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COLUMNISTAS / habitat
sábado 15 diciembre, 2018

Futuro molusco

Zizek dice que nos gusta imaginar el fin del mundo porque nos resulta inimaginable el fin del capitalismo.

por Pola Oloixarac

Feliciano Centurión. Foto: Gentileza: malba.org.ar
sábado 15 diciembre, 2018

Zizek dice que nos gusta imaginar el fin del mundo porque nos resulta inimaginable el fin del capitalismo. “El futuro ha llegado y es algo soportable; todo declina, se va el violinista, la música cesa, y el mar se arruga cada vez más”, murmura en mi cabeza Joseph Brodsky. El mar se arruga pero la música crepita suave en ArtBasel Miami, la capitana del mercado del arte latinoamericano. “Compramos un tríptico de Lygia Clark a 60mil dólares, ahora vale 600 mil. Eso salió bien; pero ¿un Sérgio de Camargo a un millón y medio? Es imposible que funcione como inversión”, razona una elegante coleccionista brasileña acostumbrada a pensar en el arte como capital.

Todo declina, pero los precios suben y el interés por el arte argentino crece. Entre esculturas de la joven Luciana Lamothe y Leandro Erlich, los mágicos Chiacchio y Giannone exhiben sus codiciados bordados que homenajean el arte bastardeado de las amas de casa. La galería Walden consagró su espacio a Feliciano Centurión, artista paraguayo que vivió, pintó y murió de sida en Buenos Aires. Parte de la escena ligada al Rojas, Centurión cambió el lienzo por frazadas que conseguía en el Once, que pintó y bordó durante su enfermedad.

La galería Walden consagró su espacio a Feliciano Centurión, artista paraguayo que vivió, pintó y murió de sida en Buenos Aires

En la playa encontré dúos haciéndose fotos en una chimenea dorada junto al mar. Eran las ruinas futuras de un hábitat humano bruñido en bronce para resistir el fin mundo; creado por Luna Paiva para el Faena Festival, la quietud del hogar resonaba contra los restos colosales del mamut áureo de Damien Hirst en las orillas imperiales de Alan Faena. “Algún día será él –no nosotros, me temo– quien cubra con sus olas el paseo y avance en contra de nuestros lamentos, levantando su cresta entre las cabezas, allí donde bebías vino –rompiendo las mesas, preparándole el fondo al futuro molusco”, concluye el poema de Brodsky. Cuando el molusco sea el habitante esencial de Miami, y terminen al fin el amor y el capital.


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