Nunca más “rural” la Feria llamada “del Libro”. La crisis, y su crisis, la enfrentaron al espejo. Repitió retórica sobre la influencia del libro en la especie pero privilegió al dinero. Pague ¡10! pesos y “verá la vida color de rosa”. Tal su tasa de embarque a una cita con la cultura. Nadie paga por entrar a una ferretería a comprar un triquitraque o a una pizzería (por lo obvio) Las del Libro de Madrid, Guadalajara Nueva York, Barcelona, Bologna y demás, son gratuitas.
En la nuestra, si la gansa no se pone, no hay lectura. La feria huele a feria, a zoco, a mercado, a cashba, a plin caja. Oblados los 10 pesos, el mundo del revés de la feria se aprecia en el arranque. Un insólito bullicio infantil en el mega stand del Banco Central . Don Dinero otra vez. Sus cerebros no tuvieron mejor idea (y la Feria aceptó) que instalar… ¡Un Cajero Automático Para Niños! (triple sic)
Indagado, un azafato bancario respondió molesto que “la idea (sic) es educar a los niños para el día de mañana”. Digamosló: la Feria está en pecado mortal. Lleva 35 años sin resolver su contradicción mayor: ser Feria de la Mercancía, no del Libro. Lo suyo es, desde el ingreso pago, en más, el recinto ferial de la Caja Registradora.
Inflada de altísimos propósitos que traiciona la Feria no es más que una inmensa vaca echada que rumia plata entre colores que marcan status y “valores”. Amarillo (sellos más fenicios), verde (algo menos fenicios), azul (nada fenicios). Los mejores sitios los obtienen los sellos que presentan más títulos “basura”. Los que (tras la cortina de humo de ciertos libros consagrados) colman sus mesas de esperpentos varios: autoayuda (¿?), best sellers, long sellers, mágicos, bélicos, golpes bajos, plomos, etc.
Son los “géneros” que terminó por implantar Herr Bertelsmann, rey global del libro. El teutón impuso a fierro su “primera enmienda”: no editar nada que no asegure 5000 ejemplares de venta. La onda cursilight se adueñó del mundo. Por ella, de acudir hoy el joven Faulkner con original de “El sonido y la furia” se lo rechazarían previo pedido de un texto a la moda: "algo sobre la muerte de Lincoln, pero novelado, ¿sabe?".
Dar primacía a los libros para drogar, no para despertar y vivir, consagró la primacía del libro con “paco”. Dos tercios de las firmas alientan esos “bodrios” fatales. Sus propios autores se ven superados por una fama que les cuesta entender como llegó. Igual acuden y suman el fetiche de su firma a la Feria del Circo.
Este año, como cada año, los editores “$grandes$” dirán “el sector está en crisis”. La Madrina Marta Díaz achacó la floja marcha de la Feria que culmina, entre otros motivos, “a la fiebre porcina”. A la Feria del Libro le hace falta un baño de sinceridad. Va de mercado y presume de templo. No necesita maquillarse de espiritualidad.
La de Frankfurt es franca: no ingresan lectores sino mercaderes que pujan por derechos y precios. Si es del Autor al Lector que al menos un año lo sea. Entrada gratis, 200 actos en profundo y no 1000 lights. Apoyo al autor que es quien enfila las letras y suma renglones. Y que se acabe el acto innoble de convertirlo en vendedor con el pretexto de la firma. ¿No es (con el papel del árbol) la primera materia de un libro?
(*) Especial para Pefil.com