miércoles 10 de agosto de 2022

La Bombonera sentencia luego del cruce entre el plantel y el Consejo, y con un clima político agitado

Será el primer partido de Boca como local tras la eliminación de la Copa Libertadores, que desató el conflicto entre los referentes y la dirigencia, que lidera Juan Román Riquelme. Mientras la tensión crece y el capitán, Izquierdoz, permanece fuera del equipo, las elecciones del año próximo aceleran reuniones y estrategias. De un lado, el “Román 2023” que apuntalan algunos sectores del Gobierno. Del otro, el angelicismo y el macrismo liman asperezas y se unen para intentar volver al club que condujeron durante 24 años. ¿Qué mensaje bajará desde las tribunas?

Si la Bombonera late, ¿también habla? Porque hoy, en un partido que en otro contexto resultaría casi insignificante, el pueblo bostero puede explicitar su postura luego de las internas que atravesaron al club en los últimos días: la discusión entre referentes y el Consejo por premios adeudados antes del duelo con Corinthians, la eliminación por penales, el despido de Sebastián Battaglia a las apuradas en una estación de servicio y la represalia contra Carlos Izquierdoz por liderar el reclamo del plantel. A todo eso, que se vio o se contó, se le suman movimientos políticos subterráneos, propiciados en buena medida por esa tensión indisimulable que nace desde el campo de juego. 

¿Cuál será el mensaje que bajará desde las tribunas? ¿Habrá unanimidad o será más bien un reparto de voces disonantes, tal como sucede con tantos otros temas? Lo único que se sabe hasta ahora es que habrá un clima político y espeso en lo que será el reencuentro del público xeneize tras la eliminación de la Libertadores, que desató un conflicto entre el plantel y el Consejo de Fútbol, liderado por Juan Román Riquelme.

Lo que pasó ya se sabe, porque los propios protagonistas lo contaron o lo filtraron. En el día previo a la eliminación por penales en los octavos de final de la Libertadores, Izquierdoz, Darío Benedetto y Marcos Rojo mantuvieron una áspera discusión con miembros del Consejo por una deuda de premios por objetivos deportivos (la mayor parte correspondientes a la Copa Argentina 2021).

En las últimas horas, las expectativas por lo que sucederá hoy en el estadio crecieron por diferentes mensajes y movimientos. Una pancarta anónima colgada en Casa Amarilla sintetizaba esta tensión: “Jugadores: el mayor premio que tienen ustedes es vestir la camiseta de Boca y están en deuda”. 

En un audio que le envió al periodista Jorge Rial, Riquelme admitió también que el escenario político del club empieza a incidir: “Estamos de lujo, por más que quieran vender otra cosa. Se acercan las elecciones, es normal… Se empieza a poner cada vez más divertido esto”, soltó. 

Riquelme quiere dar un paso adelante y convertirse en el presidente de Boca en 2023. Para eso, reconoce en privado, necesita tener un armado político que lo respalde. Desde que el club sirvió de plataforma política para que Mauricio Macri despegara primero hacia el Gobierno porteño y más tarde a la presidencia de la Nación, Boca se convirtió casi en una provincia más.

Es por esa razón que algunos sectores del Gobierno buscan apuntalar a Riquelme ante una oposición que junta al angelicismo y al macrismo para intentar recuperar lo que condujeron durante 24 años. La relación personal de Román con Sergio Massa y la línea que se extiende entre La Cámpora y el predio de Boca en Ezeiza –el “búnker riquelmista”, según varios medios– son los dos vértices de esa interlocución incipiente con la política nacional. 

Del otro lado, dirigentes que responden a Macri y a Daniel Angelici liman viejas asperezas y planean reuniones para sumar adhesiones y trazar una estrategia electoral. Estos días sirvieron para eso: saben que el contexto ayuda para publicar comunicados y reagrupar a la tropa.

Arengas. El mismo Benedetto reconoció públicamente la discusión entre jugadores y dirigentes, y su posterior arenga en la previa al partido: “Ayer nos trataron de perdedores, vamos a demostrarles a esos hijos de puta…”, vociferó en el túnel el Pipa, quien después protagonizó una pésima noche, marcada por los dos penales que erró y las situaciones que no pudo concretar (y que por lo general concreta).

Los efectos de la eliminación no solamente alcanzaron a Battaglia sino al capitán, Izquierdoz, desplazado al banco por el entonces DT interino, Hugo Ibarra, en el clásico con San Lorenzo. La polémica se incrementó en ese partido cuando Rojo, tras marcar el 1-0 parcial, se quitó la cinta de capitán y fue hasta el banco para abrazar a Cali, en lo que se interpretó como un mensaje desafiante a la decisión de sacarlo del equipo.

Ibarra, confirmado en el cargo hasta fin de año, desligó al Consejo de esa medida y se la atribuyó a una decisión táctica. La decisión, sin embargo, es política. Para hoy no convocó al defensor, que trabajó de forma diferenciada por un golpe, mientras circulan rumores de su posible salida del club. ¿La Bombonera le dedicará algún mensaje al capitán de esta época? ¿Habrá canciones en apoyo al ídolo y vicepresidente? Se sabrá hoy, cuando las opiniones se transformen en canciones o banderas.

 

Ibarra repite el equipo

Para enfrentar hoy a Talleres, el DT de Boca, Hugo Ibarra, mantendrá el equipo que ofreció una desdibujada versión el último sábado en el Nuevo Gasómetro, con el peruano Carlos Zambrano como primer marcador central. El vigente campeón del fútbol argentino arrastra tres derrotas consecutivas en la Liga Profesional (1-2 ante Unión, 0-3 versus Banfield y 1-2 contra San Lorenzo) y se ubica en la decimaquinta posición en la tabla, con 9 puntos, a 6 del líder Newell’s. Por su parte, Talleres ocupa el penúltimo escalón con 5 unidades, producto de un triunfo, dos empates y cuatro derrotas. El equipo del portugués Pedro Caixinha atraviesa un pobre presente en el fútbol local, que contrasta con su histórica clasificación para los cuartos de final de la Copa Libertadores.

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