sábado 25 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS contradicciones
28-08-2021 23:55
28-08-2021 23:55

Peleas en el Frente contra Todos

El Presidente y su vice están furiosos uno con la otra. Reina el desamor en la coalición oficialista, entre acusaciones mutuas.

28-08-2021 23:55

Nadie de su entorno sabe bien a qué atribuir lo que le está pasando a Alberto Fernández. Lo único cierto es la constatación de un comportamiento que ha terminado de hacer de él una caricatura. Sus actitudes, sus dichos y sus contradicciones son cosas de todos los días. A ello hay que agregarle la ausencia de gestión y el entuerto legal de creciente voltaje político que representa la fiesta de Olivos –el Olivosgate– y sus circunstancias. La autodefensa pergeñada por el Presidente, presentada ante el fiscal Ramiro González horas antes de que lo imputara, contiene falacias y argumentaciones disparatadas.

El jefe de Estado pretende ampararse en el hecho de que no hubo contagios detectados entre los asistentes a la “fiesta inolvidable” para eludir su responsabilidad penal. Curiosa postura de un docente de Derecho Penal de la Universidad de Buenos Aires. En el artículo 205 del Código Penal se lee lo siguiente: “Será reprimido con prisión de seis meses a dos años el que violare las medidas adoptadas por las autoridades competentes para impedir la introducción o propagación de una epidemia”.

De la lectura surge claramente que no hay ninguna mención a la existencia de contagios como condición sine qua non para configurar la existencia de un delito. Los profesores de Derecho Penal explican el significado de esta situación con un ejemplo muy claro: si una persona tuviera en su poder un arma que no está registrada, estaría cometiendo un delito por el hecho en sí e independientemente de si esa arma la utilizó o no para matar o dañar a alguien.

Arguye el Presidente que la fiesta constituyó un acto privado. Como se advierte en el texto del artículo 205, no hay ninguna alusión referida a que la pena a la violación de la norma se halle condicionada al ámbito –público o privado– en el que se hubiera producido.

Otro de los argumentos falaces expuestos por AF es que, en su calidad de presidente, estaba exceptuado de cumplir las normas del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO). En realidad, las excepciones al ASPO se establecían con la finalidad de que las personas esenciales pudieran acudir a sus lugares de trabajo a fin de desarrollar sus tareas. La excepción no se aplicaba a la posibilidad de organizar y/o participar de fiestas.

En otro de los párrafos del escrito por él redactado, el Presidente expresa: “Se puede advertir la inexistencia de delito, más allá del reproche moral o ético que pueda merecer, pero eso ya no es cuestión ni ámbito de la Justicia Penal”. Es impactante leer esta minimización de lo que representa una conducta antiética o inmoral. A Alberto Fernández lo tiene sin cuidado la inmoralidad de sus conductas. Pocas veces se ha visto a un mandatario denigrarse a sí mismo de una manera tan flagrante.

“Cuando estalló el tema de la foto, se decidió que Leandro Santoro y Victoria Tolosa Paz carguen con la defensa pública después de lo dicho por Cafiero y las declaraciones del propio Alberto. Ahora no sé qué van a hacer, la tienen cada vez más difícil”, señala con preocupación una voz del entorno albertista.

Cristina Fernández de Kirchner está enojada con AF. En verdad, la palabra que mejor define los sentimientos de la ex presidenta en funciones no es enojo sino furia. Sin embargo, el Presidente no es ajeno a esos sentimientos. En las conversaciones que tiene con los interlocutores a los que suele llamar en las tardes-noches de sus largos días, hace conocer su enojo y sus diatribas hacia CFK. Es que en el Frente contra Todos reina el desamor.

Los disparates de Alberto Fernández. El jueves por la noche balearon al diputado provincial Miguel Arias, del Frente de Todos, en pleno acto de campaña en la provincia de Corrientes. Más allá de lo repudiable del hecho por lo que representa como muestra de violencia política y/o de alguna otra causa, el Presidente cometió un nuevo error desde su cuenta de Twitter.

Clima de desasosiego

El furcio derivó en la rápida respuesta de Gabriel Arias, hijo del dirigente del Frente de Todos, quien desde su usuario replicó a Fernández: “Hola Alberto, mi viejo no es candidato. Ya es diputado hace casi 2 años, en el partido que VOS encabezás. Me parece una total falta de respeto y atención para nosotros que ni siquiera hayan verificado quién era”. A las pocas horas, el tuit fue corregido y el comentario eliminado.

Respecto al tremendo episodio de la maestra de la Escuela Técnica N° 2 de Ciudad Evita Laura Radetich, Fernández dijo a Radio 10: “Ayer escuchaba un enorme cuestionamiento a una maestra que se tensa en un debate con un alumno. Yo soy profesor de la Universidad de Buenos Aires hace 37 años y siempre he dicho que lo más importante que un profesor tiene que hacer es sembrarles dudas a los alumnos”.

El encubrimiento del Presidente es aún más grave que lo ocurrido en el aula. En primer lugar, avaló la violencia con la que la responsable de guiar el proceso de aprendizaje y no de adoctrinamiento se dirige al estudiante a los gritos, utilizando insultos e interrumpiéndolo cuando intenta manifestar una postura distinta a la suya. En segundo lugar, avaló la descalificación en forma despectiva de los ingresos del padre del alumno y sus posibilidades de darle un presente mejor. En tercer lugar, el Presidente tergiversa la realidad al calificar como “debate que hace sembrar dudas a los alumnos” a un acto de adoctrinamiento que obliga al pensamiento único y lo único que puede sembrar es frustración y temor. Para coronar este cúmulo de actitudes cínicas, el Presidente repitió –una vez más– que es profesor de Derecho de la Universidad de Buenos Aires hace 37 años. Un presidente sin conocimiento del derecho penal (que viola las normas que él mismo redacta), sin sentido común y sin altura moral para desempeñar el cargo luego de quedar preso de sus propias mentiras.

El otro descolocado es el ministro de Educación, Nicolás Trotta, “que volvió a quedar de la vereda de enfrente con sus declaraciones aunque esta vez se lo nota más tranquilo”, aseguró una fuente que frecuenta la Rosada. En el entorno del ministro dicen que “primó el sentido común en sus declaraciones” y que “no sintió un desaire pero sí sorpresa” por la defensa del Presidente a la docente militante.

“Debe estimarse en muy poco vivir en un país donde las leyes pueden menos que los hombres”, escribió Nicolás Maquiavelo. Es el país que está construyendo Alberto Fernández.