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La clase media del fútbol también sufre

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Símbolo. Ferro, el club emblemático de la clase media, lidia con sus vaivenes económicos. | cedoc

La crisis de la clase media, que arrancó hace décadas y que llega ahora a su punto probablemente culminante, en un achicamiento de los consumos y de las expectativas, y con un diseño desde el Gobierno para Argentina parecido a muchos otros países de Latinoamérica (de los que Argentina se diferenciaba), es decir, con una pobreza superior al 60% y una clase media casi residual, ese modelo, digo, tal vez se replica en el fútbol.

Podríamos preguntarnos (dicho no de manera retórica, sino como pregunta en serio, es decir como algo cuya respuesta realmente no tengo) si algo de eso no ocurrió –o está ocurriendo– con los clubes a los que podemos llamar, de manera algo general, de “clase media”. No como algo metafórico, como esos equipos de mitad de tabla, como si fueran la “clase media” de la clasificación, sino esos equipos cuyos hinchas, socios y simpatizantes están formados por una gran masa de clase media. Clubes que, muchas veces, no son solo de fútbol, sino que se practican otros deportes, y hasta a veces tienen escuelas primarias y secundarias. Ferro es el caso más conocido. El gran club de la clase media del Caballito porteño, que entró en una crisis que parecía terminal, y que ahora, sin haber vuelto jamás a la Primera División está, como club, algo mejor que hace un tiempo, pero mucho, mucho peor que en los 80 y 90. Si se quisiera trazar una historia de la clase media porteña de las últimas cuatro décadas, bien se podría escribir la historia de Ferro.

¿Y Vélez? ¿Sigue siendo su rival clásico? Hace años que no juegan entre sí. Club inmenso, en el que se practican decenas de deportes y con escuela, atraviesa una crisis futbolística (se salvó del descenso por poco el año pasado, y en las tres primeras fechas de este campeonato empató uno y perdió dos partidos, y solo marcó un gol) que solapa una crisis institucional que viene de lejos, más allá de la asunción de una nueva dirigencia. Clubes totales como Vélez encarnan una época de la clase media que parece haber pasado, reemplazada por la pauperización social que los gobiernos neoliberales llevan adelante. Todo es mucho más profundo que una pelotita que pega en el palo y no entra (como le pasó dos veces contra Independiente).

Como con la soja, el litio y demás recursos naturales, sobre los que se lleva adelante una política extractivista, es decir, un modelo económico basado en la primarización de las exportaciones, o la venta al exterior de recursos naturales poco transformados, con poco valor agregado, como la minería, la agricultura o el petróleo (no hay que exportar trigo, sino fideos, lo que implica generar valor agregado), esa misma lógica rige al fútbol argentino, exportador de materia prima barata, muchas veces antes de término (chicos de 17 años que casi no jugaron en Primera y que tienen gran chance de terminar yirando de club en club afuera). Los clubes de clase media sufren el doble esta situación, por las ambiciones sociales y culturales de su funcionamiento. Defender ese tipo de club debería ser una actitud política irrenunciable.