Hay una inquietud desmesurada, a mi modo de ver totalmente desproporcionada, a la espera de una foto que parecería tener la potencia o proyección de marcar derroteros políticos. La Argentina ya se ha habituado a esta noción, según la cual una foto entre determinadas figuras políticas reemplaza el acuerdo explícito, la convergencia programática, el análisis de ideas. Mientras estamos hablando aquí, a través de la radio, la presidente de la Nación y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires participan conjuntamente de un acontecimiento vinculado con la tecnología de las redes sociales. Algo que en cualquier país del mundo es algo natural, previsible o regular, en la Argentina es un gran acontecimiento.
Los medios ya le han tomado el tiempo y abusan de la frase “mostrarse”. Mañana se dirá que “Cristina se mostró con Macri”, o que “Macri se mostró con Cristina”. Por debajo o al lado de ellos no van a faltar numerosos funcionarios de ambos gobiernos que van a “mostrarse” entre ellos.
Quiero detenerme en estos dos conceptos: la foto y el “mostrarse”. Ambos aluden a un episodio intrínsecamente superficial que no pasa de la superficie. Los grandes acontecimientos de cualquier sociedad más o menos compleja como la argentina, en verdad se fabrican y consolidan de manera progresiva y lenta, alejados de las cámaras fotográficas.
Para citar un caso relativamente reciente en la Argentina, porque tiene 20 años, la reforma de la Constitución Nacional, dada la naturaleza de muchos de los constituyentes, entre quienes estaba Raúl Alfonsín, fue un acontecimiento que generó muchas “ocasiones” u “oportunidades fotográficas”. Pero el trámite farragoso, complicado, detallista, en muchos casos frustrante, se realizó al interior de la Convención Constituyente de Santa Fe. Después vinieron el anuncio y la ocasión fotográfica.
La Argentina parece haber abandonado esta noción de que lo importante no es mediático, y la ha reemplazado por otro concepto peligroso y terriblemente superficial: lo único que es importante es lo mediático. Lo mediático deriva en importante, en vez de que la importancia genere cobertura mediática. Por eso, nada más oportuno que tomar este caso como ejemplo, porque en este evento organizado por una de las redes sociales, Cristina Kirchner y Mauricio Macri producen algo que la irregularidad argentina terminó por convertir en excepcional, la coincidencia en un mismo lugar de la persona que ejerce hasta el 10 de diciembre de 2015 el cargo de presidente de la Nación, y quien el cargo de Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, también hasta el año que viene. Se trata de dos cargos perfectamente compatibles, que no coliden, no son excluyentes y representan a electorados y tareas diferentes, pero que por su propia naturaleza deberían trabajar de manera armónica en todo momento. No ha sido así hasta ahora. Al contrario.
La discrepancia que el gobierno nacional ha sostenido desde presuntas posiciones ideológicas con el gobierno de Macri se sigue arrastrando hasta el día de hoy. La prensa, por llamar de esa manera al grupo mediático monumental que armó el Gobierno, sigue castigando día y noche sin cesar las acciones, actuaciones, pensamientos y movidas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Desde esa perspectiva, ¿qué significa este mostrarse juntos?¿Qué significa esta oportunidad fotográfica, en donde una vez más, lo que queda es apenas un documento gráfico que no aparece sustentado sobre ningún tipo de acuerdo ideológico? Significa simplemente eso: marketing, en el sentido más procaz de la palabra, en el sentido más exento de escrúpulos. Presencias, apariciones. Proyección de ciertas ideas.
¿Cuál sería la intención presidencial? Que se piense que la presidente dialoga con todo el mundo, y no le quita el cuerpo a la posibilidad de presidir un acto protocolar con el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En verdad, es absurdo, con sólo pensarlo uno lo puede advertir. Pensemos en cualquier país importante que tiene una capital fuerte, pongamos por caso Berlín, cuyo alcalde es socialista en un gobierno federal cuya jefa, Angela Merkel, es cristiano-demócrata. ¿Cuál es el problema? ¿Dónde está la contradicción? De ninguna manera se la puede advertir, por el contrario. Lo que demuestran estos casos es civilidad, urbanidad, madurez, adultez política. Sin embargo, la Argentina se ha convertido en un caso excepcional.
Tengo para mí que esta coincidencia Cristina/Macri muestra los dilemas intrincados de una política que esencialmente se articula sobre la base de gestos mediáticos, algo no atribuible exclusivamente al gobierno nacional. Es un rasgo muy evidente en toda la colectividad política argentina, en el Gobierno y en la oposición. Consiste en priorizar la oportunidad fotográfica, el “mostrarse” (ese verbo terrible, políticamente fatídico), en reemplazo de la construcción lenta y tal vez poco “divertida” de las grandes decisiones nacionales.
La sustancia queda condenada a la irrelevancia y prevalece el show, el espectáculo. Me dirán que ése es un dato de la vida cotidiana en todo el mundo. Hasta cierto punto, es cierto, no se trata de una exclusividad argentina, pero la Argentina ha convertido a este tipo de movimientos, en el ABC de la vida cotidiana. Todo se define en aparecer o desaparecer, mostrarse o no mostrarse, aparecer para la foto o desaparecer para la foto. Lo más grave es que se trata de un mecanismo que revela el modo de ser no sólo del Gobierno sino que, por el contrario, cubre la entera superficie de nuestra sociedad civil.
Una sociedad la nuestra que vive sacándose fotos (“selfies” o de las otras), mostrándose para las revistas del corazón o la farándula, y una sociedad que no parece, en definitiva, estar demasiado interesada por lo que percibe como aburrido, la lenta, fatigosa, pero sustancial tarea de debatir el futuro del país.
(*) Emitido en Radio Mitre, el martes 6 de mayo de 2014.