jueves 05 de agosto de 2021
COLUMNISTAS Pandemia y tecnología
02-07-2021 23:56

Las olas del deseo

02-07-2021 23:56

En un pueblo de La Rioja, una comunidad autónoma española, lleva viviendo una temporada la Familia Arcoiris, una comuna formada por unas doscientas personas, en su mayoría gente joven y algunos pocos niños. Acampan en tiendas de campaña, viven de forma natural, practican el amor libre y manifiestan seguir «las instrucciones de la madre tierra». El grupo se encuentra a unos kilómetros del pueblo desde el cual se acercan los curiosos y la policía para exigir el respeto al protocolo Covid sin ningún éxito y poco más. Dicen que se irán en el próximo cambio de luna, ciclo que utilizan para mudarse de un lugar a otro en su eterno deambular. Vienen del paleolítico, es decir, del grupo fundador que originó el movimiento en Colorado durante los años setenta. En sentido contrario, mientras ellos siguen retrocediendo, avanza veloz el vector tecnológico alentado por la pandemia y que anuncia el desarrollo de un estadio superior de la digisexualidad permitiendo radicalizar, aún más, el aislamiento por un lado y, por el otro, la atomización actual de identidades proclamando una nueva minoría sexual discriminada. Así al menos lo manifestó no hace demasiado tiempo Akihiko Kondo, un funcionario escolar japonés al contraer matrimonio con el holograma de la cantante virtual Hatsune Miku. Kondo dijo que su condición de «otaku», un friki del anime, le condenó al ostracismo por parte de las mujeres y que ese trauma hizo que todo su deseo se hubiera reorientado al campo digital.

Hace unos pocos años, antes de que Kondo manifestara públicamente su elección, un ingeniero de inteligencia artificial chino diseñó un robot, capacitado para leer a nivel rudimentario y emitir palabras elementales, presentándolo en sociedad como su esposa con el nombre de Yinging. No se sabe como va esta relación pero sí se conoció hace poco que, por su parte, el funcionario japonés está obligado a actualizar, una y otra vez, el software de Hatsune Miku ya que se trata de un asistente domótico de Gatebox con un sistema parecido al de Siri.

De todos modos, así como se alejan en la noche de los tiempos las experiencias comunales, aunque tengan ecos agónicos o gestos neovanguardistas como el actual poliamor, las vivencias de estos orientales también son hoy arcaicas ya que coexistieron con la llamada primera ola de la digisexualidad en la que explosionó la pornografía en línea, el chatroulette, el sexting y otras prácticas que tenían una particularidad ya casi perdida: integraban al otro. Una sesión de chatroulette, por ejemplo, se consumaba con la elección al azar de una pareja ocasional a través de la cámara o una web de encuentros permitía una cita a ciegas real.

En la segunda ola, la actual, la pareja humana ya no es necesaria porque las relaciones a través de la tecnología inmersiva permiten utilizar la realidad virtual o aumentada e, incluso, robots equipados con inteligencia artificial que desplazan a la relación de Akihiko Kondo al mundo de Peter Pan y Campanilla.

Los robots sexuales funcionan mediante inteligencia artificial, pueden chatear, mantener conversaciones básicas y realizar algunos gestos. En Canadá y Rusia existen prostíbulos donde los varones mantienen relaciones con estos robots. Pero no solo se proyecta la posesión sino también la violencia. Samantha, un robot desarrollado por el fabricante español Sergio Santos, fue agredido por un grupo de hombres que lo dañaron seriamente mientras era presentado en una feria austríaca.

Poco o nada se sabe de la fabricación de robots masculinos pero sí existe ya una campaña en Estados Unidos contra los robots sexuales argumentando que fomentan la cosificación de las mujeres y refuerzan la dinámica de poder patriarcal.

Los problemas surgen, como no puede ser de otro modo, incluso ante una metáfora. Aunque la cuestión sea anterior, ya que allí se inicia el camino de fuga hacia lo virtual y se convierte en una nueva frustración: la violencia también es ante el vacío, una posesión imposible.

Por cierto, ¿por qué Siri y Alexa tienen voces femeninas?

*Escritor y periodista.

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