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administrando la escasez

¡Son los precios, estúpido!

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En la Argentina, el Gobierno no cree en el sistema de precios.
Para ser justos, como, al decir de André Malraux, “los pueblos tienen los gobiernos que se les parecen”, una mayoría de los argentinos no cree en la eficiencia del sistema de precios, para asignar recursos, decidir entre consumo y ahorro, o entre consumo e inversión. O para encontrar el equilibrio entre oferta y demanda.

Es cierto que, como en todos los países, el mercado tiene imperfecciones, y existen precios que deben ser regulados, pero para eso, en el mundo, se crearon eficientes sistemas de defensa de la competencia y del consumidor y entes reguladores, para aquellos sectores que, por tecnología, conviene que sean atendidos por pocas empresas (básicamente, algunos segmentos de los servicios públicos). Pero no es menos cierto que, con estas salvedades, el sistema de precios se ha probado como el mejor, o el menos malo, de los mecanismos para tomar decisiones económicas.
Pero, insisto, los argentinos no creemos en las ventajas de asignar por precio, y preferimos “administrar” la escasez. Escasez que, paradójicamente, sólo existe porque no dejamos funcionar el sistema de precios.

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Antes de seguir, no confundir los precios con la inflación. La inflación es la variación, mes a mes, de los precios. Como le cuento siempre, una economía cerrada al comercio internacional tiene un nivel de precios mayor que otros países, abiertos a la competencia. Pero esto explica por qué un celular es más caro en la Argentina, siempre, respecto de otros países. No explica por qué un mes el producto sube el 5% y otro mes, el 20%.

Retomo. Como los precios en la Argentina responden, en su mayoría, a decisiones administrativas y no a condiciones de mercado, los funcionarios, para favorecer la demanda y el consumo de corto plazo, y tener contentos a los votantes, fijaron los precios por debajo de lo que requería la oferta, creando faltantes. Y dado el faltante, por sus propias políticas, después se dedican a administrar el faltante. Así nos pasó con la energía. Los funcionarios fijaron precios artificialmente bajos y, por lo tanto, se cayó la producción y la exploración de petróleo y gas. Es decir, no falta petróleo y gas, porque se acabaron, más allá del agotamiento geológico de algunas áreas, faltan… a estos precios. Pero ahora, para que no falten más todavía, hay que pagar internamente más caro de lo que cuesta en el mundo.

Además, con precios artificialmente bajos, aumenta la demanda, y se despilfarra. Ni que hablar de los temas distributivos, porque, con este sistema,  se favorece, en términos absolutos, a los que más consumen, en lugar de proteger a ciertos sectores, imposibilitados de pagar los verdaderos precios, mediante subsidios al ingreso.
Pasó lo mismo con algunos productos del agro. Prohibición de exportar carne o trigo, para tener bajo los precios. Más de cien frigoríficos cerrados, y fuerte caída en la producción de trigo. Al final del día, carne cara y productos panificados caros. Pasó lo mismo con la electricidad: se administran los “cortes” porque falta energía… a estos precios. Y con el transporte público. Se “regaló” el boleto de tren, no se invirtió por una década, con el agravante, en este caso, de que murió gente, como consecuencia de la desinversión. Y ahora, finalmente, se hace algo de inversión, más pensando en elecciones que en otra cosa.

Finalmente, como ya le comenté en varias columnas (perdón la insistencia), no quisimos reconocer el precio del dólar compatible con el descontrol fiscal y monetario que se creó, entre otras cosas, para financiar las importaciones de energía y el gasto en subsidios destinados a que la oferta no se cayera más, por los bajos precios. Como el precio del dólar quedó bajo, respecto de los pesos emitidos, aumentó la demanda de dólares y, entonces, para administrar la escasez de dólares… a este precio, se creó el inexistente cepo que, ahora se dice, no se puede levantar.
Las consecuencias de este particular manejo de la economía es que estamos estancados en la producción (porque administramos los dólares escasos) y no se crea empleo privado, porque no aumenta la inversión… a estos precios.

En síntesis, hasta que no volvamos a tener precios determinados en los mercados, y no por los funcionarios, ayudando sólo a quienes lo necesitan con subsidios al ingreso,  seguiremos estancados y administrando una escasez artificial.