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Polémica

Los colores de nuestra bandera y el Conicet

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27 de febrero. Manuel Belgrano enarboló por primera vez nuestra bandera nacional a orillas del río Paraná. | CEDOC

El 27 de febrero de 1812 Manuel Belgrano enarboló por primera vez nuestra bandera nacional a orillas del río Paraná, en la que hoy es la ciudad de Rosario. ¿Pero cuáles eran sus colores? ¿Por qué es importante no cejar en esa polémica que vengo sosteniendo hace tiempo? 

Nada tiene de banal discutir sobre si es azul y blanca o celeste y blanca porque es, en el fondo, una discusión sobre un tema fundamental: ¿es el centralismo o el federalismo el mejor sistema de organización y gobierno para nuestra Argentina? Ese fue la disyuntiva que desembocó en la sangrienta guerra civil de mediados del siglo XIX que ensangrentó nuestro suelo, que se resolvió primero en la batalla de Caseros y años más tarde en la de Pavón con el triunfo de los intereses porteños, es decir de los unitarios liberales. Que, como veremos a continuación, dejaron testimonio de su victoria en los colores de nuestra bandera. Cavando y eternizando así una grieta que es molde de todas las que se sucedieron, también de la actual.  

La primera bandera fue cosida por una humilde vecina en lo que hoy es Rosario

La discusión sobre los verdaderos colores de la bandera es fomentada por la poco definida descripción de su creador: una banda sería blanca y otra azul celeste (la enseña original tenía solo dos campos). Como ya lo escribimos eran dos proyectos de país los que confrontaban. Los unitarios la concibieron celeste, ese era el color que los identificaba en tiempos de la Confederación. Portar alguna prenda de ese color provocaba un castigo que podía costar la vida. Cierta vez, corría 1840, Rosas leía los informes de su policía. Ante uno de ellos tomó su pluma y escribió: “Prevéngase al comisario Isidro López que el celador que está con él tiene calzones celestes y que él usa capote verde; que si no tienen cómo vestirse uno y otro con exclusión de tales colores unitarios, es menos malo que cesen en su empleo que causar semejante escándalo un funcionario público de su clase. Por lo que se dispone se le dé baja en el Departamento”. Es de imaginar que cuando finalmente se impusieron en las cruentas guerras civiles los unitarios liberales  hicieron del celeste el color ya no partidario sino nacional. De allí la “celestización” de nuestra bandera.

Los federales, cuyo color distintivo era el rojo punzó, en cambio reivindicaban el azul acentuado para las franjas que encerraban a la blanca, no sólo para diferenciarse de sus adversarios sino también por considerar que ése había sido el deseo de Belgrano. Recordar que el vínculo entre el Restaurador y el creador de nuestra bandera, aunque no personal fue estrecho, tanto que el primero crió a un hijo de don Manuel y su cuñada María Josefa Ezcurra. En tiempos de Rosas el oscurecimiento llegó al azul acerado.

Es decir que tomar partido por uno u otro color era, y sigue siendo, inclinarse, basado en constataciones históricas y científicas y en sentido amplio, por un proyecto de país.

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La primera bandera fue cosida por una humilde vecina del pueblo de Capilla del Rosario del Pago de los Arroyos, hoy Rosario, María Catalina Echevarría de Vidal y fue izada a orillas del Paraná el  27 de febrero de 1812 por un civil, Cosme Maciel, también vecino del lugar. Conocidas son las contingencias posteriores: el Triunvirato porteño, cuyo hombre fuerte era su secretario, Bernardino Rivadavia, opuesto a proclamar la Independencia ante el mundo, prohibió su uso el 3 de marzo de 1812  y ordenó su reemplazo por la todavía enarbolada en la Fortaleza de Buenos Aires, la rojigualda española. Pero Belgrano, volvió a sacarla a la luz el 25 de mayo de 1812 y la hizo bendecir con un Te Deum en la iglesia matriz jujeña  por el canónigo Juan Ignacio Gorriti.

La descripción de Belgrano indicaba un color azul celeste. Es decir color azul cielo. ¿Pero en qué momento del día? Los especialistas explican que el celeste es la tonalidad del cielo claro de media mañana, mientras que el azul cerúleo es el color del cielo despejado, que puede observarse antes de la salida del sol o media hora después de su puesta.

Recientemente científicos del Conicet analizaron una de las banderas argentinas preservadas de mayor antigüedad y revelaron el color original de sus extremos inferior y superior: azul de ultramar. Un equipo formado por investigadores del Centro de Química Inorgánica (Cequinor, Conicet-UNLP) y de la Universidade Federal de Juiz de Fora de Brasil, analizaron espectroscópica y químicamente hebras de la bandera del Templo de San Francisco en Tucumán ordenada por Bernabé Aráoz, quien fuese primer gobernador intendente de esa provincia  y síndico del Templo de San Francisco en esa provincia que, según algunos historiadores, resulta ser la más antigua que se ha conservado y que se descuenta reprodujo fielmente la original ya que la relación entre Aráoz y Belgrano era muy cercana, tanto que fue el primero quien convenció al segundo de no continuar su retroceso hacia Córdoba ordenado por Buenos Aires y enfrentar exitosamente a los realistas en la batalla de Tucumán.

La descripción era un azul celeste. Es decir color azul cielo. ¿Pero en qué momento del día?

La polémica sobre los colores de nuestra enseña patria fue también puesta en superficie cuando el 27 de noviembre de 2001 un proyecto de ley del entonces diputado peronista Lorenzo Pepe, 143/ 01, proponía que el color de dos de sus franjas horizontales fuera azul cerúleo. Tal propuesta despertó una agria polémica con los defensores del color celeste y la aprobación no prosperó.

Entre otros antecedentes destaquemos que Juan Gervasio Artigas, el gran caudillo oriental, el pionero del federalismo rioplatense, adoptó los colores azul y blanco para la bandera de los Pueblos Libres cruzada por una franja roja. Enseña adoptada por la mayoría de las provincias litorales que lo erigieron su Protector.

También se debe tener en cuenta que el celeste no es un color heráldico, si lo es el azul, lo que puede haber sido tenido en cuenta por Belgrano quien vivió varios años en Europa y pudo saber que el color azul, en la Heráldica, significa justicia, obediencia, lealtad, piedad y prudencia, virtudes siempre exaltadas por él.

Por fin, hay quienes afirman que los colores de nuestra bandera, quizás también lo de la escarapela, fueron elegidos por lealtad a la decisión de sostener “la máscara de Fernando VII”, es decir esconder las intenciones independentistas que no eran compartidas por no pocos de los revolucionarios de Mayo. El fino estratega que era Belgrano habría creado una bandera “española” con los colores de la casa de Borbón, a la que pertenecía el cautivo rey de España. Para confirmar esto basta con observar el retrato del monarca por mano de Goya, donde puede verse su abultado vientre cruzado por una banda de tres franjas azul, blanca y azul. Colores que derivan de la devoción a la Virgen María, cuyo manto era de esa tonalidad.

Es decir que cuando flamea una bandera celeste y blanca se está contradiciendo la voluntad del gran Manuel y se está festejando el sangriento triunfo de la facción centralista sobre sus hermanos federalistas.

*Historiador.