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COLUMNISTAS / opinion
sábado 31 agosto, 2019

Lo que deja la crisis en la industria

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Leandro Mora Alfonsín

default Foto: CEDOC

El salto del tipo de cambio, la volatilidad e incertidumbre con la que opera el mercado financiero argentino y la baja capacidad de respuesta del Gobierno para contener los efectos adversos de este escenario sobre la economía real afectan fuertemente al sector industrial.

La industria ha sido el sector más golpeado por la crisis desatada el año pasado y que continúa hasta el día de hoy, acumulando 14 caídas consecutivas desde mayo de 2018. En el primer semestre de 2019 se contrajo 9,4%; todos los sectores se mostraron en caída sin excepción en la primera mitad del año. En el mismo sentido, las exportaciones de manufacturas industriales mostraron una retracción del 7,5% (explicada también, en parte, porque el crecimiento de Brasil y su demanda fueron menores a lo esperado) y se perdieron más de 140 mil empleos industriales. A su vez, las expectativas de las industrias son a su vez negativas. El 80% de las empresas no cree que suban las ventas (el 36% cree que caerán, de hecho); mientras que el 74% cree que no se incrementarán las exportaciones y el 85% no considera que aumentará el uso de su capacidad instalada.

Estos números que podemos compartir no acusan recibo de los sucesos que reconfiguraron la economía argentina este mes. Si bien en los últimos meses la baja base de comparación que es 2018 y algunos parches implementados por el Gobierno (cambios en Ahora 12 y créditos a jubilados) podían augurar un discreto rebote para el tercer trimestre del año, la depreciación del tipo de cambio enterró esta posibilidad.

El rebrote de la crisis cambiaria atañe al sector en varias dimensiones, de las cuales podemos destacar tres. En primer lugar, las implicancias inflacionarias del salto cambiario. El año 2019 se encamina a redondear una inflación superior al 50% y los ingresos reales volverán a caer (recordemos que vienen de perder hasta 10 p.p. el año pasado). Esto afectará directamente el consumo y por ende la demanda de bienes industriales, siendo los principales afectados los sectores pyme y mercadointernistas.

En segundo lugar, la caótica coyuntura cambiaria vuelve imposible e impensado que pueda bajar el nivel de tasa de interés. Al momento de escribir esta columna, la tasa de referencia (Leliq) se ubica en el 79%. Esto marca el camino del costo del financiamiento para las empresas industriales y comerciales. Y no hablamos del costo financiero para invertir, puesto que las perspectivas de inversión quedan descartadas por la caída previa y sostenida del consumo (no hay incentivos a invertir si no hay certezas de que se vaya a vender), sino para poder operar. El gran problema hoy de las pymes es financiar su capital de trabajo. Las tasas de descuento de cheques superan el 80%, lo que tensa la cadena de pagos y genera que muchas empresas retrasen el pago de salarios y se encuentren en serios problemas operativos. Una línea de emergencia para financiamiento de capital de trabajo a tasas preferentes ha sido la gran ausente entre las medidas de emergencia del Gobierno, que redundan en un inocuo efecto parche para una herida más grande que la que pueden cubrir.

En tercer lugar, un dólar más alto implica un nuevo aumento de costos para los sectores industriales. De esta manera, con ventas en caída y costos al alza, los niveles de rentabilidad se aprietan o vuelven nulos en muchas ramas industriales. Sin perspectivas de rentabilidad, no solo no hay inversión ni contrataciones, sino que comienza el achicamiento. Los datos de pymes que cierran cada mes y de trabajadores industriales que pierden su empleo seguirán siendo noticia.

Estos problemas cobran mayor dimensión cuando apreciamos la importancia de la industria, empleadora del 20% de la PEA y sector que paga salarios un 32% por encima de la media de la economía. Más industria es empleo de mejor calidad, mejores capacidades productivas son mayor valor agregado en nuestra canasta exportadora. No interponer medidas para cortar esta sangría en el entramado industrial será una de las herencias más pesadas que quedan en la economía real de los próximos años.

* Economista (UBA), docente UBA, UCES y UNGS. Twitter: @lmoraalfonsin.


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