jueves 01 de diciembre de 2022
COLUMNISTAS las seales de cristina

La crisis, las ideas y la política

La crisis global ha impactado sobre el paradigma de la economía de mercado y lo ha puesto a la defensiva, del mismo modo que años atrás la caída del régimen soviético lo hizo sobre el paradigma colectivista y, antes, la inflación de la posguerra lo hizo sobre el paradigma del capitalismo planificado por el Estado.

22-03-2009 02:17

La crisis global ha impactado sobre el paradigma de la economía de mercado y lo ha puesto a la defensiva, del mismo modo que años atrás la caída del régimen soviético lo hizo sobre el paradigma colectivista y, antes, la inflación de la posguerra lo hizo sobre el paradigma del capitalismo planificado por el Estado. El paradigma colectivista, reencarnado últimamente en inventos posmodernos como el socialismo bolivariano o el comunitarismo de Bolivia –que a Marx lo deben revolcar en la tumba–, se siente ajeno a esta crisis. En cambio, el paradigma del capitalismo de Estado ha recibido un impulso revitalizador y tiene ahora nueva vida. Eso en el plano de las ideas. En el plano de las políticas públicas, las respuestas están en manos de los Estados de los países que buscan potenciar sus recursos productivos y no sueñan con nuevos experimentos socialistas: los países tradicionalmente capitalistas y los nuevos capitalistas representados fundamentalmente por los BRIC’s –Brasil, Rusia, China, India y otros de menor envergadura–.

Dónde está la Argentina no es fácil de dilucidar. Oscilamos entre el capitalismo de Estado y el colectivismo posmoderno, entre el eje Brasil-Rusia-China y el eje Venezuela-Bolivia. Claro, la crisis exige respuestas políticas. La sociedad no se pregunta demasiado acerca de las ideas, pero las políticas públicas deben fundamentarse en algún paradigma, explícito o no. Ahora, el Gobierno decidió adelantar las elecciones legislativas, bajo el signo de la crisis; según la Presidenta, sería un suicido transitar este momento crítico en una interminable campaña electoral. Pero eso no dice nada acerca de qué hará el Gobierno una vez despejada la perturbación electoral.

Lo que sabemos es que el Gobierno viene aplicando una política monetaria y cambiaria prudente, como en los últimos años, manteniendo una relativa estabilidad en los mercados y neutralizando el primer riesgo de la crisis, la corrida contra el peso. También produjo algunas medidas para alentar el consumo de bienes durables, obviamente no para ayudar a los consumidores de esos bienes, que no lo votan ni lo votarán, sino para ayudar a esas industrias, a sus accionistas y a sus trabajadores, a paliar los efectos de la crisis. Se ha hablado de inversión en obra pública, pero aquí todavía faltan señales más claras. Todo eso da una idea de cómo el Gobierno trata de optimizar, en la medida de lo posible, la relación entre el gasto público y la administración de la crisis. En esos aspectos, la Argentina no se diferencia mayormente de los BRIC’s.

Pero ésas no son las únicas industrias en riesgo, ni los únicos sectores sociales que están requiriendo ayuda. Quedan afuera el 30 por ciento de la población pobre que no tiene empleos formales, y el otro 30 por ciento que vive directa o indirectamente de la agroindustria, el sector de más alta productividad y el más dinámico de la economía.

Tampoco está claro si el Gobierno tiene, como a veces parece, la voluntad de volver al Fondo Monetario –siguiendo a los BRIC’s que están pidiendo más, y no menos, del Fondo–.

El enfoque que ve a los marginales como fuente de votos, y por lo tanto sólo merecedores de asistencia en función de criterios electoralistas, y que ve al agro como fuente de rentas públicas y no como pilar de la estructura productiva del país, no genera las señales que se requieren para que la Argentina sortee esta crisis de la mejor manera posible.

En última instancia, no importan las ideas –que pueden y necesitan ser debatidas y contrastadas con las realidades, pero no necesariamente en los espacios de la política–. Pero sí importan las señales que emiten los gobernantes y los dirigentes que aspiran a reemplazarlos. Se entiende que todos necesitan votos. Pero es preciso que también den a entender cómo esperan que el país sortee estas circunstancias críticas, para que la destrucción de riqueza y la pérdida de puestos de trabajo sean los menos posibles.


*Sociólogo.

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