COLUMNISTAS

Ganadores, perdedores y empatadores

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Se asistió el viernes a otro típico montaje peronista. Todos somos compañeros. Nos queremos. Nos respetamos. Y trabajaremos juntos por el bien del país. La reunión en Parque Norte (con saudades alfonsinistas) para ungir a la nueva conducción del PJ es digna de una buena cobertura de la revista Barcelona. Qué lindo es el peronismo.

Más allá de esa concordia prefabricada, a la que suele ser tan afecta la política en general, conviene detenerse en la lectura de ciertas señales. Siempre con la idea de abrir la puerta al debate, no cerrarla con sentencias supuestamente reveladoras.

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Cristina es pasado y presente, no futuro. Nunca fue fan del pejotismo, está claro. Pero ahora su ausencia está además atravesada por la finitud de su mandato. Y así como hubo un peronismo sin Perón, hay quienes propician (acaso ella misma) un kirchnerismo sin CFK.

La incorporación de la juventud maravillosa cristinista a la mesa de conducción del PJ podría ser vista desde ese lugar. Y sin relato: La Cámpora ya no en misión revolucionaria, sino como mero aparato burocrático para tratar de mantener poder, cargos, fondos.

Bajo ese mismo paraguas partidario entran todos y todas. Un jujeño representante de la liga de gobernadores (Fellner), un jefe de Gabinete devaluado (Capitanich), un sindicalista rodeado (Caló) y hasta una mujer eyectada de la sucesión presidencial (Rojkés de Alperovich). La lista sería interminable. La búsqueda, una sola: contener para evitar más fugas a la ambulancia massista. Por ahora, algunos se hacen los difíciles, como en el caso de De la Sota y su cordobesismo cada vez más metido adentro. Los Rodríguez Saá, incorregibles, se dirigen hacia la pantomima de PASO que quiere armar Massa para su consagración como presidenciable.

El PJ acepta casi gustoso la incorporación de este kirchnerismo sin Kirchners (¿alguien vio a Alicia? ¿Y a Boudou?). Cree que es la oportunidad de que el partido arme el futuro gobierno y no al revés, como ocurrió durante la “década ganada”.

En esa sintonía, convalida con entusiasmo que todos sus precandidatos para llegar a la Rosada estén en el mismo nivel. Resulta tan obvio ese impulso gubernamental de no destacar a Scioli por encima de nadie como el del resto de los candidatos. Ya habrá tiempo para eso.

El gobernador bonaerense no lee esa acción más que como una lógica peronista: no hay lugar para liderazgos dobles. Se muestra convencido de que aún no es su tiempo y apuesta a que, inexorablemente, ese momento llegará en 2015. Sin prisa, sin pausa.

Para ese entonces, la foto del viernes habrá perdido a varios protagonistas. Peronismo puro.