Señal de que para la dirigencia política se activó el cronómetro electoral, el oficialismo y la oposición coincidieron esta semana en ejecutar contactos reservados inusuales, y al más alto nivel, para intentar zanjar sus respectivos atolladeros.
Es en ese contexto que deben entenderse tanto el diálogo que tuvieron la hermanísima presidencial, Karina Milei, y el expresidente Mauricio Macri, como la cumbre nocturna donde volvieron a verse las caras Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa, acompañados por media docena de dirigentes peronistas.
Ambos movimientos comparten los mismos ritmos. Desde lo práctico, el secretismo: nadie se enteró o filtró lo que iba a suceder antes que ocurriera. Es menos anecdótica la semejanza conceptual: se juntan más por el espanto a perder (o peor, que gane el bloque rival) que por amor. Un clásico de la política, sobre todo cuando lo que se va a poner en juego es el cargo de presidente.
En ese camino, una escala necesaria sirvió como excusa válida para dejar de lado resquemores y “confraternizar”. Según la ley electoral, exactamente dentro de doce meses deberían hacerse las PASO. El Gobierno pretende que queden de lado, los aliados dudan y el peronismo valida su realización.
De lo que trascendió sobre lo que hablaron los protagonistas de estas conversaciones, todos plantearon la presencia de la cuestión de las primarias. Entre los oficialistas, para negociar con el PRO el respaldo a cancelarlas. En los peronistas, para insistir en que se hagan y así poder desatar su enmarañado liderazgo.
Los hermanos Milei están convencidos de que las PASO pueden resultar un peligro para su administración. No sólo porque adelanta las habituales tensiones electorales al campo de los mercados, sobre todo cuando está en disputa la reelección presidencial, sino porque un resultado negativo (sea derrota o peor performance de la imaginada) pueda acarrear temblores financieros. Le ocurrió a Macri en agosto de 2019.
Karina tiene como principal y casi único objetivo que Milei sea reelecto. Por eso aspira a que no haya PASO y necesita convencer al PRO, sectores de la UCR y gobernadores aliados para que el Congreso proceda. Aunque sea a suspenderlas, como ya hizo para la legislativa del año pasado.
Con esa lógica, la hermanísima prohibió cualquier represalia contra los mandatarios y legisladores dialoguistas que hicieron caer los capítulos sobre la propiedad de la tierra y el manejo del fuego, claves en el controvertido proyecto del ministro desregulador Federico Sturzenegger al que el Senado le dio media sanción.
En esa misma dimensión “pacifista”, y en una relación plagada de desconfianzas, la presidenta de LLA retomó el trato con Macri, interrumpido desde que su hermano le contó el año pasado en Olivos que Manuel Adorni iba a reemplazar a Guillermo Francos en la Jefatura de Gabinete. El expresidente lo tomó como una afrenta.
Desde entonces, el PRO continuó respaldando en el Congreso la mayoría de las iniciativas violetas y reforzó el amarillo a la gestión (¿o será al revés?), como el ascenso de Diego Santilli. Pero se multiplicaron los dardos entre Milei y Macri.
El aumento del voltaje llevó al exmandatario a azuzar internamente la opción de que el partido que lidera lleve una candidatura nacional en 2027. Lo hizo en diferentes actos de su intermitente gira pomposamente llamada “Próximo paso”.
Casi todos en el PRO interpretaban esa agitación macrista como una presión a LLA para un acuerdo electoral. Esa presunción se mantuvo (o se ratificó) cuando el economista Hernán Lacunza anunció que pretende postularse a la Presidencia.
Con la apertura de la negociación LLA-PRO, Macri aspira a que su fuerza no vuelva a ser el furgón de cola en las listas libertarias, como sucedió en las legislativas. Y, en especial, que el karinismo acepte una alianza y se baje de la apetencia por gobernar la Ciudad de Buenos Aires, donde el PRO cumplirá dos décadas de mando, iniciadas por él mismo. Jorge Macri, que tiene varios cortocircuitos con su primo, ya proclamó su deseo de reelección, con o sin acuerdo.
¿Le daría el jefe de Gobierno porteño la vicejefatura a LLA, desde donde se domina la Legislatura? Quién va a extrañar a Clara Muzzio. ¿Milei aceptaría en la fórmula una vicepresidencia para el PRO, después de la experiencia Victoria Villarruel? Se abren interrogantes con una sola certeza al respecto: violetas y amarillos volverán a ir en la mismas lista bonaerense, con Santilli como candidato a la gobernación, pese a todas las operaciones que menean un imposible retorno porteño.
De estos zurcidos, y de otros, ya empezaron a hablar el jueves en una mesa que los aunó en Casa Rosada los representantes de Karina (Santilli y los primos Menem) y de Macri (Cristian Ritondo y Fernando de Andreis), con promesas de regularidad quincenal.
El cónclave peronista tendría menos asegurada su continuidad, por la complejidad de su interna, centrada en la provincia de Buenos Aires. Para calmar las aguas se dejaron de lado las cuestiones ríspidas, como el habitual pase de facturas a Kicillof por no referenciarse ya en Cristina Kirchner ni hablar con ella en su prisión domiciliaria.
Así fue que concentraron sus coincidencias en oponerse a Milei, sostener las PASO y aumentar las presiones a los gobernadores peronistas dialoguistas para que sus legisladores boicoteen la cancelación. “Si para que lo entiendan hay que ponerles candidaturas paralelas en cada provincia, lo haremos”, sostuvo uno de los participantes.
El éxito de esa estrategia es dudoso. El cordobés Llaryora, el misionero Passalacqua, el salteño Sáenz, el tucumano Jaldo y el catamarqueño Jalil todavía vislumbran más beneficios que perjuicios a su cercanía con la gestión libertaria. Y, salvo Jaldo, eligen mantenerse alejados del sello PJ. De hecho, no se asomaron ni enviaron representantes a la cumbre del Hotel Emperador, en Retiro.
Tampoco contribuyen a la concordia peronista las intrigas en torno a su liderazgo y candidaturas. Especialmente cuando se suma gente al baile, empezando por un envalentonado Massa, que vuelve a soñar con ser prenda de síntesis peronista presidenciable. “Somos todos nosotros contra Axel”, le escucharon decir varios interlocutores.
De ahí la necesidad de sostener las primarias para arbitrar esta competencia y que se mantengan “todos adentro”. ¿Van a incluir a peronistas en recuperación como Miguel Pichetto o a los sommeliers de nuevos outsiders? ¿Y Villarruel?
El peronismo intuye que la única chance de ganarle a Milei en 2027 es la unidad, aunque duela, como tantas otras veces. Ya sin el dedo de CFK, creen que la forma de articularla es a través de las PASO. También lo sabe el Gobierno.
Estas juntadas, y las que vendrán, obedecen a ese contexto, en el que el antikirchnerismo y el antimileísmo apuestan todas sus fichas a polarizar la elección presidencial. Una película repetida.