jueves 11 de agosto de 2022
COLUMNISTAS democracia

Infrapolítica

Rumores, chismes, cuentos populares, canciones, boicot, pasividad: herramientas de los excluidos.

En momentos donde parece que emergen movimientos antipolíticos, el término de infrapolítica parece explicar mejor los comportamientos de parte de la sociedad. 

Raros peinados nuevos. Sin que todavía figure en el diccionario este concepto fue creado por el antropólogo estadounidense James C. Scott en su libro Los dominados y el arte de la resistencia. Discursos ocultos para explicar los modos que utilizan los excluidos para referirse a la política. Para Scott, una gran cantidad de indicios dan cuenta de la infrapolítica: los rumores, los chismes, los cuentos populares, las canciones, boicot, pasividad, los gestos, y los chistes forman parte de las críticas al poder. Quizás aquel libro de 1990 no había conocido otras formas de expresión que están a la vista de todos y que circulan en las redes sociales como burlas a la dirigencia. Pero el rumor puede cobrar objetividad como cuando en días pasados un documento evidentemente falso llevó a miles de ahorristas a sacar sus dólares del banco, poniendo a prueba de la solidez del sistema bancario bajo el imperio de la infrapolítica. Podría pensarse que en democracia las actitudes veladas tenderían a decrecer, pero surgen interrogantes como si los millones de personas que se abstuvieron de votar en las últimas elecciones no fue una forma infrapolíticas de “manifestarse”. Estar ausente para estar presente. La abstención no implica en este caso una traba o una propuesta alternativa, pero sí significa una pérdida de legitimidad de las instituciones de la democracia. Curiosamente la obligatoriedad del voto (hecho que ocurre en apenas una veintena de países en el mundo) hace remarcable esa situación.

La nada. Si el sufijo infra significa inferior o debajo, se puede entender que la infrapolítica induce a pensar que hay un mundo, que corre por debajo de las formas políticas tradicionales. El problema es que la política en democracia también puede degradarse al punto de la intrascendencia, generando un campo orégano para las bromas y los rumores. Un poco esto se expresó en los juramentos exóticos de los diputados que asumieron el día martes último (sin dejar de señalar la remera del diputado Martín Tetaz, lo que hizo llover memes en las redes), todo a expensas de la credibilidad de la propia dirigencia. Las fuerzas políticas clásicas no parecen acusar el impacto de la creciente falta de valoración ciudadana por las instituciones de la democracia. 

A pesar de las formas, las actitudes infrapolíticas todavía tienen como objeto a la política, aunque sean en modo de burla, el problema mayor es si decantan en impolítica. El filósofo italiano Roberto Esposito es quien desarrolla este concepto que tiene en su seno una radicalidad tal que rechaza la propia idea de la representación, base del sistema político de las democracias. Para la impolítica la posibilidad misma de la representación es una ficción, que se traduce en las expresiones tales como “para qué voy a votar”; “a mí la política nunca me ayudó para nada”; “los políticos solamente piensan en sí mismos” y similares. 

La decisión de no votar de millones de personas, ¿fue una forma de estar ausente para estar presente?

Distancias. Para matizar estos puntos se deben observar algunos resultados de la encuesta de Latinobarómetro realizada durante 2020 donde en Argentina y en otros 17 países de la región. En nuestro país, el 33,1% está nada satisfecho con el funcionamiento de la democracia y el 46,2% no muy satisfecho. Estos valores no son muy diferentes a los de Chile (29,4% y 51,4% respectivamente) y Brasil (28,4% y 49,5%). Sin dudas, tanto la pandemia como su gestión tuvo como consecuencia el incremento del desencanto político, hasta niveles preocupantes. Luego sobre la pregunta sobre cómo define a democracia dentro de varias opciones, el 63,6% de los argentinos consultados dijo que se trata de una democracia con grandes problemas (el más alto de la región) y el 11,2% planteó que directamente no es una democracia. La ausencia de mirada de futuro es un punto sensible a considerar. El 50% de los encuestados de Argentina manifestó que el país está en retroceso, y el 41,5% que está estancado, también por lejos de los valores más altos de América Latina. Por supuesto, habrá que esperar la nueva ola de 2021 para conocer la evolución de estos indicadores. 

Uno de los elementos llamativos es que el PBI cayó en 2020 un 9,9%, (el PBI per cápita solo aumentó en 200 dólares respecto al valor de 1998), pero algunos datos estimativos indican que este año se recuperaría un valor similar. Una hipótesis plausible es que este crecimiento no se tradujo en una mejor distribución de los ingresos, lo que explica el malhumor reinante y también los resultados electorales.  

La expectativa en el retorno a la democracia era que el propio sistema podía ser capaz de solucionar los grandes problemas del país, reunida en aquella frase de Raúl Alfonsín: “con la democracia se come, se cura y se educa”. Muy probablemente en 1983 los problemas eran casi todos menos onerosos que treinta y ocho años después. La única excepción a esa regla era la amenaza de los militares de volver a instalarse como alternativa política. Hoy esa esperanza parece estrellarse en el vacío, y empiezan a circular discursos que combinan el liberalismo económico extremo con el autoritarismo político y el conservadurismo social. Estas expresiones remiten a las narrativas que circulaban un siglo atrás. La pregunta para la dirigencia política no es cómo se debe generar esperanzas, sino cómo iniciar un camino de la recuperación sostenible. Algunos cálculos sostienen que, para bajar la pobreza a la mitad, el país debe crecer al cinco por ciento por año al menos por una década en forma continua. 

¿Es posible ajustar? La mayoría de los economistas miran el gasto estatal buscando qué cortar. La promesa de bajar el déficit fiscal seguramente figure en el próximo acuerdo con el FMI. Pero si se miran con detenimiento los renglones del gasto estatal casi el 70% se va en jubilaciones, pensiones, salarios, y ayudas sociales. Queda un 11,1% de subsidios a la energía y un 3,2% al transporte para recortar. ¿Alberto Fernández se inclinará a eliminar los subsidios a la energía, decisión que contribuyó al desgaste veloz de Mauricio Macri? ¿Se podrá multiplicar por diez el valor del boleto mínimo? En la plaza del viernes los discursos de Alberto y de Cristina sostuvieron enfáticamente que no sucedería. Nuevas preguntas empiezan a dibujarse finalizando el complejo 2021. 

*Sociólogo (@cfdeangelis)