COLUMNISTAS
Lenguaje riguroso

Sobre democracias y populismos

28_11_2021_logo_ideas_Perfil_Cordoba
. | Cedoc Perfil

El lenguaje cumple una función importante en la comunicación de ideas. En relación con la política, Sartori distingue tres tipos de lenguajes: el de la filosofía, el de la ciencia y el común, afirmando que en este último “no nos preocupamos de definir las palabras que empleamos” (La Política, FCE). Y se puede constatar que es este último el lenguaje que en general se usa para hablar de “democracia” y “populismo”.

En cuanto a la “democracia”, se olvida que se ha manifestado de forma diferente en distintos momentos de la historia. La democracia griega, que convivía con la esclavitud como modo de producción, excluía a los esclavos y metecos, funcionando con características más próximas a una asamblea de accionistas, mientras Platón proponía un gobierno de filósofos. Una nueva concepción de democracia aparece ligada “al desarrollo de la forma capitalista de la producción, a la extinción progresiva de la división en órdenes estamentales de la sociedad, a la institución de la igualdad jurídica entre las personas” (Portantiero y De Ipola); momento en que las viejas ideas sobre democracia se “solaparan” con las del liberalismo político (Sartori, Teoría de la democracia) y de ahí que por democracia se entendiera la liberal. Luego, los avances de la industrialización y el desarrollo de las fuerzas productivas llevaron a cambios en la organización y complejidad de las sociedades humanas, con la aparición de las clases medias, distintos niveles de calificación de la fuerza de trabajo y otras particularidades como la globalización. Surgen así nuevos conflictos y demandas que no son bien manejadas por la democracia liberal, y así van a aparecer nuevos líderes carismáticos que, aun respetando las exigencias de Dahl (en su La poliarquía), ensayan formas diferentes de comunicación y empatía con sus representados: “democracias delegativas” según (O’Donnell), tema que desde otra perspectiva aborda Laclau en La razón populista.

Pero las coincidencias que pueden observarse entre los diferentes casos en los que se asumen esas nuevas formas de ejercer el poder no se extienden a las políticas económicas que se aplican desde esos gobiernos, lo que surge claramente al comparar los casos de Donald Trump o Jair Bolsonaro con los de Chávez o los Kirchner. Por lo que es un error conceptual, y una estrategia política equivocada, utilizar el vocablo “populismo” para caracterizar también la orientación económica de los mismos; porque, como sostiene Laclau, “el populismo es, simplemente, un modo de construir lo político” y “puede ser tanto de derecha como de izquierda”.

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En lo que sí coinciden los gobiernos populistas es en otorgar un espacio importante dentro de sus discursos y acciones a las preocupaciones socioeconómicas de los ciudadanos, las que por otra parte vienen siendo descuidadas por las democracias liberales. El énfasis de estas últimas en los derechos políticos de los ciudadanos y en los valores republicanos no ha sido acompañado por una atención concreta similar respecto al bienestar material de sus representados. Preocupaciones que sí están presentes en los gobiernos populistas, aunque reciban respuestas claramente diferentes: Trump buscando reforzar las relaciones capitalistas de producción, adaptándolas a los desafíos de la globalización; y los Kirchner, con un relato anticapitalista que lleva a expandir un Estado cada vez más grande e ineficaz, obstaculizando la creación de riqueza, que pretende sustituirla con asistencia social de ese Estado con recursos insuficientes, lo que lleva, necesariamente, al incremento de la pobreza.  

Lo anterior indica la necesidad de un lenguaje riguroso sobre la política, que limite el uso del vocablo “populismo” a la forma en que se ejerce el poder, y trabaje en nuevos desarrollos conceptuales, referenciados por vocablos diferentes, para dar cuenta de su orientación en lo económico.

*Sociólogo.