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COLUMNISTAS / abismo generacional
domingo 16 septiembre, 2018

Los valores de la nueva sociedad

La mayoría de nuestros políticos evitan referirse a temas sexuales. Les incomoda. Se sonrojan cuando lo que dicen supera al machismo tradicional. Los jóvenes están más interesados en controlar el embarazo, que en la postura de su gobierno frente a la deuda externa.

por Jaime Duran Barba

Tapar el sol. “A algunos les gustaría que no existiera la educación sexual en las escuelas”. Foto: twitter

Hasta el fin de la Guerra Fría algunos se comprometían con causas trascendentes que parecía que cambiarían el sentido de  la historia. Decían que podían dar la vida por ellas, aunque la mayoría se puso a buen recaudo y sigue escribiendo sobre el tema.

Los jóvenes no oyen la música de los Inti Illimani, los Quilapayún, Joan Baez o The Doors, no comparten esa visión de la vida, pero eso no significa que se degeneraron y no tienen ideales. Sucede simplemente que las utopías políticas trascendentes fueron reemplazadas por lo que Finkelkraut y Bruckner llaman una “aventura a la vuelta de la esquina”.

Algunos viejos militantes de la izquierda se entristecen por la “banalidad” reinante, añoran el tiempo en que tanto amaban a la revolución, pero a los jóvenes actuales les entusiasma más navegar en la red que leer El Capital o escuchar sermones acerca de la Teología de la Liberación. Desde la derecha falangista hay quienes creen que dando clases de moral y cívica en los colegios y haciendo una campaña de publicidad censurando el sexo los niños volverán a creer en  la cigüeña, a leer a Hugo Wast y cultivarán la virginidad prematrimonial. Según ellos, habría que censurar el cine, la radio, la música, internet y poner controles que impidan que se difundan las “malas costumbres”. Les gustaría también que no exista educación sexual en las escuelas, porque suponen que lo mejor es que los jóvenes sean ignorantes y virtuosos. Todo eso es imposible. Los niños están muy informados por sus conversaciones y por la presencia incontrolable de las redes sociales y si alguien hace esas propuestas se ríen de él.

Los valores se transformaron, caducaron los que dieron calor a la infancia de quienes estamos en el otoño de la vida y aparecieron otros. No es verdad que ya no existen valores y que está desapareciendo un mundo ideal. Lo que agoniza es una cultura falocrática, desplazada por otra feminizada, que significa un paso adelante en la evolución.

En general hay un consenso en cuanto al respeto de los derechos civiles, el racismo está mal visto, se respetan las diversas preferencias sexuales, la alteridad es un valor occidental. El tema de las drogas se trata con menos mitos y represiones, muchos son conscientes del peligro que significan, otros las usan con algún control o sin él. Han aparecido drogas sintéticas que disputan el mercado de las drogas tradicionales, pero es posible discutir el tema racionalmente. Que cualquier tema se pueda discutir con libertad es un avance.

Los valores se transformaron, caducaron los que dieron calor a la infancia de quienes estamos en el otoño de la vida y aparecieron otros. No es verdad que ya no existen valores y que está desapareciendo un mundo ideal. Lo que agoniza es una cultura falocrática, desplazada por otra feminizada, que significa un paso adelante en la evolución

La sexualidad se libera en un proceso que avanza de manera incontenible. La mayoría de nuestros políticos evitan referirse a temas sexuales. Les incomoda. Se sonrojan cuando lo que dicen supera al machismo tradicional. En esto, el abismo generacional es enorme. No hay duda de que los jóvenes están más interesados en controlar el embarazo que en la postura de su gobierno frente a la deuda externa. No puede ser de otra manera. Tienen un despertar sexual temprano, una vida más erotizada que los antiguos, más libre, promiscua y es lógico que temas como los anticonceptivos, el sida, el aborto inducido les interesen intensamente. Hay sectores arcaicos que creen que es mejor no hablar del asunto. Prefieren la ignorancia al debate. Mientras algunos gobiernos africanos y latinoamericanos discuten con argumentos extraterrestres si limitan la venta de la “píldora del día después” los jóvenes de las ciudades se ríen de sus argumentos. Para los viejos políticos es difícil poner en su agenda esta problemática, aunque sienten que de no hacerlo se alejan de las inquietudes de los electores. El oscurantismo sexual está destinado a desaparecer.

Actualmente existen valores tan importantes como los del pasado, pero hay que entenderlos porque son distintos. Parecen más superficiales pero son inofensivos. La saga de Harry Potter es liviana pero no ha producido masacres como las que provocaron el Malleus Malleficarum o el Corán. El niño mago es un personaje más agradable que los tribunales de la Inquisición, los ayatolás de Irán o Hitler. En sus fantasías nunca cometería tantas atrocidades con las mujeres o los judíos.

En Occidente la paz es un valor cada vez más respetado por las nuevas generaciones. Existe la violencia pero en menor grado y la gente tiende a rechazarla, al menos para el trato interno entre países de esta cultura. Ninguna democracia ha provocado una matanza con su propio pueblo, como la de Pol Pot en Camboya, Mengistu Hallie Maryam en Etiopía, Siad Barre en Somalia o Stalin en la Unión Soviética. En la mentalidad de los occidentales actuales, que viven la democracia, no hay ninguna lucha que justifique matanzas de esa magnitud.

Nos referimos siempre a las actitudes prevalecientes en la gente frente a los ciudadanos de su misma cultura. Algunos líderes atrabiliarios mantienen delirios mesiánicos y provocan asesinatos masivos fuera del área occidental. La gente también las justifica cuando están lejos, no las ven por la televisión, no cuestan muchas vidas de los “buenos” y supone que son necesarias para evitar una calamidad. Es el caso de la reacción de los norteamericanos frente a la política de su gobierno en el Medio Oriente.

En Occidente la paz es un valor cada vez más respetado por las nuevas generaciones. Existe la violencia pero en menor grado y la gente tiende a rechazarla, al menos para el trato interno entre países de esta cultura

La lógica del conflicto externo sigue siendo la de antes. La guerra fue siempre una estupidez pero sigue existiendo. Como decía uno de los estrategas republicanos en un seminario en Washington, “a mí lo que me importa es que los musulmanes no vengan a matar a los norteamericanos. Lo que pase en Medio Oriente no es mi problema. Son los árabes quienes deben preocuparse por conseguir mandatarios que lleven la felicidad y la paz a su país.  Ese no es mi negocio”. De todas maneras no es probable que se produzcan  nuevas guerras tan brutales como las mundiales u otras que asolaron Europa. Ese enorme mosaico de países tan diferentes aprendió el valor que tiene el respeto a otras culturas.

Pero hay algo más importante: actualmente se valora la paz en la vida cotidiana. Hace cincuenta años se suponía que el niño que golpeaba a sus compañeritos era más hombre. Los escolares sentían que así demostraron que eran machos. Hoy un niño que hace daño a los demás termina con el psicólogo. Lo que antes parecía heroico se ve como una psicopatía. Los estudiantes actuales son menos primitivos que los de antes y saben que cualquier burro patea más duro que un ser humano y por eso no es mejor. Ya no se rinde culto al macho violento y peligroso. Si la policía llega a matar a diez estudiantes en cualquier país occidental, esto se convierte en una noticia mundial. Todos nos indignamos. Protestamos. Presionamos. Lo impedimos. Son valores que antes no existían. La solidaridad de los occidentales con los que sufren atropellos atraviesa las fronteras.
En 2001 Amina Lawal fue condenada por un tribunal islámico de Nigeria a morir lapidada porque quedó embarazada cuando fue violada y una mujer no puede quedar en estado de gravidez si no está casada. Una campaña de internet que recogió diez millones de firmas consiguió que se anule la sentencia y Amina salvó su vida.  No tuvimos la misma suerte dos años después con  Asha Ibrahim Dhuhulow de 13 años, que murió lapidada en un estadio de Somalia cuando denunció que había sido violada. Su delito fue mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio.

A pesar de que nuestra cultura es machista e intolerante, estamos aprendiendo a vivir en un mundo en el que, por lo menos a nivel declarativo, casi todos dicen respetar la diversidad sexual, respetar la igualdad de la mujer. En Occidente existe un mayor respeto a la diversidad. Nada de esto es unánime ni tiene la misma intensidad. Es la gente más culta, más urbana, más informada, la que toma estas banderas, pero el conjunto de la sociedad las acepta en un movimiento que va de los estudiados a los ignorantes, de la ciudad al campo. Las mujeres impregnaron nuestra cultura con sus valores y la gente rechaza la violencia del marido con su esposa, de los progenitores con sus hijos, del maestro con los estudiantes, del empleador con los trabajadores, que eran tan  frecuentes hace pocos años. En general vamos hacia un mundo mejor. 

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.


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