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Persecuta

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| Cedoc

Sigo con el más pleno interés, y sin nada de ironía, lo que dicen los antivacuna, lo que dicen los antibarbijo, los irrevocables refutadores de la utilidad del distanciamiento social. Si escriben, los leo; si hablan, paro la oreja. Me interesan, y hasta me fascinan. No por lo que dicen, que más bien me alela, sino por el lugar desde donde lo dicen, por su lugar de enunciación. Me intriga esa perspectiva, ese modo de posicionarse; me intriga esa colocación, la de quien dice: “A mí no me engañan”. Acaso con esta variación subyacente: “Engañan a todos, pero a mí no; engañan a todos, menos a mí”. Al cabo de cierto tiempo, y con efecto retroactivo, ese texto habilita este otro: “Lo supe desde un principio” (no “lo sospeché desde un principio”, como alegaba el Chapulín Colorado, sino “lo supe”, “lo dije”, “lo avisé” desde un principio).

No discuto la vacuna, el barbijo o el distanciamiento; son temas que desconozco, me remito a los que saben. Me detengo en los discursos y en lo que esos discursos implican. Me interesa esa combinación singular de máxima suspicacia (“engañan a todos”) y máxima certeza (“menos a mí”), esa drástica desconfianza (“todo es mentira”) concluyendo en certeza total (“menos lo que digo yo”). La certeza no proviene de la duda, como en Descartes, sino de la autoeximición de dudar: Cogitant, sed non cogito. Ergo sum.

En alguna de sus tantas novelas geniales, César Aira propuso una noción, la de “narapoia”. Inversión de la paranoia, que consiste en sentirse perseguido, la narapoia consistiría en tener la sensación de que se está persiguiendo a alguien. ¿Cabrá postular una tercera variante, o una subvariante de la paranoia tradicional, para designar a quien presume que las conspiraciones mundiales existen, pero hay uno (uno que, obviamente, es él) que lo sabe y que se escapa?

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Podemos pensar, tal vez, en lo que Astor Piazzolla ha hecho con el legado de Bach: tornar la fuga en persecución, lo que va de “Fuga y misterio” a “Persecuta”. Persecuta, término que alude a la persecución pero también a la paranoia. Como si las notas se fugaran porque creen que las persiguen. Y producen la persecución (un efecto de persecución) por el hecho de ponerse en fuga. “No te persigas”, se le suele recomendar al que se siente perseguido. Se le avisa de esa forma que en verdad se está persiguiendo solo. Y que es por eso que da en suponer que es el único al que no agarran.