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Por la vida

Muchos de los que defendemos la vida apoyamos despenalizar el aborto: si se aprueba no aumentarán ni disminuirán, pero se harán en condiciones saludables y no morirán más mujeres por esta causa.

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Multitud. Por la despenalización. Si se aprueba no se incrementarán ni disminuirán los abortos, pero se harán en condiciones saludables y no morirán más mujeres. | ap

En todos los países desarrollados la ley permite el aborto voluntario, no existen abortos clandestinos, ninguna mujer muere por esta causa. Muchos países de Africa y América Latina penalizan el aborto. Eso no impide que todos los años millones de mujeres recurran a esta práctica que a veces les cuesta la vida. Es por eso que muchos de los que defendemos la vida apoyamos la despenalización del aborto. Si se aprueba no se incrementarán ni disminuirán los abortos, pero se harán en condiciones saludables y no morirán más mujeres por esta causa.

Tampoco habrá ni más ni menos mujeres en la cárcel. En algunos países africanos y del Medio Oriente se aplican penas horrendas a quienes no cumplen con sus normas sexuales, con el rechazo de la comunidad internacional. Hay organizaciones que prenden la alarma cuando se va a lapidar a una mujer y otras que luchan en contra de la extirpación obligatoria del clítoris que se practica en varios países islámicos. Hemos participado de varias cibermovilizaciones mundiales para detener estas brutalidades. Si se hubiese aplicado la disposición que pena el aborto en Argentina se habría apresado a cientos de miles de mujeres por año, las cárceles estarían atestadas y haríamos el ridículo universal. Felizmente no hay mujeres detenidas por abortar. Si se deja de penalizar el aborto, se deroga una disposición legal que no se aplica, porque a los jueces les da vergüenza hacerlo.

Ninguna mujer aborta porque le parece divertido hacerlo. Para tomar una decisión como esta cada una de ellas tiene sus propias motivaciones surgidas desde los complejos laberintos de su biografía y su psicología. A algunos les gusta juzgar a los demás y condenarlos por cualquier causa. Quienes creen que existen mujeres que tienen el hobby de abortar son hombres incapaces de comprender la realidad de la mujer. Si se deroga la criminalización del aborto no se incrementará el número de abortos.

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Esos son hechos: se discute la derogación de una disposición legal que nadie respeta.

Otro es el ámbito de las creencias. Cada persona es libre de creer lo que quiera mientras no trate de imponer su fe a los demás. Hay quienes prohíben el uso de anticonceptivos porque suponen que atentan contra la vida y los planes de algún dios. Hasta hace poco esta creencia estaba difundida, hoy casi ha desaparecido. Antiguamente en Occidente, y todavía en algunos países islámicos, se creía que el cuerpo de la mujer es fuente del mal y se lo oculta con vestimentas estrafalarias.  Algunos creemos que las dos revoluciones que cambiaron a la humanidad en el siglo XX fueron la revolución tecnológica y la incorporación activa de la mujer en la sociedad, a partir de la difusión de los anticonceptivos. Desarrollamos el tema ampliamente  en el libro Mujer, sexualidad, internet y política, que publicamos con Santiago Nieto hace más de quince años. En los próximos días saldrá una nueva versión corregida y aumentada.

El paro mundial de las mujeres del 8 de marzo fue el detonante de bastantes reivindicaciones de mujeres que se sienten excluidas y quieren acabar con algunas de las taras de esta sociedad machista. La exigencia de la derogación de una ley inaplicable es solo el inicio de la lucha por temas más amplios que estarán en la agenda de los políticos durante la próxima época. La marcha expresó algo más profundo que reivindicaciones: más allá de las teorías, la cultura occidental es la primera de la historia que incorpora elementos de sensatez provenientes de la visión femenina de la vida. La violencia está cada vez más desprestigiada, la guerra se ha proscripto, al menos dentro de Occidente, la ecología reemplazó a la cacería como actividad prestigiosa. Todas esas transformaciones tienen que ver con la importancia que cobró la mujer en la sociedad capitalista. Los países socialistas fueron machistas y no aportaron nada en ninguno de estos temas.

La marcha a propósito del paro mundial fue imponente. Millones de mujeres se movilizaron en todo el mundo reclamando sus derechos. En Argentina una multitud se agolpó frente al Congreso espontáneamente sin los colectivos para acarrear gente que son habituales. Hizo el ridículo una señora que leyó un manifiesto destartalado e incoherente en contra del capitalismo y de un gobierno elegido por la mayoría de las mujeres, con incoherencias como el homenaje a las mujeres que promovieron la revolución soviética. Resulta de pronto que los marinos del Potemkin, Lenin, Trotsky y Stalin han sido mujeres. El fanatismo reaccionario, triturador de ideales, que pudrió a mujeres que eran admiradas en todo el mundo convirtiéndolas en gerentes de empresas y sueños compartidos de mala laya, quiso trasformar  una lucha idealista en un piquete. No lo consiguieron. Las asistentes estaban muy por encima del panfleto de una secta.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.