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COLUMNISTAS / ESTRATEGIAS
domingo 11 marzo, 2018

Misión: reelección 2019

El oficialismo apunta a recuperar la imagen de Macri y un vice con votos propios. Cuatro rutas opositoras.

por Carlos De Angelis

2019 Mauricio Macri Foto: DIBUJO: PABLO TEMES

A pesar de que faltan unos dieciocho meses para las PASO de 2019, el macrismo, con tiempo y dedicación, comienza a prepararse. Para ello debe delinear las estrategias y los escenarios posibles para afrontar con éxito los múltiples desafíos del proceso electoral, pero con la mente puesta en conservar el lugar del inquilino actual de Balcarce 50. Mientras el peronismo recién está comenzando a percibir los posibles costos de otra derrota electoral, ocho años lejos del calor del poder central, el oficialismo, con recursos y planificación, orienta a sus equipos de investigación a analizar todas las posibilidades para el objetivo de pervivir en el poder.

El oficialismo tiene para sus adentros dos noticias, una buena y otra mala. La buena es que cree que la caída de la imagen presidencial es coyuntural y que para la segunda mitad del año se recuperará. La mala es que los distintos escenarios posibles muestran que si las elecciones se realizaran en estos días, Mauricio Macri perdería en segunda vuelta si el peronismo fuera con un candidato único medianamente competitivo. Incluso si la candidata fuera Cristina Fernández de Kirchner. Sería una reproducción del caso Daniel Scioli de 2015, que con más contrincantes pudo ganar las PASO y las generales, para perder en el mano a mano con Macri. Es verdad que los enormes errores en la campaña del Frente para la Victoria de aquellos días no se reproducirán, como por ejemplo, el desastre del debate que decidió a muchos votantes de otras fuerzas a volcarse por el candidato de Cambiemos.
De aquí que se deducen tres caminos que el oficialismo debe transitar para que el Presidente obtenga su reelección sin sobresaltos.

1) La recuperación de la imagen presidencial. Este punto aparece como clave, pero puede no ser decisivo si se logra fragmentar a la oposición, pero arriesgando sus posiciones a la voluntad de terceros. El eje, en realidad, tiene dos cuestiones, primero la propia actuación del Presidente y su gobierno, pero luego, el hundimiento de los posibles contrincantes.

Por supuesto que el ascenso de la imagen de Macri depende principalmente del desempeño de la economía. El camino del gradualismo se ha traducido en una economía con un crecimiento débil, y con el efecto de “piloto automático”: la creencia de que si no hay un ministro de Economía fuerte dirigiendo, no lo hace nadie, bajo la esperanza de que, si se hacen las cosas bien, llegarán las inversiones, que hoy están en apenas 15% del PBI. Algunas inversiones probablemente vendrán, pero para ramas de actividades donde el país tiene ventajas competitivas o retraso en su desarrollo, como turismo, aviación comercial, o maquinaria agrícola. Pero el Gobierno ahora comienza a luchar contra el reloj, puesto que en este tipo de crecimiento tiene mínimo impacto sobre el consumo o el empleo, y el oficialismo tampoco cuenta con tiempo de dar un volantazo a la derecha con el desembarco de los halcones como Carlos Melconian.

La táctica actual del Gobierno, como se ha observado esta semana, es llevar una agenda alternativa sobre otras demandas sociales, como la expansión de los derechos de las mujeres, una mayor rigurosidad en los ataques sobre el sector empresarial, el ordenamiento de la Justicia (resistido por los jueces), un mayor control de las migraciones, y el énfasis en la “mano dura” policial, que es una apuesta de alto riesgo, pero con beneficios potenciales en términos electorales. En síntesis, una agenda ecléctica, que busca satisfacer simultáneamente a diferentes targets de público, aunque el desarrollo de cada uno enoje a otros.    

2) La construcción de una fórmula con un/a compañero/a que aporte votos propios. El objetivo sería revertir lo que no sucedió con Gabriela Michetti. Esta contribución tendría que asegurar el 40% necesario para ganar la primera vuelta. Todas las miradas se vuelcan en María Eugenia Vidal, la estrella política del macrismo. Pero claro que esta cuestión agita la interna bonaerense: Vidal ya ha expresado su falta de interés para la vicepresidencia. No obstante, igual se barajan las alternativas para retener la Provincia, la primera es el propio Marcos Peña, pero hay otras posibilidades en danza que no descartan algún outsider. Otra hipótesis fuerte es que el vice provenga de otra fuerza política, por ejemplo, el cordobés Juan Schiaretti o el salteño Juan Manuel Urtubey, con la discusión eterna sobre los riesgos de un vicepresidente con perfil (y ambición) propio.

3) La fragmentación de la oposición. La idea sencilla es que el 60% de los votantes que en las encuestas plantean que votarían a la oposición se disperse en diversas listas para que ninguna llegue al 30%, y quedar debajo de la diferencia de los 10 puntos que pide el excéntrico artículo 98° de la Constitución Nacional. Hoy el panperonismo se organiza en cuatro vectores con cierta movilidad intra:

A) El peronismo federal, que representa a los gobernadores y tiene entre sus referentes principales a Miguel Pichetto, Diego Bossio y el ascendente salteño Pablo Kosiner, con hegemonía en el Senado.

B) El kirchnerismo, con la referencia omnipresente de Cristina Kirchner, que todavía sostiene un bloque de 65 diputados nacionales, y su potencial electoral.

C) Con cierta vida propia, el bloque de intendentes bonaerenses que encabeza el también ascendente Gustavo Menéndez

D) Finalmente el massismo, dispuesto a retornar a un peronismo unificado bajo ciertas condiciones, y que buscará plantear una agenda económica para atacar el flanco débil del Gobierno. Si bien Massa está haciendo su propio “retiro espiritual”, su bloque de 17 diputados propios cuenta con nombres de peso y conocidos por el gran público, como Felipe Solá, Graciela Camaño y Marco Lavagna. El acuerdo en ciernes entre Massa y Pichetto promete desbalancear el equilibrio inestable entre los diferentes vectores peronistas, esperando superar el conflicto central que pasa, como hace dos años, por el rol de Cristina, poseedora de un caudal de votos que le permite tener un lugar clave electoral, pero no llega por sí sola a los 30 puntos para pasar la primera ronda. En la búsqueda de que esta dispersión se cristalice, debe interpretarse el anunciado retorno de Eduardo Duhalde, al cumplirse 15 años del abandono de su breve presidencia.

*Sociólogo
(@cfdeangelis).


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