martes 29 de noviembre de 2022

La Corte Suprema, refugio democrático

Ante la peor embestida de un gobierno contra un poder constitucional en la era democrática, la oposición pelea por cargos. Triste espectáculo, que habrá que cambiar.

23-06-2013 03:09

Las luchas vanas de la oposición, el silencio convertido en el discurso de la política, las ofensas y amenazas de la Presidenta a la Corte Suprema cierran una de las peores semanas de la democracia. Lo que sucede podría llevar a la desesperanza y al retiro de las ilusiones.

Vi por primera la serie negra de Goya, en el Prado, creo que en 1970. La corte de brujas y seres indescifrables que rodean al demonio regresa de mi memoria en momentos inesperados, cuando casi nada de lo que sucede a mi alrededor debería evocar una pintura. Los detalles de los rostros y las luces que iluminan las facciones deformes, que sólo evocan lo humano por el horror que transmiten, perdieron precisión con los años. Como toda memoria, fue quedando lo esencial, por lo menos lo esencial para quien recuerda.

Ninguno mira a su semejante; sólo los une el espanto. Cada uno ignora al otro y sus miradas –mezcla de súplica, adoración e imbecilidad– sólo convergen sobre el demonio.
El conjunto muestra un grupo condenado a la desesperanza, a la sumisión a ese poder inexplicable encarnado por Ake, el cabrón; a la mutua indiferencia y sobre todo, lo más aterrador, a estar siempre donde están. Quietos en la tela y en el tiempo donde la idea de futuro no es otra cosa que una malvada intuición para comprender la eternidad del presente.

Lector, no se debe razonar a través de las analogías, mucho menos argumentar. No es mi intención hacerlo. Si recurro a El aquelarre es para trasmitir el agobio que causa la política de estas semanas en nuestro país, no para razonar sobre ella. Quizás es mejor callar, no relatar lo que uno cree ver, no dañar con la angustia propia. Puede ser, pero no veo la ventaja del silencio.

En estos últimos días, los partidos políticos se concentraron en una batalla singular: la distribución de cargos, que pagados por los contribuyentes fueron creados para atender las necesidades de crear normas para el mejor funcionamiento de nuestra sociedad.

Las declaraciones de unos y otros abundaron. Ni una de las cosas dichas evocó la misión que deberían ejecutar desde sus cargos parlamentarios. Ponga a algunos de estos postulantes a conseguir trabajo. Casi ninguno de los posibles creadores de las normas que regularán nuestras vidas sería contratado para un puesto en una empresa si a la hora de la entrevista exhibiera esta incapacidad para describir lo que pretende hacer desde el cargo al que postula. Vea por ejemplo la discusión entre el señor Scioli y la señora Kirchner. Al cierre de esta columna, la expectativa era si el primero competirá en forma separada de las listas oficialistas. No sería una ruptura menor, aunque su causa es ignorada por todos. ¿Quién conoce el motivo de la discrepancia? ¿La política económica? ¿La coparticipación? No, nada de eso. Nada que tenga que ver con la razón de ser de los cargos que se distribuyen. La pelea por los cargos sólo gira en torno a la titularidad de quienes los ocuparán, no por lo que van a hacer desde ellos.

Estas cosas se ven en muchos lados del mundo, son parte de la competencia política. Pero en pocos países se exhiben así, como aquí, sin la menor referencia a lo que interesa al conjunto. Sin pudor.

Note lector que el silencio sobre las cuestiones sustantivas de nuestro país es el arte mejor trabajado por algunos candidatos. Las dos variaciones del peronismo que parecen estar al frente en las encuestas de opinión en la provincia de Buenos Aires, Scioli y Massa, han entablado el duelo del silencio. Nadie en la Argentina puede citar una sola frase (aparte de las litúrgicas “queremos el desarrollo”, “lucharemos por mayor seguridad”) atribuibles a estas personas. Toda opinión es peligrosa, deben pensar; todo parecer puede ocasionar oposiciones y disgustos entre los votantes. De allí la inverosímil exhibición de consignas escritas en los afiches.

Del lado de la oposición, el panorama es estremecedor. El señor Solanas afirmó que su acuerdo con las fuerzas a las que se alió es sólo para alcanzar algunos puestos. “Esto es válido sólo hasta octubre, después cada uno por su lado”. Una sola pregunta, entonces: ¿a quién y a qué votamos si decidimos apoyarlo? Quizás el señor Solanas, en su impudicia, tenga el valor de decir lo que el resto hace calladamente.

Como en el caso de los duelistas del silencio, intentemos encontrar una razón de enfrentamiento que tenga relación con alguna discrepancia sobre la manera de ver los asuntos del país. No encontraremos nada, porque no hay nada.
El azar me acercó, más que la mayoría de nuestros conciudadanos, al conocimiento de estas cosas. Lector, desde cerca se ve El aquelarre igual que desde lejos.
Lo que torna esta irresponsabilidad política en un hecho grave es que los momentos que vive la Argentina demandan una oposición fuerte, clara y con capacidad de acuerdo para detener la insensatez que irradia el Gobierno.
En las últimas notas, traté con cierto detalle el contenido de los acuerdos parlamentarios que deberían dar sentido al trabajo político de los próximos meses. Esas ideas fueron escritas antes del fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre la inconstitucionalidad de la reforma del Consejo de la Magistratura.

Luego de ver y escuchar las reacciones de los miembros del Gobierno, en particular la señora Kirchner, el drama de tener una oposición como la que se exhibe es mayor.
El Gobierno insultó, ofendió, bordeó la amenaza a otro poder del Estado. El juez Maqueda fue amenazado por La Cámpora, como en épocas de López Rega. Nunca la Justicia argentina recibió un ataque similar en toda la historia de nuestra democracia.

La gravedad del hecho no precisa ser descripta. Sin embargo, los políticos de la oposición ignoran lo que pasa y dan este triste espectáculo en su voraz lucha por el reparto. La señora Kirchner dijo: “Aquellos que no quieren dejar votar al pueblo sepan que sólo podrán hacerlo por un tiempo”. Esto es una inexactitud y contiene una amenaza. La Corte no impide votar al pueblo y quien se está quedando sin tiempo es ella. La Presidenta amenaza a la Corte y la oposición se apalea mutuamente para agarrar los cargos.

¿La descripción de la obra de Goya le parece exagerada? ¿La serie negra es demasiado negra?
El desafío político no sólo consiste en controlar el daño que causa el Gobierno, sino también el que produce la insensatez de la oposición, atrapada entre el silencio y el reparto. El trabajo político es restaurar el Estado democrático de derecho en el marco de los procedimientos de la democracia.

En esta realidad difícil, en la que el riesgo de la involución hacia la autocracia es grande, la Corte Suprema parece el único poder del Estado capaz de atarse al mástil y atravesar este mar de acechanzas.

Conocer algo la historia sirve para saber que después de los grandes peligros, de los tiempos oscuros, llegan los renacimientos. De más está decir que no vienen solos, sino como producto de la construcción humana, laboriosa e incierta.

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