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Inmutables

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Se mostraron. Jugaron. Hablaron. No hablaron. Guiñaron. Pusieron fichas. Midieron, Fueron medidos. Estuvieron en la foto. No aparecieron en la foto. Tenían volumen. Carecían de volumen. Cerraron. Abrocharon. Anoche, mucho antes de que esta columna fuese puesta en manos de editores y correctores, expiró el plazo para legalizar las listas a las (muy mal) llamadas elecciones primarias del 12 de agosto, prolegómeno obligado de las generales del 27 de octubre. Mal pueden analizarse aquí, ante la insuperable discrepancia horaria, nombres y elencos. Pero desafortunadamente, da lo mismo.

Hace ya mucho que es indisputable el vaciamiento desconsolador de sentidos, significados y propuestas en la oferta no sólo de los diferentes peronismos supervivientes, sino también de la que balbucean fuerzas teóricamente alternativas. Esta mañana se sabe, entonces, con quién y cómo “jugará” (PERFIL, 2 de junio de 2013, http://www.pepeeliaschev.com/impresos/jugar-15425) el famoso Sergio Massa, pero ¿acaso se sabe qué piensa, qué hizo al frente del Gabinete de Ministros de la Nación, qué haría como diputado, como gobernador o como presidente de la Nación?). Por supuesto que no.

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Esta es una era de vacíos fornidos, de “nadas” espesas, de desiertos conceptuales más abrumadores. Política sin ideas, desprecia y arrasa proactivamente hasta los significados más escuetos. Los comentaristas se fijan en quién está en la foto, una manera de saber quién no aparece. Miran y luego deducen. Es trascendente la acción de “mostrarse”, empalagoso verbo intransitivo especialmente enervante por lo necio. Algún medio dijo hace horas que Francisco De Narváez “jugaría” a su mujer en las elecciones. ¿En el casino del Conrad o en el flotante porteño? Precipicio de la tontería sin piso, siempre se puede ser más estúpido a la hora de hablar de política con la estructura mental de la timba.

Pertenece a este páramo la muy vigente respuesta de los pobres “prenseros” de funcionarios y políticos, cuando los llama un periodista preguntón. Como quienes les pagan el sueldo están frecuentemente “guardados”, sus huidizos voceros responden que sus jefes “no están hablando”. Cuando el “guardado” reaparece, los mismos portavoces llaman a los principales programas de radio, anoticiando que sus mandantes ahora “salieron a hablar”. Juguetes dóciles de entrenadores mediáticos y encuestadores ávidos de facturar, una mayoría de los políticos son obedientes ejecutores de consejos profesionales, convencidos de que el jabón en polvo y la derrota de la inflación se venden de la misma manera. La galaxia lúdica prevalece, arrogante y triunfadora. Intendentes, diputados y gobernadores “orejean” a los muñecos que se suben al escenario, con el objeto posterior de “ponerles fichas”. Estos métodos destruyen gran parte de la trascendencia de la previsible elección de frentes, listas y candidatos y propician episodios de bochornosa chatura.

Roberto Lavagna, por ejemplo, un hombre que supo ser cauteloso e inteligente, se borró de las elecciones de este año tras conocerse que se había inscripto como candidato en un partido de alquiler llamado “acción ciudadana” (no merece mayúsculas), hace pocos años rentado por el patético nazi criollo Alejandro Biondini. ¿Necesitaba ese baldón el respetable ex ministro de Economía?

Martín Lousteau, de 41 años, trabaja con ahínco el filón de su juventud y ataca a su rival en la primaria, Ricardo Gil Lavedra, porque aspira a ser reelecto como diputado nacional, tras una fecunda e impecable tarea legislativa. Muy en la onda Palermo Hollywood, Lousteau picanea a los veteranos, pero fue elegido por Rodolfo Terragno. Rodolfo, que está por cumplir 70 años, es mi amigo. Abogado, periodista e historiador, es un tipo decente, talentoso y corajudo, y lo es desde siempre. Pero fue senador de la Nación por la Capital Federal entre 2001 y 2007, jefe de Gabinete de Fernando de la Rúa de diciembre de 1999 a octubre de 2000, y diputado nacional entre 1993 y 2001. Ya en 1987 fue designado secretario de Estado y luego ministro de Obras y Servicios Públicos por el presidente Raúl Alfonsín. Fue también presidente de la Unión Cívica Radical. ¿Qué haría Lousteau con Terragno, lo tiraría por la ventana?

Por su parte, Lousteau fue ministro de la Producción, jefe de Gabinete y presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires y del Grupo Bapro con el gobernador peronista Felipe Solá. Luego, en diciembre de 2007, Cristina Kirchner lo designó ministro de Economía de la Argentina. Lo echó el 24 de abril de 2008, luego de que Lousteau anunciara la Resolución 125 de “retenciones móviles” a la exportación agropecuaria. El pensamiento de Lousteau se exhibe en esta frase, recogida por María Eugenia Duffard en Clarín anteayer viernes: “Hay que sacar a los partidos del formol en que están”.

El sitio Evenpro - Gestión y contenido para Eventos, ofrece “contratar a Martín Lousteau” para dar conferencias de economía, con estos conceptos: “autor de célebre (sic) libro Economía 3D, Lousteau tiene un estilo moderno, ágil. Sus conferencias nos brindan un análisis económico de la actualidad, partiendo de una visión macroeconómica, pero pudiendo profundizar temas puntuales que hagan a cada empresa. Las charlas para empresas de Lousteau tienen un idioma de muy fácil comprensión para todo tipo de audiencias, usando ejemplos claros, casos concisos”.
Mucha gente en la foto, muchos guiños, muchas fichas puestas, mucho mostrarse y salir a hablar. Mucho ruido, demasiadas fintas, gran vacío y pocas nueces.