La mayoría de los argentinos crecimos aceptando irreflexivamente la construcción de la historia argentina y americana realizada por las revistas escolares de mucha aceptación áulica, en la que se reproducía una visión uniforme e ingenua de sucesos seleccionados por la legislación como “recordables” y acomodados a los intereses ocultos de la historiografía oficial. En ese marco, la “Gesta de Mayo” siempre fue presentada como una revolución emancipadora e independentista; ¿pero fue realmente así? Norberto Galasso nos invita a cuestionar las ideas difundidas y aceptadas de “separatismo y antihispanidad”, partiendo de la jura misma de fidelidad de los Hombres de Mayo a Fernando VII y sus sucesores, la conformación de una Junta Patria con integrantes españoles y a partir de ella que los bandos en pugna que tendrían a americanos luchando para la corona y a españoles del lado americano. Entonces, ¿cuál era el verdadero proyecto detrás de la revolución? ¿porteño?, ¿nacional?, ¿americanista? o ¿pro británico?, y ¿cuáles habrían de ser las herramientas para consolidarla? En las respuestas ensayadas, seguramente se han de conjugar hombres, acciones, teorías y certezas documentales, entre ellas el denominado Plan de Operaciones, escrito por la pluma contundente y fatal del secretario de la Primera Junta Don Mariano Moreno en sintonía con las ideas de la Francia revolucionaria, y cuya autoría intelectual se adjudica al general Manuel Belgrano. En él, se plasman definiciones y rutas de acciones a seguir por la revolución entonces en marcha, tales como: “En toda revolución hay tres clases de individuos:.. los adictos al sistema que se defiende; los enemigos declarados y conocidos; y los silenciosos espectadores, que manteniendo una neutralidad, son realmente los verdaderos egoístas;... los verdaderos patriotas, cuya conducta sea satisfactoria y hayan dado prueba relevante de ello, si en algo delinquiesen, que no sea concerniente al sistema, pues en tiempo de revolución ningún otro delito debe castigarse, sino el de infidencia y rebelión contra los sagrados derechos de la causa, todo lo demás debe disimularse… debe observarse la conducta más cruel y sanguinaria con los enemigos de la causa, la menor semiprueba de hechos, palabras, etc., contra la causa debe castigarse con la pena capital, principalmente si se trata de sujetos de talento, riquezas, carácter y con alguna opinión... Los jueces: deben ser personas de nuestra entera satisfacción que sean adictos para estorbar el apoyo de los ambiciosos y perturbadores del orden público, aun en los juicios particulares debe preferirse siempre al patriota, al que debe proporcionarse mejor comodidad y ventaja… Así también se propone montar una oficina de seis u ocho sujetos que escriban cartas anónimas, fingiendo y suplantando nombres y firmas para sembrar la discordia y el desconcierto, cuidándose de indisponer los ánimos del populacho contra los sujetos de más carácter y caudales pertenecientes al enemigo… las noticias que se difundan deberán ser halagüeñas, lisonjeras y atractivas, y que oculten en lo posible los pasos adversos y desastrosos porque aunque algo se sepa a lo menos la mayor parte de la gente no las conozca… Las derrotas deberán disimularse con el colorido más aparente,… y la semana en que se haya de darse al público la noticia, el número de gacetas a imprimir será muy escaso, no debiendo dar oportunidad de que el enemigo nos replique y contradiga con sus periódicos...”.
Desde aquel plan morenista, han pasado doscientos cuatro (204) años; por lo que estimo, que como “pueblo” hemos aprendido a fuerza de yerros y aciertos, nos hemos vuelto más criteriosos, más sensatos, más respetuosos de las reglas de la democracia, de los derechos humanos y de las instituciones republicanas. ¿Será así?
*Politólogo (Universidad de Río Cuarto).