sábado 13 de agosto de 2022
COLUMNISTAS opinion

La calesita, la inseguridad y el ómicron

21-01-2022 23:55

Salir del país y leer las noticias desde el exterior produce un extraño efecto, pasan muchas cosas, pero siempre parecen ser las mismas a las que hace años estamos acostumbrados. Con leer tres copetes, te enterás de todo. ¡Que la deuda! ¡Que el FMI! ¡Que Macri! ¡Que Cristina! ¡Que los planes sociales! ¡Que la pobreza! ¡Que la inseguridad! Y lo interesante del asunto es que volvés al país, prendés la tele y todo parece gravísimo, pero te suena como un revival de lo que leíste días anteriores en cuatro titulares de diarios digitales o en un tuit, un whatsApp o un Face. Y, así, poco a poco en la repetición y en la falta de novedades vamos poniendo todas esas informaciones en la caja de cosas a las que dejamos de prestar atención. Sociológicamente estamos en un momento de fuerte disociación entre la agenda cotidiana y la agenda política, hoy cada vez menos individuos le prestan atención a los políticos y a su agenda, pero sin embargo, cada vez más personas les piden soluciones. En la medida en que las soluciones no vienen, hay más alejamiento de la política y los políticos.

Sabemos que con el coronavirus se profundizaron los problemas de pobreza, empleo y violencia, y son temas que requieren urgente atención. Pero deberíamos mirar con cuidado cosas que hace tres semanas no estaban entre las prioridades. Y hoy tienen riesgo de estallar en la agenda pública. El pensado virus como casi en extinción, volvió con el formato ómicron, y mientras casi colectivamente se decidió que no es lo suficientemente grave para tomar medidas restrictivas, la curva de crecimiento no muestra atisbo de descender. Si miramos lo que sucede en Israel y países centrales no es tan claro que el comportamiento esperado sea hacia la caída. Además, a futuro estamos expuestos a nuevas mutaciones, entonces no será tiempo de replantearse la obligatoriedad del cumplimiento de normas y su control efectivo como uso de barbijos ultraseguros, asumiendo que Sars será parte de nuestra vida cotidiana durante mucho tiempo ya que queda claro que las vacunas evitan muertes, pero no evitan que la gente tenga que dejar por un tiempo su vida cotidiana y laboral. No es éste un problema de fácil solución. No logran resolverlo ni en EE.UU. ni en Inglaterra ni en Francia. Pero nosotros tenemos una agenda inexcusable de prioridades para ser resueltas, desde la deuda externa, hasta la inflación y la pobreza, lo que será imposible, si todos los días un sector de la población debe retirarse de fábricas, comercios y oficinas. No podemos preguntarnos cómo puede ser que todos los días nos enteremos de un hecho de violencia peor que el otro, si no comprendemos que estamos ante un sector de la población anómica, fuera del sistema. Que no cree ni en la educación ni en la cultura del trabajo.

Pero es un tema que debemos resolver, a menos que querramos seguir atizando el fuego de la grieta social.

No es casualidad que muchos pensadores estén escribiendo papers preguntándose por la viabilidad del país, el por qué de la repetición constante de fórmulas que resultaron inservibles para evitar que sigamos dando vuelta como una calesita. No he leído hasta ahora respuestas claras, pero hasta que las respuestas no aparezcan, continuaremos estancados enfrentados y discutiendo sobre lo mismo.

Ahora no creamos que las cosas solo ocurren o acotar que parte de las cosas que ocurren en nuestro país no solo ocurren aquí. En todo el mundo se están discutiendo cosas similares, excepto que parece que no nos terminamos de dar cuenta. Hay una gran discusión sobre como la discusión que tuvo la ministra Vizzotti con un entrenador de educación física sobre la validez de las vacunas no es muy distinta que la que sucede en EE.UU., en Francia, en Alemania. Aquí en eso tenemos una ventaja, los antivacunas son muy pocos, cuando en otros países son movilizadores de multitudes.

 

*Consultor político.