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Debilidad de los partidos

Mal de muchos, consuelo de tontos

La política padece una sobredosis de personalismo. Las próximas elecciones legislativas son una prueba patente de ello. El oficialismo lleva como primer candidato a diputado nacional al ex presidente Néstor Kirchner.

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La política padece una sobredosis de personalismo. Las próximas elecciones legislativas son una prueba patente de ello. El oficialismo lleva como primer candidato a diputado nacional al ex presidente Néstor Kirchner. Previendo que ello no sería suficiente para garantizar una buena elección, se lanzó la idea de las candidaturas testimoniales. Más allá de la intención de evitar un trasvasamiento de parte de jefes locales del peronismo al PJ disidente, lo cierto es que la inclusión de Scioli y de buena parte de los intendentes en las listas legislativas y a concejal del Frente para la Victoria muestra a las claras la intención de que la inclusión de ciertos nombres en las boletas electorales arrastre votos. La propuesta de los intendentes que rechazaron las candidaturas testimoniales de incluir a cambio a un pariente de modo que figure el mismo apellido en la boleta no hace si no confirmar este argumento.

Esta dependencia de figuras clave no es sin embargo patrimonio exclusivo del oficialismo. Dentro del PRO-peronismo cabe citar las presiones (a la postre exitosas) que recibió la vicejefa de Gobierno porteña Gabriela Michetti para que liderara la lista de PRO en la ciudad de Buenos Aires, junto con su incursión, y la del jefe de Gobierno Mauricio Macri en la campaña bonaerense. Dentro del espacio Panradical, Elisa Carrió sólo aceptó ser candidata tras las presiones ejercidas por sus socios, quienes desconfiaban de la capacidad de atraer votos del ex presidente del BCRA Alfonso Prat-Gay. En la provincia de Buenos Aires, las muestras de simpatía recibidas por el ex presidente Alfonsín potenciaron a su hijo, incluso tentando a algunos dirigentes del centenario partido a reclamar el primer lugar en la lista.

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El fenómeno no es nuevo. En 2005 el Frente para la Victoria debió “mover a la dama” para librar al Gobierno de la tutela del duhaldismo. Y allá por los años 90, el Frepaso postuló en 1995 a Graciela Fernández Meijide como senadora por la ciudad de Buenos Aires y en 1997, como parte de la Alianza, como primera candidata a diputada nacional.

El personalismo no sólo abarca a los vivos, sino también a los muertos. Días atrás un dirigente agropecuario, con no poca brutalidad y mal gusto, realizó una broma sobre la inclusión de Nacha Guevara en la lista del FpV y un supuesto voto por Eva Perón, a quien la actriz ha personificado. A la vez, la muerte reciente del histórico líder del radicalismo produjo el así llamado “efecto Alfonsín”, creando la esperanza de que el ex presidente, cual Cid Campeador, librará una última batalla victoriosa desde el más allá.

Suele decirse que mal de muchos, consuelo de tontos. La dependencia que los proyectos políticos exhiben respecto de determinadas figuras no es un privilegio de la Argentina. En Venezuela la suerte del socialismo del siglo XXI parece estar atada a la permanencia de Hugo Chávez en el poder. De ahí la necesidad de eliminar las barreras para una nueva reelección del líder bolivariano. En Bolivia y en Ecuador lo mismo ocurre con Evo Morales y Rafael Correa, respectivamente. El intento del presidente colombiano Alvaro Uribe de obtener una segunda reelección y el operativo clamor por una nueva postulación de Lula da Silva en Brasil muestran que la personalización no es propiedad en la región de los populismos radicales ni de la izquierda hostil al mercado.

Este fenómeno, que ocurre no sólo a nivel local, sino regional, no es sino un síntoma más de la debilidad de los partidos políticos, instituciones que resultan vitales para el buen funcionamiento de la democracia, pero que se encuentran en la actualidad desprestigiados y desacreditados ante la opinión pública. La suerte de los partidos y los proyectos políticos queda así atada a la de unas pocas figuras, dejando como resultado estructuras partidarias sumamente débiles, poco participativas, anquilosadas y con escasa capacidad de debate interno. La debilidad de las organizaciones políticas lamentablemente dista de ser inocua. Como bien señalan los trabajos de diversos teóricos, los sistemas de partidos poco institucionalizados están altamente vinculados al mal funcionamiento de la democracia.


*Prof. del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales (UCA).