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Inteligencia de la dictadura e inteligencia k

Milani al poder

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La madrugada del 20 de diciembre de 2001, cuando el presidente Fernando de la Rúa llamó al teniente general Ricardo Brinzoni ordenándole sacar las tropas para reprimir la generalizada revuelta popular precedida de manifestaciones multitudinarias nocturnas desafiantes del estado de sitio, el jefe del Ejército exigió sin éxito su ratificación por escrito. El proceso de subordinación “subjetiva” al poder civil –mediante la troca de indultos a los ex comandantes por la autocrítica y el desarme de las FF.AA.–había avanzado bajo el mandato de Carlos Menem. Con el gobierno de la Alianza UCR-Frepaso seguiría afianzándose la inserción “objetiva” de las nuevas generaciones militares dentro de la democracia. Los militares habían dejado de ser la variable de ajuste del “empate hegemónico” entre peronismo y antiperonismo: poder moderador de conflictos sobre el modelo de desarrollo nacional en los cuales la fuerza de las bayonetas salía en socorro de la minusvalía electoral conservadora ante la hegemonía del PJ.

Las marchas militares sólo acompañan hoy festejos patrios, pero no golpes. Y si bien la capacidad combativa de lo que resta de las FF.AA. fluctúa en un 30% respecto de la década del 80, junto a las FF.SS. aún mantienen un poder de fuego represivo no despreciable frente a la hipotética emergencia de convulsiones como las de Brasil, impensables en Argentina sin una violencia mucho mayor. Así como las víctimas de la dictadura brasileña no pasaron de mil comparadas con una decena de miles argentinas, una decena de muertos en las calles de las ciudades brasileñas luego de semanas de protestas resulta mínima frente a nuestra revuelta de fines de 2001, que dejó más de treinta muertos en un día y una noche. Ante un imaginario contagio del hartazgo popular brasileño, pero “a la argentina”, ¿tiene alguna significación la designación del general César Milani al frente del Ejército Argentino?

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El hombre es una verdadera cría del endemoniado Proceso. Una vez recibido el sable sanmartiniano firmado por Isabelita en diciembre de 1975, sólo tres meses después le era ordenado al subteniente Milani desenvainarlo por “obediencia debida” contra la Constitución. Durante sus años de oficial subalterno no se le conoció ninguna actitud crítica, ni siquiera al rumbo económico social de la dictadura, como la que llevó a un grupo de 33 oficiales, algunos de rango similar al suyo, a ser expulsados del Ejército en 1979-1980. Es que Milani había elegido una especialidad militar incompatible con pensar que algo andaba muy mal. Allá lejos, en un Ejército forjado por la generación del 80 a fines del siglo XIX y principios del XX, ser ingeniero y militar pavimentaba el camino al generalato, tanto si se era constitucionalista como E. Mosconi y J. Baldrich, golpista como A. P. Justo, o profesionalista como M. Savio. Las dos guerras mundiales dieron preeminencia a los oficiales posgraduados de Estado Mayor, formados en la experiencia de la batalla convencional, de cuño alemán primero y luego norteamericano. Cuando gran parte de las FF.AA. se especializó en la lucha contrainsurgente bajo la “doctrina de la seguridad nacional” en los 60 y los 70, hasta la guerra de Malvinas muchos cuadros sin habilidades en matemáticas o física, ni apasionados por las tácticas y estrategias clásicas, se vieron atraídos por un quehacer prometedor: la inteligencia contrarrevolucionaria. El joven Milani la eligió en el auge del terrorismo de Estado. Su iniciática participación en la represión antipopular en 1976 sería la experiencia fundante de su vocación por el secreto, el espionaje y… la alcahuetería interna. ¿Será que una causa archivada que lo vincula a la desaparición de un conscripto y que no impidió su entronación por el gobierno K –aliado de un alto dirigente gremial ex agente civil del Batallón 601 de Inteligencia– asegurará su disposición represiva sin orden por escrito? Antes, y para consagrar su conversión ideológica, Milani debería retirar del Patio de Honor del Colegio Militar de la Nación las letras doradas en homenaje al Operativo Independencia de Tucumán, su cuna guerrera.

*Sociólogo y periodista.