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Involución bolivariana

Leo, en un artículo del escritor Rodrigo Blanco, que en Venezuela el chavismo está destruyendo libros. Recién ahora esta información empezó a salir a la luz en las zonas donde el chavismo perdió las pasadas elecciones de alcaldes y gobernadores y se llevó a cabo el cambio de administración.

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Leo, en un artículo del escritor Rodrigo Blanco, que en Venezuela el chavismo está destruyendo libros. Recién ahora esta información empezó a salir a la luz en las zonas donde el chavismo perdió las pasadas elecciones de alcaldes y gobernadores y se llevó a cabo el cambio de administración. Sólo en el estado de Miranda, en el norte-centro del país, se destruyeron más de 60 mil libros de bibliotecas públicas con la excusa de que era un proceso necesario de descarte. Libros como las obras completas del novelista y ex presidente Rómulo Gallegos fueron “desincorporados”, vendidos por kilo a plantas procesadoras de papel y finalmente reemplazados en los anaqueles por el infinito material de la revolución bolivariana que se ha impreso en estos últimos diez años. La involución bolivariana enriquece la sección infantil de las bibliotecas con títulos como La política explicada para niños y jóvenes. Lo curioso es que Fernando Báez, director de la Biblioteca Nacional durante 2008, y quien miró para otro lado mientras esto sucedía, es autor del siguiente título de aire borgeano: Historia universal de la destrucción de libros. Aunque parezca un chiste, es rigurosamente cierto. Sin duda era el candidato idóneo para llevar a cabo la tarea destructiva a nivel nacional.

Los venezolanos están atrapados en una larga novela de dictador –como El otoño del patriarca o El señor presidente– que no parece llegar nunca a su último capítulo. Chávez no para de hablar y sigue ejerciendo el poder entre plebiscitos, medios, abusos y caprichos. El 12 de octubre, por ejemplo, es ahora en Venezuela el Día de la Resistencia Indígena que se conmemora destruyendo estatuas del tirano Cristóbal Colón. Bajo el puño del señor presidente todo parece estar reescribiéndose y reemplazando a los viejos libros descartados, libros que en la planta recicladora pierden las tapas y el lomo y entran en el molino que los convierte nuevamente en pulpa para hacer, entre otras cosas, servilletas y papel higiénico. Nada se pierde, todo se transforma. Y nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner admira abiertamente a Hugo Chávez.

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