José Luis Mangieri me hablaba siempre de Oscar del Barco, el poeta y ensayista cordobés. Habían sido amigos y Cauli –como le decíamos a Mangieri– lo quería y respetaba. Con el tiempo, leí con profunda admiración varios libros de ensayo de Del Barco: Alternativas de lo posthumano, editado por Caja negra, Escrituras, editado por La Biblioteca Nacional. Me gustaron mucho aun los textos que no entendí. La prosa de Del Barco tiene algo encantatorio que, aunque teorice y reflexione, se acerca a la poesía atávica de Trilce, de César Vallejo. Del Barco descree de la técnica, del humanismo, es un nihilista que, precisamente por eso, no deja de luchar y de pensar contra sí mismo, algo que muy pocas personas suelen hacer. En 2005, en una carta abierta que publicó en la revista La intemperie, conocida como No matarás, hace una autocrítica feroz a su pasado de apoyo a la lucha armada y, en su momento, también criticó a la Universidad de Córdoba –donde enseña– por haberle otorgado a Juan Gelman el Premio Universitario de Cultura 400 años. Del Barco decía que Gelman nunca se había responsabilizado por las acciones violentas que cometió como miembro de Montoneros, entre otras cosas. Como se ve, el filósofo cordobés no sólo es un teórico intenso en sus libros, si no también una piedra en el zapato del conservadurismo cultural. Ahora, la Fundación Konex le tocó el timbre para darle un premio, algo que parece que lo irrita particularmente. Rápidamente, lo rechazó en un escrito donde dice que no acepta “ese tipo de premios y menos cuando se los jerarquiza de diamantes, de platino, gran premio, etc.”. Y agrega: “No puedo participar de ningún modo en premios que se les han concedido a personajes como Amalita Fortabat, quien fuera cómplice de la dictadura militar genocida de nuestro país, o a Mariano Grondona”. Creo que lo que dice Del Barco nos tiene que hacer reflexionar sobre qué tipo de cultura necesitamos y queremos. Hablo por mí: la única cultura que me interesa es la de un Estado que dé casa, trabajo y comida a la gente y le otorgue dignidad. Eso, por encima de los gobiernos de turno. Recientemente se ha creado el Ministerio de Cultura y no sé cuánto tiempo va a tardar Teresa Parodi en convertirse en Teresa Parodia. Y, desde los privado, más allá del Konex de acero o de níquel, lo que hay que recuperar es la salud, los hospitales, los trenes donde viajan los trabajadores, las escuelas públicas. No nos olvidemos de que el verdadero ministro de Cultura de nuestro país es Marcelo Tinelli, un tipo nefasto que tiene a gran parte de la población pendiente de sus decisiones en Twitter. Y el subsecretario de la misma área es Jorge Rial, un extorsionador de fuste del que nuestra Presidenta se declaró admiradora otorgándole una de las pocas entrevistas que ha dado. Hace poco vi en la Casa Rosada a los actores y actrices rondar a Cristina Kirchner como las polillas lo hacen con el farol encendido en una noche de verano. No descarto que haya ahí entusiasmos verdaderos por las políticas del Gobierno, pero mis casi cincuenta años sobre este país me hacen desconfiar y pensar que lo que existe en verdad es oportunismo, chupamedismo, la idea de medrar con el poder. Tengo la idea ingenua de que los artistas e intelectuales tienen que tener con el poder una relación distante, de crítica sana. Como lo hace Oscar del Barco. Miro la lista de los premios Konex que se han otorgado a las cien personas más influyentes en la cultura de las letras de los últimos diez años y me causa gracia: ¿puede no estar un genio como Gustavo Ferreyra o Aníbal Jarkowski? Y en poesía, ¿pueden no estar Laura Wittner, Jorge Ricardo Aulicino, Martín Gambarotta, D.G. Helder? No hay que tomarse tan en serio estas cosas, pero de alguna manera me parece que se premia lo superficial, lo visible. La broma infinita es un libro de David Foster Wallace. Esta novela tiene ese nombre porque uno de sus protagonistas filmó, precisamente, La broma infinita, una película con el poder de enloquecer a todo el que la vea y destruir así la civilización. Es un arma perfecta que luchan por conseguir los gobiernos de turno: es decir ShowMatch, VideoMatch, Intrusos, lo que sea.