sábado 01 de octubre de 2022
COLUMNISTAS opinión

Heterogénesis del ‘discurso del odio’

09-09-2022 23:55

¿Cual fue el huevo de la serpiente de lo que cotidianamente llamamos grieta y, en su reciente acepción política, el oficialismo denominó “discurso del odio”

Primero: ¿es correcto usar “discurso del odio” para las críticas políticas cuando el término fue acuñado para describir violencia hacia personas o grupos por su religión, raza, género u otros factores de identidad profundos? La crítica política no implica discriminación, y la adscripción política solo podría considerarse factor de identidad en el sentido de “discurso del odio” si ser peronista, kirchnerista, radical o liberal fuera significante de un conjunto que coincidiera principalmente con religión o raza. 

Queda por discernir si las calificaciones “cabecitas negras” a mediados del siglo pasado o “planeros” hoy tienen connotación racial.

En mayo de 2019, Naciones Unidas lanzó su “Estrategia y plan de acción contra el discurso de odio” porque “en todo el mundo se observa una preocupante oleada de xenofobia, racismo e intolerancia. Las redes sociales y otras formas de comunicación se están explotando como plataformas para el fanatismo. El discurso público se está convirtiendo en un arma para obtener beneficios políticos, con una retórica incendiaria que estigmatiza y deshumaniza a las minorías, los migrantes, los refugiados, las mujeres y cualquier otro”. 

En su libro Infocracia, el filósofo coreano Byung-Chul Han se refiere al discurso del odio y a los graves trastornos en el proceso democrático que generan “las campañas electorales como guerras de información que se libran con todos los medios tecnológicos y psicológicos imaginables”. 

Pero antes de avanzar en la discusión sobre cómo afecta a la democracia la hiperbolización de la polarización política y la imitación que sectores extremos de la política hacen de la llamativa (rendidora en términos de captar atención) estética del verdadero discurso del odio racial o religioso, es imprescindible dejar claro que nada de lo anterior permite sostener que el periodismo, la Justicia y la oposición fueron causales de la motivación asesina de Fernando Sabag Montiel.

En su didáctico ensayo “Memes y magnicidio”, el escritor Juan Ruocco explica con claridad cómo fenómenos estrafalarios como el de Sabag y su novia, Brenda Uliarte, se enmarcan en una tendencia mundial. Recomiendo su lectura en: realjuanruocco.substack.com/p/memes-y-magnicidio. Una representación vikinga del martillo de Thor en el cuerpo de Fernando Sabag conecta a los autores del atentado contra Cristina Kirchner con un submundo oscuro de la “deep” internet y el crecimiento de grupos neofascistas de ultraderecha en todo el mundo. Como explica Juan Ruocco, Sabag Montiel, más que un ideólogo, luce como un desequilibrado, igual que el célebre vikingo que se sumó a la toma del Capitolio tras la derrota de Trump en la elecciones. Tan delirante fue el intento de “golpe de Estado” del vikingo trumpista como el atentado de asesinato de la vicepresidenta por Sabag Montiel. Lo que para nada quita la gravedad institucional de ambos hechos.

“Seguramente Sabag Montiel creía en alguna o algunas variedades de todas las teorías conspirativas políticas con base etno-racial que circulan por internet. Y se convenció a sí mismo de que tenía que actuar” escribió Juan Ruocco.

Aclarado que se trata de un fenómeno que trasciende la discusión política argentina y que se adapta en los significantes (“nigger” en Estados Unidos, “planero” o “negro” en Argentina), podemos entonces aprovechar lo negativo del atentado para reflexionar sobre cómo podemos contribuir todos los constructores de subjetividad (periodistas, artistas, referentes sociales, intelectuales, políticos) a desandar el camino de la escalada beligerante en el discurso. Reducir nuestra violencia oral nunca sería contraproducente y, aunque no resulte profilaxis para atentados de desquiciados, contribuirá a desarrollar un sistema democrático mejor, como sostiene Byung-Chul Han.

Si limitamos el estudio de la genealogía de la grieta al siglo XXI, claramente quien inicia la beligerancia es el kirchnerismo. De hecho, la campaña que Jaime Duran Barba inteligentemente diseñó para hacer presidente a un candidato difícil como Mauricio Macri  en 2015 fue el discurso del amor, la paz, la concordia y el entendimiento, para contrastar con la crispación con la que se identificaba a Cristina Kirchner y su gobierno. Luego, en el gobierno fue diferente.

Probablemente porque los resultados económicos de los primeros dos años de Macri no llegaban como esperaban, ni la “lluvia de dólares”, ni “el segundo semestre” dio paso al florecimiento de los “brotes verdes”, la estrategia electoral en las elecciones de medio término en 2017 pasó a aprovechar la polarización para compensar la falta de otras herramientas proselitistas. Y una vez que el péndulo comienza su movimiento, la fuerza más extrema en un sentido hace girar el péndulo con fuerza más extrema en sentido contrario, retroalimentándose.

Los neurólogos explican que las emociones tienen un efecto imitativo, se “contagian”, como la risa. Que hay emociones predominantes de determinadas épocas: el pudor en la Viena de fin del siglo XIX o la ira en la Alemania de entreguerras, las que bien describió Freud en la histeria y el malestar en la cultura. Los antropólogos explican que hay emociones predominantes en diferentes culturas performateadas por creencias que cobran estatus religioso, como sucede entre Oriente y Occidente.

Sería un error no asignarle al tipo de emociones predominantes de nuestra propia cultura local parte del fracaso que Argentina viene experimentado en su último medio siglo. Desde estas páginas siempre se asigna como causa irreductible de nuestro fracaso económico y social a la patología de la polarización. Pero así como no estábamos condenados al éxito, no estamos condenados como sociedad a determinados patrones de conducta. El mejor ejemplo es el pueblo de vikingos por antonomasia, los países escandinavos, que después de siglos de caracterizarse por ser los más salvajes, violentos y despiadados se convirtieron en el pueblo más educado y exitoso del mundo.

Aprovechemos el espejo patético de Fernando Sabag para mejorarnos como sociedad.