Como hemos teorizado, el orden global se estructura en cuatro espacios de poder en torno a seis dimensiones que conforman una interdependencia hegemónica cuadrangular: la sociopolítica, la económica, la coalicional, la de defensa, la tecnológica y la ideológica.
La dimensión de la defensa mostró en 2025 que el gasto militar mundial alcanzó el récord histórico de $2887 billones de dólares, marcando un incremento del 2.9% y absorbiendo el 2.5% del PIB global.
En este sentido, el Norte Occidental, liderado por Estados Unidos y Europa, monopoliza los circuitos institucionales y financieros establecidos. A pesar de que Estados Unidos redujo su gasto a $954 billones (-7.5%), sigue dominando con el 33% el presupuesto mundial. Para compensar esta contracción, Europa aumentó agresivamente su presupuesto en un 14% (llegando a $864 billones). En conjunto, la OTAN representa el 55% del gasto global, operando como el ancla coercitiva para sostener la preponderancia del bloque ante su hipotético y lento declive relativo.
El Norte Oriental, formado por China, Rusia, Corea del Norte, Bielorrusia e Irán como eje de desafío sistémico, construye circuitos emergentes alternativos para quebrar el orden liberal y está enmarcado por pacto militar entre China ($336 billones, +7.4%) y Rusia ($190 billones, +5.9%). En la dimensión más dura de la confrontación militar, Irán se incorpora funcionalmente a este cuadrante septentrional. Aunque su presupuesto oficial cayó a $7.4 billones (-5.6%) debido a una severa inflación, el país sostiene un masivo y opaco ecosistema de financiamiento “fuera de presupuesto” alimentado por rentas petroleras. Esta inversión asegura el desarrollo de drones y misiles balísticos, elementos vitales de la maquinaria de resistencia militar contra Occidente. Dado su conflicto directo y su radical ruptura con el orden de seguridad estadounidense, Irán deja de ser un mero actor del sur para actuar como una extensión estratégica fundamental del Norte Oriental.
El Sur Occidental: agrupa a naciones con alineamientos militares y de seguridad hacia Washington. Su actor más dinámico es India ($92.1 billones, +8.9%), que ejerce un “arbitraje activo” en el orden cuadrangular. Al formar parte de la arquitectura de seguridad occidental para contener a China (vía el Quad y la compra de armamento de la OTAN), India maximiza su propia autonomía estratégica sin pretender destruir el orden establecido, al tiempo que usa bloques como los BRICS para negociar reformas desde adentro.
El Sur Oriental como resistencia fragmentada y conformado por potencias emergentes alineadas ideológica o comercialmente al eje sino-ruso, carece de una alianza militar unificada como la OTAN. Sin embargo, experimenta fuertes alzas defensivas debido a inestabilidades regionales, como es el caso de Brasil, que incrementó su inversión un 13% hasta los $23.9 billones, principalmente enfocada en desarrollos navales.
La conclusión de este informe matriciado bajo la interdependencia hegemónica, demuestra que transitamos hacia un orden militar con una hegemonía compartida entre un Norte Occidental y un Norte Oriental. A su vez cada sur (Oriental y Occidental), intenta posicionarse balanceando entre ambos nortes con alineamientos duros en esta dimensión.
Así, este dispositivo cuadrangular global que es interdependiente, inestable, transaccional y asimétrico, puede ser por un largo tiempo, la nueva cara del orden global.
*Profesor de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Austral.