COLUMNISTAS
amor a a la lectura

No rompan los medios

default
default | Cedoc

La sentencia de la Corte salió balazo después de las elecciones y sirvió para que el kirchnerismo de hoy, es decir, el cristinismo papalizado, hiciera la señal de la cruz y se persignara: dios, que es argentino, apretó el domingo pero no los ahorcó el martes; también resultó utilísima para que Casandra Carrió, espejo oval del mal, volviera a ejecutar su rol de denunciante no escuchada y encontrara su nueva bestia negra en Lorenzetti. La virtud del demonio, como bien sabían algunos antiguos teólogos, es organizar las cosas para que nadie crea en su existencia. Hablando de milagros, Lilita consiguió además persuadirnos de que existe al menos un peronista, Kunkel, que sabe latín.

Y ya que de hechos celestiales se trata, nunca terminaremos por saber del todo cómo se contaron los porotos en las cumbres leguleyas, pero será curioso de ver la manera en que los oficialistas, que embadurnaron de sospecha y tiraron una que otra oportuna presión a los magistrados, acusándolos de ser miembros de la corpo e integrantes ellos mismos de una casta privilegiada y etcétera etcétera, se las arreglan ahora para exonerarlos de lo dicho y afirmar en consecuencia que siempre creyeron en su independencia y elevación de criterios, logrando encima enceguecernos a la evidencia de que jueces y legisladores terminan siempre pateando penales a favor del Ejecutivo. O quizá esto no sea tan así, quizá el dictamen a la ponderable altura de miras de los miembros del tribunal, que oteando desde la cima pueden atisbar mejor que otros cuando y donde se quiebra un poder, y cuando y donde solamente desfallece de momento. Lo que, dicho en pocas palabras, pareciera indicar que el cristo-cristino-kirchnerismo está lejos de agonizar y morir, como le pronostican.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

Pero Clarín no morirá tampoco, qué esperanza. Lo leo todas las mañanas, por simple amor de la lectura. Es el diario más gordito, y enojado rinde óptimamente a la hora de arrempujar las medialunas. Quizá la reducción de sus negocios le estimule la inventiva, como debe hacer cada argentino para sobrevivir aún en estos tiempos de patria inclusiva. Aún más, quizá la sentencia sirva para que, entendidas la política y el periodismo como integrantes litigiosos y solidarios de la gran industria del entretenimiento, con el valor agregado de que sus hechos producen efectos inmediatos en lo real de las vidas cotidianas (mientras que la literatura es lo real verdadero pero demorado), ambas partes dejen de fastidiar con el mismo asunto en el reparto de negocios, culpas y valores, y se dediquen de una buena vez a no rompernos las bolas con la repetición y empiecen a contar algún otro cuento. Sería ideal que así ocurriera, pero me temo que sólo se viene otro capítulo recargado de la misma serie. Por suerte, los pocos buenos lectores que aún existen podrán consolarse con el trato de algún libro.