Asisto como espectador virtual a los fragmentos emitidos por las redes del espectáculo del Presidente cantando El rock del gato junto a su novia, exnovia o neonovia, mientras parte del sur argentino se quema. (Establecer una relación entre ambos eventos de características disímiles establece una opinión al respecto.) Luego, leo la cobertura de un medio acerca de su llegada y salida de la sala teatral de una ciudad veraniega donde bailó y cantó mientras parte del país se quemaba. El medio, afín a la actual gestión, se abstiene de evaluar el aspecto artístico del asunto (¿debe un periodista indicarnos si el Presidente cantó bien o mal, se desplazó grácil o torpemente sobre el escenario?), y a cambio se explaya acerca del fervor popular que lo recibió y luego lo despidió en las puertas del teatro.
Segundos después, veo un video (¡los límites del lenguaje son los del mundo!) donde, previo a la llegada del Presidente al teatro, uno de sus adláteres debate brevemente con alguien acerca de la consigna a proferir al momento de su descenso del vehículo presidencial. Luego, convenido el lema, cántico o proclama, el adlátere se dirige a un pequeño grupo de libertarios allí reunidos y les baja la posta, que consiste en pronunciar a viva voz: “Milei presidente” cuando Milei baje. Como si alguien, empezando por el propio aludido, dudase de esa evidencia o precisara confirmación perentoria.
Hay estímulos y confirmaciones que alientan dudas cuando lo confirmado es obvio. Paso luego a ver otro video –¿o se dice “visualizar”?– que registra la salida del Presidente luego de estelarizar el espectáculo con su gato canoro. También a viva voz lo despide parte del público o transeúntes allí reunidos, con el clásico cántico de tres palabras rítmicamente pronunciadas que mentan a la madre.
Lo que me desconcierta, solo un poco, es la variación de la escena. El periódico afín no ha dejado registro de los insultos sino de los vivas del público de sala. Como yo creo en lo que leo, tiendo a pensar que las voces vituperantes fueron de otro contexto y pegadas para denostar a un mandatario que no es precisamente desafecto a operaciones semejantes realizadas mediante inteligencia artificial.
Recuerdo cuando, por toda solidaridad con los bomberos que combaten heroicamente las llamas en el sur, difundió por redes una imagen suya dándole la mano generosa a uno de esos combatientes, luego de haber reducido drásticamente las partidas destinadas a combatirlo.
Quizás estaba ocupado ensayando lo que cantó en Mar del Plata.