martes 26 de octubre de 2021
COLUMNISTAS VICENTINIZACIÓN
12-06-2020 23:07
12-06-2020 23:07

Los Twist, Alberto y Perón

El Estado se metió como un participante más en el motor económico del país, el sector agropecuario.

Veinticinco estrellas de oro,
compañeros al balcón
en la calle un solo grito
¡Los Twist, Gardel y Perón!

Pipo Cipolatti, Daniel Melingo (1983)

 

El contexto es conocido. El gobierno de Alberto Fernández se ha ido transformando, por imperio del realismo biológico, casi exclusivamente en el administrador de la pandemia del Covid-19.

La contención del virus con el predominio de la cuestión sanitaria por encima de la económica fue el lugar que le permitió al Presidente escalar en su imagen positiva en forma vertiginosa, pero que a la vez le quitó los pocos grados de libertad que tenía al asumir, dado que la reactivación vía consumo de las clases populares que se intentaba generar se derrumbó al mismo tiempo que toda la economía mundial. Esto se constituyó en una paradoja crucial, un camino sin salida.

Asimismo, las presentaciones quincenales en compañía de Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta llegaron al punto de saturación. En las estrategias cualitativas de investigación (entrevistas, focus groups, historias de vida) se habla de “saturación teórica” cuando nuevos datos aportan información redundante. Se puede observar que en el marco de las preocupaciones ciudadanas la cuestión económica vuelve a remontar a la cima de las valoraciones y que el coronavirus se instala en el medio de la tabla, quizás influido por el hecho de que hasta el momento la Argentina fue uno de los países que menores decesos tuvo por causa del virus. Pero la opinión pública funciona con memoria de corto plazo, y no sabe de gratitudes, por eso se comienza a prestar atención a narrativas minoritarias pero potentes (como la infectocracia) mientras que el Gobierno fue abandonando la construcción de las propias.

Vicentinizaciones. Frente al laberinto que le ofrecía la pandemia, Fernández inició un giro táctico, primero orquestar su propia movilización a distintas provincias, luego volver a actuar desde la Casa Rosada, recorrer algunos establecimientos fabriles y finalmente participar de las infaltables inauguraciones como la planta de tratamiento de líquidos cloacales en Villa La Angostura, Neuquén. Este raid también le valió críticas por no cumplir en forma estricta con los protocolos de cuidado que él mismo impulsa (distanciamiento, uso de barbijo, etc.). También se lo cuestionó por izquierda por el abrazo con Gildo Insfrán y su frase (dentro de las formas peronistas) sobre que con Gildo se va a sacar la provincia adelante. Insfrán, se sabe, gobierna una de las provincias más pobres del país desde hace más de 24 años, con reelección perpetua.

La estatización de Vicentín fue quizás el anuncio de mayor impacto de la gestión, y muy probablemente esté enrolado en la decisión presidencial de retomar la iniciativa política por fuera de la pandemia. La propia presentación realizada por el Presidente rodeado por Matías Kulfas, la senadora Anabel Fernández Sagasti y Gabriel Delgado, el interventor designado, fue ciertamente extraña, con un presidente lejos de la convicción que suele expresarse en otros temas (quizás fruto de su propio cansancio). Sorprendió la presencia de la ex candidata a la gobernación de Mendoza en una decisión propia del Ejecutivo; Alberto la sindicó como la autora de la iniciativa. Un par de días atrás la senadora, muy cercana a Cristina Kirchner había cuestionado la decisión del Ejecutivo nacional por la suspensión del financiamiento de la represa hidroeléctrica Portezuelo del Viento en la provincia cuyana. Con esta escena se puede observar que el fernandismo va construyendo una lógica de contrapesos y compensaciones, un mecanismo pendular que le permite transitar en la alianza del Frente de Todos, entre palomas y halcones.

Mundo sojero y más allá. La decisión de intervenir el grupo Vicentín tiene distintas facetas, todas muy complejas. Por un lado, la extensión del propio holding que posee participaciones variables en más de veinte sociedades en Argentina, Uruguay y Brasil, que van más allá de la mera exportación de soja y sus derivados. Por eso la imagen que trasciende es la de un (¿nuevo?) Estado productor de bienes intermedios y finales, una fórmula que parecía haber quedado en el espejo retrovisor de la historia. Por el lado de lo financiero el grupo tiene la friolera suma de más de 2.600 acreedores, principalmente localizados en Santa Fe, Córdoba (con gran peso de productores) y que llegan hasta Paraguay y Brasil, sin contar con las acreencias con bancos nacionales e internacionales. Entre los primeros se destacan sin duda los préstamos del Banco Nación por montos superiores a US$ 250 millones y que hizo tambalear al propio banco. La deuda total de la empresa roza los US$ 1.500 millones que estaba en proceso de concurso de acreedores, lo que hizo legítimamente preguntar a más de uno si se trataba también de la estatización de la colosal deuda.  

Símbolos. Pero más interesante que los números surrealistas de la compañía resulta el contenido simbólico de la expropiación puesto que, aunque con los días se suavice la expresión, el Gobierno ha quedado marcado con la voluntad de dar ese conflictivo paso. Un argumento explícito de tal paso se refiere a asegurar la “soberanía alimentaria”. No es un término nuevo, supone que en un mundo con recursos cada vez más escasos resultado de la crisis ambiental y la superpoblación, la Nación debe asegurar la alimentación básica de su población. El término soberanía es polisémico, pero también remite a cierto patriotismo, un regreso al territorio y sus límites. Un argumento implícito, también ligado a la soberanía, es que se debe limitar la participación de empresas extranjeras en la exportación de alimentos. De las primeras diez empresas exportadoras de materias primas seis son extranjeras y explican más del 65% del rubro. Un tercer argumento, un tanto más pragmático, que es la estatización de Vicentín, aseguraría el flujo de dólares que el país necesita y hoy intermitente en la medida en que la cotización paralela de la verde moneda se va alejando de la oficial. Finalmente, y como resumen de todo, con la intervención de la empresa, el Estado se mete de lleno como un participante más en el motor económico del país, el sector agropecuario, lo que preanuncia una variedad de conflictos que ya tuvieron su inicio en el cacerolazo del miércoles.

 

*Sociólogo (@cfdeangelis).