martes 07 de febrero de 2023
COLUMNISTAS opinión

Inflación insostenible y temperamento

El oasis mundialista llegó a su fin. Luego de 64 partidos, pero muy especialmente los siete que pudo hilvanar la Scaloneta, la tormenta del desierto qatarí, plena de emociones, llegó a su fin. Fueron 28 días en que muchos acontecimientos del escenario local pasaron a un segundo plano. Así, casi con la precisión de una jugada de laboratorio, el Indec dio a conocer el jueves 15, horas después de la clasificación a la final, la evolución del IPC de noviembre: 4,9%.

La cifra, preocupante para cualquier otra economía de la región, es  informada como una muestra de la cintura política del equipo económico. Satisfecho, el ministro Sergio Massa recordó que heredó en julio (otra gestión, pero del mismo gobierno) un 7,4% mensual. Cuatro meses más tarde, lo cierto es que el IPC sube a un ritmo un tercio menor bajo la consigna de encontrar un piso del 4% mensual para marzo y luego ir por la heroica de estacionar la inflación en un 3%. ¿Puro voluntarismo?

Noviembre mostró un eventual punto de inflexión: 92,4% interanual y una proyección para todo 2022 del 85,3% más la cifra de diciembre, que si repite la del mes pasado llegaría al 94,4%. Todo indica que el fantasma de los tres dígitos quedará como escenario temido para 2023: el IPC debería ser del 7,5% para este año.

Política fiscal: Imponiendo al capital

La siesta mundialista impidió que la incredulidad sobre la cifra oficial creciera más. Pero a diferencia de lo ocurrido en la época del “dibujo patriótico” del Indec del exsecretario Guillermo Moreno, no hay dudas sobre las buenas prácticas del organismo ahora liderado por Marco Lavagna. De hecho, el tropezón estadístico del Censo Nacional por el cual no se pudieron conocer en agosto más datos poblacionales, no tiñó de desconfianza las cifras sobre la evolución de precios que mes a mes marcaban una aceleración inflacionaria. Una ventaja para el desconocido mediano y largo plazo argentino, de hacer las cosas sin pases mágicos. Sin embargo, los interrogantes de las causas de este aparente freno hicieron recorrer el arsenal de medidas efectistas, en unos casos y de corto aliento, en otros, que permitieron lograr éxito en lo que más le importa al exintendente de Tigre: ganar tiempo.

Asumiendo con realismo que no podrá marcar un punto de inflexión y lanzar la economía a un olvidado sendero de crecimiento sostenido, sus objetivos fueron más modestos y por eso más realistas: desacelerar el alza de precios atacando las expectativas y logrando algún mínimo acuerdo en el frente externo e interno para poder realizar el mínimo de cambios necesarios. El aprobado del FMI en cada trimestre se va logrando con medidas de excepción en los últimos días de la “foto” para mostrar: pisar más las importaciones, patear pagos externos, subir la tasa lo justo y necesario para lograr el “roll over” ansiado y hasta pasar la gorra a los poderosos intendentes del conurbano para que pongan sus plazos fijos a disposición de la gesta massista. Todo sirve para lograr un aprobado y pensar en el próximo examen trimestral. También se anota acá el malabarismo con las tarifas (todavía no se pudo poner en práctica el reajuste comprometido), la concertación de precios en los combustibles y la prenda de topes por permisos de importación con que se intenta seducir a los dichosos “formadores de precios” para que puedan escapar de la asfixia del cepo. La última jugada fue la del “bono privado” con que se encontró la diagonal entre el aumento de suma fija pedido por el ala K y la aplicación de las cláusulas de revisión en las paritarias pedidas por todos los grandes gremios que, con décadas de conducción en sus espaldas, le dan clase a la dirigencia política de turno de cómo negociar.

En conclusión, un sinfín de jugadas disimuladas y para la tribuna, con el que se pudo llegar a la cifra mágica de noviembre. Pero como toda la emoción mundialista, ahora debe aterrizar y contestar, con el mismo realismo, si puede sostenerse en medio de un año electoral, con demandas de más planes “platita” y con el clima que no permitirá, otra vez, que al país lo salve una buena cosecha.