COLUMNISTAS

La reina mueve, los demás miran

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Como si una década (ganada, empatada o perdida, a gusto del lector) no mermara las energías, el kirchnerismo mantiene su fortaleza para imponer agendas. Ese efecto que consigue el Gobierno, sostenido además por una gran maquinaria de difusión, no sólo puede explicarse por sus capacidades sino también desde las limitaciones de los demás.

Repasemos la situación de algunos de esos actores tras la reaparición presidencial:

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◆ Daniel Scioli toma nota, por enésima vez, de que nunca será el plan A del kirchnerismo para 2015. Tras ponerle el cuerpo a la campaña electoral y mostrarse como paraguas institucional durante la larga ausencia de Cristina, ella vuelve, y todo vuelve a la normalidad: no lo registra. Y apuesta a que Jorge Capitanich sí sea “su” candidato. Por ahora, Scioli sostendrá su estrategia de acompañar y mascullar bronca en silencio, con una preocupación extra: la fuga al massismo de dirigentes bonaerenses se desaceleró, pero no terminó.
◆ Sergio Massa sufrió como pocos el rápido ostracismo tras su gran triunfo de hace apenas un mes. El inmediato apoyo de la Corte a la Ley de Medios lo desplazó del eje. Apostó fuerte con la foto prefabricada en Tigre junto a Martín Insaurralde, como un mensaje nítido a 48 horas del regreso de la Presidenta, y con un viaje a España sin resultados concretos pero instalando su idea de hombre de Estado. En fin. Desde Madrid, le zumbaron los oídos por la postura de sus diputados ante la reforma al Código Civil y las loas de varios referentes massistas al nuevo jefe de Gabinete. Es el más decidido a disputar la agenda oficial.
◆ Mauricio Macri sigue concentrado en la gestión porteña y aparece alejado de las discusiones nacionales, no se sabe si por decisión o por impericia. Cree que cuanto más revuelto esté el peronismo y más candidatos surjan de ese océano, más chances tendrá en 2015. Ha intentado esparcir esa idea en los últimos días. Sabe a poco para un presidenciable.
◆ En el panradicalismo, más de lo mismo. La UCR sigue envuelta en sus internas pequeñas y ya discuten cómo elegir candidaturas. Hermes Binner, de tradicional perfil bajo, casi que se volvió invisible tras su victoria en Santa Fe. Así le será difícil. La más activa es Elisa Carrió, un clásico, aunque para defenestrar todo y a todos, lo que termina convirtiéndola en una líder testimonial de la lengua. Le alcanza para competir en lo legislativo, está claro, no para mucho más.
Resulta hasta cierto punto lógico que quien dispone de los recursos e instrumentos del Estado mantenga el control de la iniciativa política. El desafío para los demás, si realmente aspiran a pelear por poder, pasará por la voluntad y la creatividad que tengan para torcer la agenda gubernamental. El riesgo es seguir siendo espectadores u opinadores, con reacción sólo ante la acción K. Como hasta ahora.