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Las preocupaciones de Cristina

Cristina Temes
El avance de Javier Milei empieza a preocupar a Cristina Kirchner y por eso lo subió al ring. | Pablo Temes

“Esos mamarrachos que andan diciendo que la casta tiene miedo. ¿De qué tiene miedo si nunca te pasó nada, hermano? ¿Qué me venís a joder con que te tenemos miedo? ¿De dónde tenemos miedo? ¿De dónde? Caraduras...”. Las palabras que Cristina Kirchner eligió la semana pasada para referirse a Javier Milei alejan cualquier tipo de dudas: el avance del libertario dejó de ser tan solo una anécdota política para convertirse en una preocupación concreta a medida que su crecimiento se ve reflejado en todas las encuestas. El temor se evidencia, especialmente en la dirigencia del Frente de Todos, que en las últimas semanas empezó a ver cada vez más cierta la posibilidad de no acceder al balotaje y quedar en tercer lugar en las PASO.

Sucede que, de acuerdo a lo que anticipan los sondeos en forma casi unánime, el peronismo ve licuar su base electoral a partir de la erosión del voto oficialista en manos de La Libertad Avanza, particularmente, en dos sectores clave que dieron sustento al kirchnerismo desde que irrumpió a nivel nacional en 2003: uno es el aspecto territorial (el Conurbano) y el otro es el factor generacional (los jóvenes).

La vicepresidenta es consciente de que la principal disputa en esta campaña presidencial se desarrolla en la provincia de Buenos Aires, la madre de todas las batallas para el kirchnerismo. Es en ese bastión dónde se encuentra el respaldo que más acompañó, primero a Néstor Kirchner y luego a Cristina Kirchner. Y es ese caudal el que ahora parece estar en peligro, desde que las encuestas vaticinan que Juntos por el Cambio mantiene el piso del 32% que obtuvo en las PASO del 2019 (en las PASO 2021 trepó al 38%), mientras que el Frente de Todos estaría perdiendo más de un tercio del 52% que supo cosechar en aquellas primarias bonaerenses realizadas hace cuatro años, en las que fue electo gobernador Axel Kicillof (en las PASO 2021 el oficialismo cayó al 33%).

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En el marco de los análisis preelectorales que anticipan el retroceso del voto para el Gobierno a raíz de una fuga, en mayor medida hacia los libertarios, se desarrolló la semana pasada la “clase magistral” en el Teatro Argentino de La Plata, en la que Cristina decidió subir al ring a Milei.

La ex presidenta reordenó así las prioridades de lo que se avecina para el Gobierno. Y fue Leopoldo Moreau, uno de los laderos de mayor confianza de la vicepresidenta, el que puso en palabras la amenaza que más inquieta al kirchnerismo por esta horas. Moreau elaboró el mensaje que debe ser leído como una nueva estrategia electoral tras la disertación que protagonizó Cristina en La Plata. El diputado que inició su carrera junto a Raúl Alfonsín anunció en la radio oficialista Futurock que las “dos preocupaciones” principales de Cristina son “el crecimiento de las fuerzas políticas extremistas” y “la posible pérdida de apoyo entre los jóvenes”. Se trata, hay que decirlo, de dos caras de una misma moneda llamada Milei.

Cristina subió al ring a Milei para evitar la fuga de votos del kirchnerismo.

Para dar cuenta del efecto del voto mileiano en los sectores que más fidelidad siempre presentaron para el kirchnerismo, basta referirse a un reciente trabajo de Opinaia. Se trata de un relevamiento que se realizó entre el 22 y el 30 de abril sobre de 2.000 casos en todo el país, con 2,2% de margen de error. El sondeo diferenció el voto por estrato social y los números para el Gobierno son alarmantes. El Frente de Todos logra un respaldo del 7% en la clase alta, 23% en la clase media y 23% en la clase baja, un porcentual que supo ser el doble en elecciones anteriores. En tanto que Juntos por el Cambio obtiene 50% en la clase alta, 24% en clase media la media y 26% en la clase baja. Mientras que La Libertad Avanza recibe un 35% en la clase alta, 31% en la clase media y un 22% en la clase baja. Son índices que anticipan que los sectores populares ya no parecen ser tan incondicionales al Gobierno como solían serlo sin matices durante la supremacía kirchnerista.

El desaire en los sectores más vulnerables al oficialismo tiene una explicación contundente: el aumento sostenido de la inflación. Según el relevamiento de los precios de los 57 productos de la Canasta Básica de Alimentos (CBA) que desde el Índice Barrial de Precios (IBP) realiza el movimiento Libres del Sur en los sectores populares, el incremento de las Canastas Básicas en el primer cuatrimestre 2023 es el más alto de los últimos cinco años: 42,4% en alimentos y 39,3% en Canasta Básica Total. En el mismo lapso, la pobreza afectó a 18 millones de personas, de las cuales por lo menos cuatro millones no tienen recursos suficientes para alimentarse en forma correcta. Libres del Sur analiza esta CBA en los barrios más marginales, con el impacto de precios que se evidencia en los supermercados atendidos por la colectividad china y en los comercios de cercanía, a los que no llega el programa Precios Cuidados. En ese sector se evidencia con más potencia el deterioro del poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores y, con mayor virulencia, entre los no registrados, que representan el 35% del total. Esta causa explica por qué aun en condiciones de crecimiento del PBI y descenso de la desocupación, la pobreza continúa aumentando y se consolida en torno al 40%.

En gran parte, esos datos son la causa y la justificación de por qué la masa de votantes que, principalmente en el tercer cordón del Conurbano, solía respaldar exponencialmente al kichnerismo, pero hoy empieza ser seducida por los cantos de sirena libertaria.

Mientras que para dimensionar el alejamiento del voto joven, o los “pibes para la revolución” que supieron ser la base electoral y militante de Cristina en los últimos años, vale prestar atención a un sondeo realizado por Clivajes Consultores, que fue realizado sobre 1.395 votantes de entre 16 y 29 años, mediante un cuestionario online entre el 6 al 13 de marzo, con un margen de error de 2%. El estudio asegura que el espacio político más apoyado por los jóvenes es La Libertad Avanza con el 28,4%, le sigue el Frente de Todos con un respaldo del 26,7% y por último se ubica Juntos por el Cambio con un acompañamiento del 20,8%. Pero la sintonía del libertario con los millennials es aún más sólida cuando se los consulta sobre quién es el político por el que se sienten “más representados”: el ranking lo encabeza Milei con un 20,4%, le sigue Cristina Kirchner con un 14,8% y el podio lo cierran Horacio Rodríguez Larreta con 8,9% y Patricia Bullrich con 8,3%, a los que le sigue Myriam Bregman con 5,6%.

Milei es el político con el que los jóvenes se sienten “más representados”.

Doctorando en Sociología, magíster en Generación y Análisis de Información Estadística, investigador del Programa del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), donde dirige el Área de Trabajo y Desigualdad, y del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Eduardo Donza se especializa en mercado de trabajo y desigualdad social y sus investigaciones lo convierten en el mejor especialista para entender el impacto del voto en los sectores populares y su relación con la inflación y el desempleo.

En Escenario laboral en el día del trabajador. Trabajo y Educación, Donza presentó la semana pasada un detallado informe sobre el merado de trabajo y su relación con la crisis de empleo para el Observatrio Social de la UCA. El paper sostiene que el 31,9% de los ocupados que solo tienen secundario aprobado reside en hogares en situación de pobreza, al igual que el 21,1% de los que cursan o cursaron el terciario o la universidad, pero no se recibieron y, solamente el 7,6% de los de nivel terciario/universitario aprobado. Los trabajadores de más bajo nivel educativo poseen un promedio de ingresos mensuales un 41% menor que el ingreso medio general. Esto repercute en que casi la mitad de ellos resida en hogares en situación de pobreza. Son estos actores sociales los que ahora dudan de la propuesta kirchnerista tras la reciente experiencia fallida del Frente de Todos.

Pablo Vommaro, por otra parte, es uno de los mayores especialistas en estudios sobre los jóvenes y su accionar político. Posdoctorado en Ciencias Sociales, investigador del Conicet y coordinador del Equipo de Estudios de Políticas y Juventudes del Instituto Gino Germani, en los últimos años ha investigado el devenir de las nuevas generaciones y su impacto social en la Argentina. En Juventudes e Infancias: políticas, culturas e instituciones sociales, Vommaro señaló que desde la finalización de la dictadura los jóvenes fueron protagonistas de las principales movilizaciones, impulsando organizaciones y formas de agrupamiento, dinamizando el conflicto social y expresando muchos de los elementos que conforman las agendas públicas de las sociedades contemporáneas. Algo que supo interpretar y canalizar el kirchnerismo en su etapa de apogeo, un fenómeno que, por lo visto, se ha roto en los últimos años.

Moreau sostiene que el desaire de los sectores populares se evidencia porque “olvidaron los logros″ del pasado del kirchnerismo, mientras que el abandono de los jóvenes se produjo porque son personas que “no vivieron la etapa 2003-2015″. Tiene razón Moreau: ya pasaron dos décadas desde el nacimiento del kirchnerismo como principal fuerza política de la Argentina. Veinte años no es nada, pero puede ser mucho. Y Cristina lo sabe.