COLUMNISTAS
Coparticipación

Pelea territorial mata necesidad real

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Alberto Férnandez. Un presidente que se pretende “el más federal de los porteños”. | Marcelo Escayola

En modo suma cero, por el arreglo con el Fondo y el fallo de la Corte, el Presidente “se faja” con Larreta, a quien “le factura” la falta de obra pública en la inauguración de un acueducto en Santiago del Estero, que costó “lo mismo que reclama la Ciudad”. Lo invita a él, que no gobierna, ante quien lo hizo cuatro mandatos, “a ver” que allí se discute el agua, no el subte, casi un capricho monegasco, como el estadio corte qatarí que hizo el gobernador provincial en el 2021, pero que mueve cada día la masa porteño-bonaerense a labrar la parte del león de una coparticipación de la que la Santiago es primera beneficiaria. Como si el acceso al agua segura no desvelara a casi medio millón de porteños. En Misiones, en un acto de entrega de viviendas pidió a “su” ciudad que deje de lado su “opulencia”. Apelar a un objeto para que haga algo, o para pelearse: “yo me peleo con mi ciudad” (si lo votara no se pelearía tanto), no es posible, son sus habitantes el objeto subconsciente de reproche. En cualquier caso, exhibe abyección hacia quienes sufren una crisis habitacional apuntalada por ríos de tinta, inabordable sin el Estado nacional. Confundir sociedad y territorio es común a una política que lee en su conquista la clave de la hegemonía. El rol jugado de cara a la puja distributiva se traslada al territorio tornándose en pelea por la coparticipación. Ardid que invisibiliza o subordina el conflicto social interno en toda provincia a una pelea entre éstas. Un horticultor o un trabajador de un obraje tiene más intereses comunes con el monotributista, que le subió 80% el alquiler en CABA, que con dueños dinásticos o funcionarios coprovincianos que se aumentaron la dieta dos salarios medios en pandemia. En el mismo sentido quitar fondos a CABA para dárselos a Buenos Aires, al margen de su destino, o ejecución real, implica transferir recursos potenciales del 37,2% de pobres de las comunas sur de CABA y miles de inquilinos de clase media, hacia los habitantes, muchos, “opulentos”, de más de mil barrios cerrados del Conurbano (trescientos con gestión en trámite que subtributan).

Intentos espasmódicos y truncos de revertir la desigualdad espacial en el país con “polos de desarrollo” o exenciones impositivas sucumbieron a la inercia de un feroz crecimiento metropolitano, acaso el mayor subsidio indirecto a una Ciudad que organizó su hinterland pampeano a expensas de un interior languideciente. Las asimetrías en la coparticipación son un analgésico al paciente equivocado. Los límites internos fueron concebidos en un escritorio sevillano antes de 1810 conforme a intereses tan ajenos a un proyecto de Nación como a la organización política de los pueblos previa a la Conquista. Provincias que representan más intereses de unos pocos, en las que la sobrerrepresentación del valor de voto y bajo nivel educativo favorecen la identificación crónica entre poder político y económico, que a la escala y el modo en que se inscribe el funcionamiento de la economía global en el territorio del país. Impidiendo avances en el aprovechamiento de potencialidades que configuran espacios que las desbordan. La geografía desarrolló conceptos superadores, incluso que el de región, que captan la expresión espacial del proceso de circulación y acumulación de capital bajo la globalización y sus conflictos, permitiendo entender y abordar los cambios territoriales para definir políticas de Estado. Refinar la toma de decisiones, identificando beneficiados y perjudicados hacia una fiscalidad progresiva que grave sujetos no objetos.

Asignar fondos sin un mecanismo de seguimiento y rendimiento de cuentas, in absentia de un proyecto de desarrollo que consigne “sentido” a las economías regionales articulando complementariedades entre provincias y municipios y prioridades de obra estratégica, no es federalismo.

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Del mismo modo que el consenso transversal inédito de evitar el default y una inflación alta no es una capitulación al liberalismo, un presidente que se pretende “el más federal de los porteños” ha de saber que para distribuir la “torta” nacional hay que generarla y para eso lo urgen, más que sus votos, los recursos de una economía metropolitana a la que viene tratando como a la gallina de los huevos de oro.  

*Profesor y Licenciado en Geografía UBA. Mg. Problemáticas Urbanas.