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Rejtman por Rejtman

Cuarto sucio, ubicación peligrosa, nuevo libro de Martín Rejtman, publicado por la Universidad Diego Portales de Chile, es el resultado de mucho tiempo viajando y tomando apuntes. El formato habilita un método para recomendarlo: abrirlo al azar y ver qué pasa. Página 106, por ejemplo: Iowa City, año 2000, una fiesta. Rejtman prueba vinos mientras deambula por una casa demasiado iluminada; primero un australiano malo, luego un italiano algo mejor y por último un español superior a los dos anteriores, aunque mediocre. Ve al anfitrión sacar una botella de su colección personal –a la que nadie puede soñar con acercarse– para compartir con un solo invitado: “Inmediatamente volvió a poner el corcho en la botella y estaba a punto de guardarla cuando me decidí a acercarme, ya un poco borracho después de todo el vino que había probado. Spencer, por favor ¿puedo probar un poco de tu vino? Spencer me sirvió sin demasiadas ganas. Le pregunté de dónde era: California, me contestó. Lo probé. El español era mejor”. En la página 107, seguimos en Iowa. Rejtman asegura que pasó por un restaurante japonés llamado The Tree Musketeers, donde está el grupo con el que comparte residencia. Le dicen que por lógica debe llamarse The Tree Samurais. “No, Musketeers. Juré yo. Lo vi escrito, lo tengo grabado en mi mente. Mi memoria visual nunca falla”. Un día van. “Cuando llegamos había un cartel enorme que decía The Tree Samurais”.

En la página 77, estamos en Múnich. Le han prometido que va a conocer una casa en la que vivió Murnau. “Miro el edificio. ¿Un local de Zara?”. Desconcertado (ni siquiera hay una placa) y sin explicaciones por parte de quienes lo llevaron, Rejtman busca data en internet en vano y consulta a la IA: “En esta época, julio de 2024, ChatGPT prefiere inventar cualquier cosa antes que admitir que no sabe nada del tema”. Página 13, Tokio 2011: “En la calle hay muchos carteles de no caminar y fumar al mismo tiempo”. Página 155, Siem Reap, Camboya, al año siguiente: “El hombre del hotel que me lleva a mi cuarto me pregunta si necesito una chica para esta noche”. Unas líneas más abajo, en el desayunador: “Unos franceses tienen a la hija atada con una correa a la silla (…) mira dibujitos en un iPhone”. En la página 172 es 2004 y se cruza con una conocida, Tatiana, quien “está con un serbio haciendo un ejercicio de percepción para un workshop: tienen que caminar por Berlín con los ojos cerrados para ver qué es lo que perciben”. En la 51 es 2011 como en Tokio, pero ya está en Washington DC, donde un hecho se repite en un bar. “Me pasó en Nueva York en la Taza de Oro, después de 20 años volví para comer algo y me sorprendí cuando me reconocieron. Aunque es muy posible que me hayan confundido con otra persona, pero el efecto fue el mismo”.

No sé si jugar al I-Ching llega a ser una recomendación, pero me hizo ver algo no había notado en la primera lectura. Cuarto sucio, ubicación peligrosa es un poco como el guion de una película de Rejtman protagonizada por Rejtman haciendo de Rejtman, aunque, al final, se trate menos de él que del resto del mundo.

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