En 2010, los presidentes más populares del mundo están en América del Sur y lo llamativo es que lo son al terminar sus mandatos. Tabaré en Uruguay finalizó con más de 70% de aprobación, y Bachelet en Chile, pese al terremoto, lo hizo superando el 80%. En Bolivia, Evo Morales fue reelecto cuando tenía una aprobación cercana al 70% y en Ecuador, Correa está hoy por encima del 60%.
En Colombia, Uribe se acerca al final del segundo mandato con más del 70% y Lula también lo está haciendo superando el 80%,
Pero las últimas dos elecciones presidenciales que han tenido lugar en la región, muestran dos modelos diferentes en cuanto a la posibilidad de trasladar dicha popularidad a un candidato oficialista. En Chile, el apoyo de Bachelet no fue suficiente para que ganara el de la Concertación (Frei), mientras que en Uruguay, el de Tabaré sí logró que el del Frente Amplio (Mujica) se impusiera, pese a las resistencias que su pasado como ex guerrillero generaba en algunos sectores.
La pregunta en el caso brasileño es si la popularidad de Lula le permitirá a su candidata, Dilma Rousseff, imponerse frente al candidato opositor (Serra), quien siempre la ha superado en los sondeos desde que ambas candidaturas fueron lanzadas.
La foto dice que no, pero la película que sí.
Es lógico que tras ocho años de un mismo presidente en el gobierno y cuando éste ya no tiene posibilidad de reelección inmediata, la sociedad busque un cambio. Serra no es un improvisado: gobierna el Estado más grande de Brasil (San Pablo) y no es la primera vez que compite por la Presidencia. Su ventaja en los sondeos es importante, aunque no irreversible.
Pero la evolución en los últimos meses muestra que Rousseff está ganando, si se asume que cinco meses atrás su intención de voto no llegaba al 20% y ahora está en 30%, mientras que el candidato opositor se ha mantenido, reduciéndose su ventaja de casi 15 puntos a sólo 5.
Las apariciones públicas de Lula junto a su candidata han sido la clave más importante de esta evolución.
La elección de Rousseff como candidata del PT fue básicamente de Lula, quien pese a las diferencias y críticas ideológicas que recibe desde su propia estructura política, no enfrenta un liderazgo alternativo. Además, el record de popularidad histórico que tiene el presidente le da un margen de maniobra importante para imponer sus decisiones. Ser el candidato de Lula da posibilidades de ganar –como está sucediendo con Rousseff–, y no serlo las limita.
La relación entre el presidente y su candidata lleva décadas y se gestó en los movimientos de oposición al gobierno militar. Pero ha sido su rol dentro de la administración y su eficacia en la gestión lo que probablemente ha llevado a Lula a optar por ella.
Su principal atributo es la experiencia de gobierno junto al presidente. Suele ser firme y a la vez moderada. Pero su gran limitación –en comparación con Lula– es el carisma y la simpatía que ella no tiene en la misma medida.
En Brasil, la política no es de extremos, como suele ser en la Argentina. Cuando gana la derecha, lo hace con figura de origen más bien socialdemócrata, como fue Cardoso y puede serlo Serra. Cuando lo hace la izquierda gana con figuras que adoptan políticas moderadas, como es el caso de Lula y sería también el de Rousseff.
Ella tiene un pasado de fuerte militancia insurgente contra el gobierno militar y en esto se parece al nuevo presidente de Uruguay (Mujica), pero como él, probablemente optará por la moderación, una vez en el poder.
Regionalmente, Chile con el triunfo de Piñera, ha girado a la derecha, tras una victoria de la izquierda populista en Bolivia con la reelección de Evo Morales y otra de la socialdemocracia en Uruguay con el del Frente Amplio.
Será la elección brasileña la que en el último trimestre del año definirá si cambia o no la orientación de la región. Un triunfo de Serra sería un cambio del predominio de la izquierda hacia el centro y, en cambio, una victoria de Rousseff diría que nada ha cambiado sustancialmente.
Es que la dimensión –tanto política como económica– de Brasil define hacia dónde va América del Sur.
*Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.