En su libro La literatura nazi en América, Roberto Bolaño habla de los hermanos Schaffino –uno mayor que otro–, que tenían dos pasiones: la literatura y el fútbol. Yo supongo que estos hermanos ficticios están inspirados en los dos hermanos geniales de nuestra literatura: los Lamborghini. Las parejas de hermanos suelen tener gran capacidad dramática. De chico, conocí a los hermanos Tucho, mellizos. Ambos tenían el labio leporino y sólo uno –vaya a saber por qué– fue operado y embellecido. Así que les decíamos el Tucho lindo y el Tucho feo. El Tucho lindo solía ir a los bailes y era fanático de la música disco. El Tucho feo rumiaba su mala suerte en los potreros, jugando con una genialidad pocas veces vista. Era como el albatros de Baudelaire: en la cancha, perfecto, genial. En la vida, un niño con la cara marcada. La diferencia entre mellizos y gemelos se encuentra en la forma en que han sido fecundados. El embarazo de gemelos se genera cuando se fecunda un solo óvulo con dos espermatozoides. En el de mellizos, el embarazo se produce por la fecundación de dos óvulos y dos espermatozoides, dos embriones diferentes que coinciden en el tiempo. Empecé a ver a los hermanos Barros Schelotto cuando el equipo en el que jugaban –Gimnasia– disputaba la punta con San Lorenzo, mi club. Casi salen campeones pero fallaron en el último partido. Siempre me parecieron muy divertidos, irreverentes, picantes.
Tienen, aun hoy en día, ya grandes, la costumbre perversa de vestirse igual. Yo no los distingo.
Creo que si expulsan a uno, dirige el otro. El fin de semana pasado, Lanús, el equipo que comandan, le empató al Lobo y le complicó el camino al título. Muchos creían que los mellizos le iban a regalar el partido al equipo del que son hinchas. Pero en cambio, salieron a obligar a Gimnasia a que se supere para, en vez de ser un campeón desparejo, sea un campeón verdadero. Por eso y sólo por eso, se merecen salir campeones, con Gimnasia. Ojalá se les dé.