día, conducir el coche, comer, y dormir. Adorno y Mora de Araujo fueron poco responsables: mientras estudiaban en universidades, mandaban a otros a hacer el trabajo de campo. No nacieron en la sociedad del clickeo.

Hay quienes procesan todos estos estudios con técnicas estadísticas, sacan promedios, hacen proyecciones. La agregación de cien manzanas, con mil ciruelas, cuatro caballos y un coche conduce a conclusiones alucinantes. Peyote y Red.

Si en EE.UU. los adolescentes bailan en Tik Tok, en Ecuador los candidatos los imitan

Simulación y adivinadores. El aluvión de encuestas improvisadas averigua lo que obsesiona a políticos y periodistas: la simulación electoral. Cuando se publican se producen polémicas. Unos dicen que según “sus” encuestas están ganando, otros que son falsas, otros que no creen en las encuestas, no faltan los que hacen videos hablando de “verdaderas encuestas” y otros disparates. El foco de la polémica está en la adivinación y no en lo de fondo. Las encuestas sirven para ganar las elecciones cuando, integradas con otras investigaciones, son un insumo para comprender al elector.

Los políticos más elementales sorprenden a incautos con encuestas falsas. Le mueve la falsa leyenda de que la gente se sube al carro ganador. Esa es una proyección de las pulsiones de los militantes al conjunto de la población. Algunos se cambiarían de carro si el suyo estuviera en problemas, pero la gente común no vive de eso. Vota motivada por muchas variables que se pueden estudiar con profundidad y tiempo.

La posibilidad de predecir el futuro decayó según se desarrollaron los medios de comunicación y con el colapso de las ideologías. La sociedad se hizo líquida, como dice Zygmunt Bauman, los electores se volvieron impredecibles. Los investigadores afinan sus herramientas, pero su papel de adivinadores no tiene futuro.

Hay quienes aprovechan la vetustez de algunos políticos y les venden humo. He visto en estos días estudios de Argentina, Perú, Ecuador y México que les dicen que tienen buena imagen o que pueden ganar las elecciones. Están pescando clientes. Algunos políticos que creen que la mentira es eficiente, se sienten cómodos con ese tipo de “encuestadores”. A veces se crea un microclima enfermizo en el que candidato y encuestador no se acuerdan de lo que es verdad y de lo que inventaron. Desgraciadamente esos candidatos embarcan a otros en un proyecto sin futuro.

Ecuador. Hoy se realizan las elecciones presidenciales ecuatorianas.  Uno de los candidatos pudo bancar una campaña millonaria, compró a casi todos los miembros del Consejo Electoral, logró el respaldo de muchos medios para detener a Andrés Arauz, el candidato de Rafael Correa. Otros candidatos anticorreístas renunciaron para beneficiarlo, el único que no lo hizo fue proscrito ilegalmente por las autoridades electorales. Cualquiera que criticara su plan fue descalificado como correísta, acusación grave en el círculo rojo.

Las elecciones ecuatorianas demuestran que la democracia no solo es dinero y manipulación del poder. La mentira tiene patas cortas: hoy sabremos con números si el candidato que siempre dijo que estaba al frente de las encuestas mentía. No está claro si el encuestador le engañó como a un niño o si ambos se aliaron para vender una fantasía.

No se ganan o pierden las elecciones publicando encuestas ni proscribiendo opositores. Como anticipamos hace años, la persecución a Correa le fortaleció. Pusieron una placa en el palacio nacional atacándole, le decomisaron la fortuna que amasó con la corrupción: una casa de clase media, comprada a crédito, cuando era profesor universitario. Quien diga que fueron métodos eficaces para impedir su triunfo, verán esta noche cuáles fueron los resultados.

Desde el comienzo, Andrés Arauz encabezó encuestas de todo tipo, excepto los de la empresa que trabaja para Lasso. La tesis que unificó a gran parte del círculo rojo, de que lo más importantes era detener al candidato de Correa, no logró adhesiones en la gente común cansada de las peleas entre los políticos.

En la recta final se desmorona la campaña ostentosa, dando espacio al candidato indígena Yaku Perez y al socialdemócrata Xavier Hervas, que llamaron la atención con campañas imaginativas. Es poco probable, pero no imposible, que uno de ellos pase a la segunda vuelta. Cuando un candidato viene de abajo y se clasifica con quien estuvo siempre a la cabeza puede ganar.

El Consejo Electoral condujo el proceso más oscuro de la historia ecuatoriana. La mayoría de sus miembros hace campaña abierta por un candidato. La boca de urna la aplicará solamente una encuestadora, que ya fue procesada hace cuatro años por adulterar los resultados.

Durante la última semana acusaron a Arauz de haber recibido 80.000 dólares de la guerrilla colombiana para su campaña. El escándalo de última semana es un clásico de todos nuestros países en el que nadie cree, porque es obvio que se publica cuando el acusado no puede defenderse. No es lógico que una candidatura, que siempre estuvo a la cabeza, se arriesgue por una suma ridícula. Algunos, asustados por la crónica de una derrota anunciada, promueven un golpe militar. Circulan libelos promoviéndolo. En democracia existe la posibilidad de que cualquiera gane las elecciones, existe la alternabilidad. Gane quien gane hay que desear que le vaya bien. Suficientes problemas tienen nuestros países con la pandemia como para que debilitemos la endeble democracia que nos queda.

 

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.

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