Nos mandamos mails con mi amiga venezolana y también con mi amigo colombiano y a cada rato tengo que preguntarles qué quiere decir tal cosa o tal otra. Aparecen unas palabras rarísimas o quizás incluso algunas que ninguna señora seria como yo debe pronunciar en sociedad, no por lo menos en este país, y hay que pedir explicaciones. Bueno, ellos también me preguntan qué quiere decir langa o canyengue y ahí la que explica soy yo. Recurro ahora a otro amigo, pero este rosarino de pura cepa, que me dice que el portugués y el brasileño –caramba, ¿existe el brasileño como idioma?– se han separado mucho más que el argentino, para seguir con las licencias y las dudas, que el argentino y el español. Aparte de que yo no estoy muy segura de que exista el idioma español y sí de que existan el catalán, el vasco, el gallego, etc., aparte de eso, llego a preguntarme si es que existe América latina o si es solamente una sensación o un reacomodamiento, como dicen nuestros políticos, en un caso cuando hay sesenta asesinatos por día y en el otro, cuando los bifes suben el cuatrocientos noventa por ciento en la ganchera. Lo que me parece es que ya no quiere decir nada eso de que “es el único continente en el cual en todos los países se habla el mismo idioma menos claro el Brasil pero a los brasileños los entendemos sobre todo a los del sur y cuando hablan lentamente”. O por lo menos de que si quiere decir algo, ese algo es un tremendo error. Me voy a arriesgar a una opinión herética: ¿y si dentro de un tiempito llegamos a necesitar un intérprete cuando vamos de visita no digo a Uruguay que está tan cerca pero sí a Perú o a Colombia? O tal vez no. Tal vez todos volvamos a entendernos hablando la nueva lingua franca, el chino mandarín.