COLUMNISTAS
de milani a scioli

Intelectuales en el ripio

A Carta Abierta le cuesta deglutir las tácticas destinadas a conservar estructuras de poder en el poskirchnerismo.

A la carta. Horacio González.
| Dibujo: Diego Temes

La reunión de Carta Abierta de la semana pasada se pareció poco a aquellos foros calientes que supieron nutrir de savia intelectual al kirchnerismo. Lejos de la épica del 2008, cuando el neologismo “destituyente” pasó a ser marca registrada de los defensores del modelo y de los tiempos en que el matrimonio presidencial los veneraba, éste fue un largo y tedioso compendio de lamentos y justificaciones. Amantes de la retórica alambicada, ahora no encontraban palabras para explicar las fisuras del proyecto nacional y popular. Eduardo Jozami hizo apenas un intento. “Somos furibundamente kirchneristas, pero tenemos ‘una forma de ser kirchneristas’”, advirtió, para declamar luego que los “cartistas” se reservan el derecho de decir lo que piensan sin necesidad “de que nadie nos autorice”. Y, jurando lealtad eterna a Cristina, salió con los tapones de punta contra Daniel Scioli: “Sería peligroso que fuera nuestro candidato”, espetó, para dar a continuación un curioso argumento: “Alguien que se reúne con la Fundación Mediterránea no puede ser la continuidad del kirchnerismo”. Vale la pena recordar que Jozami fue un importante dirigente y legislador del Frepaso, la agrupación que fundó Carlos “Chacho” Alvarez, el hombre que propuso sumar a Domingo Cavallo al gobierno de la Alianza como tabla de salvación para la agonizante gestión de Fernando de la Rúa a comienzos de este siglo. La realidad suele obligar a las personas a hacer malabares con sus principios.

Hoy, cuando se anuncia el final de un ciclo que estuvo más unido a la abundancia de recursos que a la virtud, los libretistas del relato perciben que deberán transitar otra vez por el ripio. Y no les agrada. Ya son veteranos y han visto demasiado. A diferencia de los políticos todoterreno, los hombres que se mueven en el campo de las ideas necesitan alfombrar los caminos por donde transitan. Pueden comerse un sapo de vez en cuando, pero no les gusta que el menú sea siempre cazuela de batracios.

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La llegada del general César Milani, un militar de borrascosos antecedentes, fue el primer conflicto grave que tuvieron que afrontar. Algunos de ellos pusieron el grito en el cielo. Sin embargo, hay tanto que perder que no es fácil pegar un portazo. Por suerte, Hebe de Bonafini le extendió al militar el certificado de buena conducta que la Justicia se resiste a entregarle y las cosas no pasaron a mayores. Nadie se atreve a tocar a la madre. La creatividad dio incluso para que algunos comenzaran a soñar con repetir aquella gesta de los ‘70 con el general Jorge Carcagno, cuando uniformados y militantes marcharon unidos a evangelizar las villas de emergencia del país. Ha pasado con frecuencia en estos tiempos que la izquierda olvide la premonición marxista de que la historia se repite como farsa.

Pero el carretel se está quedando sin hilo y las malas noticias llegan a diario. El gobierno que hizo del desendeudamiento externo una bandera de combate sale ahora a recorrer los centros financieros del mundo en busca de recursos frescos que le permitan pagar las cuentas de estos años de dispendio. FMI, Club de París, Banco Mundial. Su ruta. Y para colmo esos malditos organismos del poder internacional suelen pedir certificados y vacunas al día. Entonces, hubo que maquillar el Indec –que Guillermo Moreno había logrado parquizar a fuerza de pico y pala– para convertirlo en un termómetro al que hay que pegarle golpecitos de tanto en tanto para que ofrezca datos que los demás puedan comprar sin sentirse violados. Eso a su vez dejó al rey (o a la reina) un poco más desnudo. Hasta la CTA oficialista de Hugo Yasky tuvo que reconocer una cifra de pobreza que, aunque menor que la de la UCA o el Centro de Estudios del economista Claudio Lozano, no es para andar pavoneándose por el jardín del Edén.

Lejos de mejorar, a medida que se acerca la fecha en que hay que entregar el carro a otro dueño, los pronósticos electorales pintan peor para los custodios de la narración oficial. En pos de ser competitivos, los ingenieros electorales buscan candidatos que no suelen parecerse al hombre nuevo que la inteligencia progresista imagina. En general se asemejan bastante a los políticos tradicionales. Porque, a diferencia del microclima trascendental que se respira en los cenáculos iluministas, cuando las papas queman los pueblos no se alimentan con himnos y canciones sino que buscan la puerta de salida más próxima.

Eso parecen haberlo comprendido mucho mejor los chicos de La Cámpora, a quienes –abusando de una licencia poética– se podría considerar hijos putativos de los experimentados intelectuales de Carta Abierta. Conscientes de que tienen una larga vida por delante, los pragmáticos soldados de Máximo han optado por transformar la realidad (empezando por la propia) sin esperar los acompasados tiempos que suele proponer la historia.

A las cosas:
● Antes de festejar el año nuevo se proponen efectivizar a 7.500 empleados del Estado que hoy figuran en contratos temporarios. De ese modo, el próximo presidente, del signo que fuere, se encontrará con un batallón militante amparado por la estabilidad garantizada del empleo público.
● Ya ha comenzado el jubileo de los conjueces. Es una lista de 360 cargos a repartir entre distintos niveles, desde la Corte Suprema hasta los juzgados de primera instancia. Allí, los herederos del tío Cámpora han colocado a varios de sus mejores exponentes. Ya se sabe lo que vale tener un juez amigo.
● Avanza la reforma de la Ley del Servicio Exterior de la Nación. Eso permitirá poblar de muchachos y muchachas de tropa propia a las embajadas del mundo. Según el ex canciller Dante Caputo, la politización de la diplomacia destruirá uno de los más calificados ámbitos profesionales del Estado argentino.
● Tampoco le han hecho asco al repudiado “pejotismo”. En el último congreso del partido, los camporistas se quedaron con varios de los más importantes cargos ejecutivos. Nadie puso como condición no haber visitado la Fundación Mediterránea. Está el tren fantasma con todos sus vagones.
● También pergeñan llevar una sola lista de legisladores para las PASO. Así, sea quien fuere el candidato presidencial oficialista, el Congreso estaría sembrado de “cuadros propios”. Cuando hay hambre no hay pan duro. Giulio Andreotti, el hombre que marcó a fuego el poder de la Italia del siglo XX, dijo que “la política no consiste en solucionar problemas sino en hacer callar a los que los provocan”. Estamos en eso.

*Periodista y editor.