COLUMNISTAS
Inicio de clases

¿Qué podemos esperar?

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Presencialidad. Este ciclo trae consigo diferentes cambios, sobre todo a los años previos al covid-19. | cedoc

El inicio de clases trae consigo una serie de expectativas para el estudiantado, profesorado, las instituciones educativas y las familias, claro que también nos proporciona miedos y temores.

Este ciclo lectivo, será diferente a los dos vividos en pandemia, pero especialmente será distinto a los previos al covid-19, por diversas razones.

La pandemia educativa, nos obliga a seguir insistiendo en la necesidad de recuperar e integrar a todo quien deba estar en instancias formativas, en especial en la educación obligatoria. Esto no es solo una obligación moral, también el desarrollo a futuro depende de ello, no podemos dejar a nadie atrás.

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La vuelta a la presencialidad física plena, como definición central, marca un punto de no retorno en materia de políticas públicas. Atrás quedaron las ideas y vueltas incomprensibles en relación a lo educativo. Esto aporta claridad, después de tanta opacidad pública y favorece la planificación en las comunidades de aprendizajes.

En este año se consolidará algo que la pandemia promovió sin permiso: la reconfiguración de las relaciones dentro de la comunidad educativa, no solo en cuanto al vínculo entre quienes enseñan y quienes aprenden, sino también entre el profesorado, dentro del estudiantado y de todos con las instituciones educativas.

Las nuevas formas de trato y vínculo impactaron en la reconstrucción de identidades dentro de las comunidades. Las instituciones deben tener la flexibilidad y capacidad de comprender estos cambios y generar relaciones virtuosas.

La salida de la educación de emergencia permitirá institucionalizar el uso de tecnologías educativas y de gestión que deben ser vistos como herramientas para beneficiar, tanto la docencia y los aprendizajes, como la gestión. Despapelizar la gestión educativa, no solo la hace más ágil, también la vuelve más amigable con el ambiente.

La vuelta a la presencialidad plena, indispensable para el mejor desarrollo de contenidos, prácticas y habilidades socioemocionales, debe ser inteligente, sin excluir otras presencialidades. Esta perspectiva nos ofrece oportunidades para aprovechar escenarios alternativos según la coyuntura, nivel educativo, disciplina, etc. Fortaleciendo la presencialidad física y extendiendo los vínculos de la comunidad académica.

Es así como en caso de ser necesario, existan propuestas de alternancia de presencialidad física con virtualidad y en las instituciones que sea posible, contar con aulas hibridas, en las que las clases se realizan sincrónicamente, tanto para quienes estén en el aula, como para quienes estén virtualmente.

Estos escenarios, dependen de las posibilidades de su desarrollo en cada nivel educativo y de la voluntad institucional. Por ejemplo, lo “blend”, puede complementar y enriquecer la presencialidad plena, extendiendo la jornada educativa o facilitar el acceso a quienes no puedan asistir, hoy sabemos que hay herramientas para hacerse presente.

Si la presencialidad se convirtió en presencialidades, la ausencia, también está en jaque. Esta revisión, debe permitir potenciar el acceso a la educación a personas que no se encuentran en el aula, porque no podemos sostener los niveles de abandono y baja graduación en el sistema educativo.

Por suerte para tomar definiciones, tendremos los resultados de las pruebas Aprender, realizadas el año pasado. Eso nos permitirá formular políticas en base a datos y no relatos. Otro aspecto fundamental en este año es la obligación de iniciar la implementación de la educación ambiental integral, fijada en la Ley 27.621. La realidad nos dice que es ahora cuando debemos formar para el cuidado del planeta y de la propia humanidad.

Motivos sobran, ejemplos duelen. En definitiva, tenemos la responsabilidad de tener presente las evaluaciones y los aprendizajes realizados, para tomar decisiones e iniciar el camino hacia una mejor educación.

*Miembro del Consejo de Gobierno de Unesco-Iesalc.