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CANDIDATURAS TESTIMONIALES

Medios y política

La cuestión del poder de los medios y de su influencia en los procesos sociales es un tema que los especialistas y los profesionales de la comunicación discuten desde hace mucho tiempo.

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La cuestión del poder de los medios y de su influencia en los procesos sociales es un tema que los especialistas y los profesionales de la comunicación discuten desde hace mucho tiempo. Cuando alguien me pregunta si los medios tienen o no el considerable poder que se les atribuye, suelo contestar: “Depende”. Ya se trate de televisión, prensa gráfica o radio (los medios que ya llamamos “tradicionales”), la posibilidad de que afecten, en un momento dado, un proceso social en curso (por ejemplo, una campaña electoral) depende efectivamente de una multitud de factores: la historia política y la historia de los medios en el país de que se trate, la situación económica, el estado de la opinión pública, la situación internacional y muchas cosas más. Un mismo medio puede, en una situación determinada, jugar un rol decisivo, y en otra situación tener una influencia reducida o insignificante. Un ejemplo particularmente claro: la televisión en contexto de campaña presidencial, en dos países vecinos y a pocos meses de intervalo: Brasil y Argentina. En la campaña electoral brasileña de octubre de 2002, la televisión jugó un papel importante en la elección de Lula –que no me atrevo a calificar de decisivo, porque estos efectos no se pueden probar. He publicado un libro, en colaboración con un colega brasileño, sobre el tema. Pocos meses después, en la elección de Kirchner la televisión argentina jugó un rol prácticamente nulo. Esta diferencia se explica, en parte, por la historia de la comunicación política televisiva en un caso y en otro. En muchos países de regimen republicano, incluido Brasil, un momento fuerte de las campañas electorales presidenciales es el debate televisivo entre los principales candidatos, y en los sistemas electorales a dos vueltas, el debate entre los dos candidatos que llegan al final. En muchos casos el género debate es utilizado también en las elecciones legislativas. En la televisión argentina el debate político entre candidatos ha sido practicado muy raras veces (la última corresponde a la elección para el gobierno de la Ciudad).

El tiempo electoral en que hemos entrado tiene varios aspectos que conviene recordar. (1) El Gobierno, que desconfía visceralmente de los medios de comunicación, practica hacia ellos una combinación variable de ataques directos y presiones de diverso tipo. (2) Con el adelanto de la fecha de las elecciones y los procedimientos aplicados para seleccionar a los candidatos (candidaturas “testimoniales” y otras yerbas), el Gobierno ha definido una situación en la cual el concepto de representación, eje del dispositivo democrático, pierde todo su contenido: la representación legislativa, que debiera definirse por proyectos políticos, se reduce a un repertorio de nombres cuyo único interés reside en el puntaje que tienen sus imágenes en las encuestas de opinión. Ante esta situación, la oposición no ha hecho más que adaptarse a esa metodología. (3) Los distintos niveles de la comunicación (afiches en la vía pública, intervenciones en la radio y la televisión, spots publicitarios, etc.), que en una situación electoral normal suelen tener poco contenido pero funcionan como índices, como “ayuda memoria” de un programa político, reenvían en este caso al mismo vacío, en el que sólo hay caras y nombres. El empobrecimiento del dispositivo electoral produce a su vez un empobrecimiento de la comunicación. El resultado es que nos encontramos ante un proceso extremadamente lábil y con un alto grado de incertidumbre. ¿Pueden los medios, en estas condiciones, tener una influencia importante sobre el comportamiento de voto?

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La respuesta no es fácil. La comunicación mediática funciona mejor, y por lo tanto puede producir “efectos” más sensibles, cuando se apoya en una situación que tiene una mínima estructura (después de todo, normalmente los votantes indecisos lo son respecto de una alternativa política clara), y no ante una situación vaciada de sentido. Pero son los actores políticos quienes pueden darle contenido al enfrentamiento. El Gobierno ha tomado el camino contrario, pero si la oposición consigue algo en esa dirección (le queda poco más de un mes), los medios podrían jugar, hacia el final del proceso, un rol de importancia. Interesante, porque de ese modo la actitud del kirchnerismo hacia los medios correría el riesgo de verse, por fin, justificada: la desconfianza del kirchnerismo podría transformarse en profecía autocumplida.


*Profesor plenario Universidad San Andrés.