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Teodicea libertaria: “gente de bien” y ¿del mal?

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Invitados: Bolsonaro, Bukele y Orbán. | cedoc

En 1710 Leibniz escribió Ensayo de Teodicea sobre de la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal. La preocupación de Leibniz por el problema del mal fue central a lo largo de toda su reflexión filosófica. La Libertad Avanza recrea su propia teodicea en sentido opuesto al positivismo de Leibniz. 

La existencia del mal fue el argumento más utilizado para fundamentar el ateísmo: Dios y mal son incompatibles, dado que el mal existe Dios no podría entonces existir. Dos mil años antes de Leibniz en la Grecia antigua Epicuro predicaba: “¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente. ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De dónde surge entonces el mal? ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? Entonces, ¿por qué llamarlo Dios?”.

El cristianismo le atribuye un valor salvífico al dolor. Si algo es necesario no puede ser solo malo 

El mismo silogismo  también en forma de aporía se podría formular para nuestro dios pagano que es la democracia: “Si la democracia es buena, ¿cómo permitió que quienes la niegan y denostan sus logros sean electos para ocupar diferentes cargos importantes? Entonces la democracia es mala o no es tan buena”.

Leibniz encuentra respuesta a la imperfección del mundo por la existencia del mal, diciendo que éste es el mejor de los mundos posibles, de la misma forma que Churchill se refería a la democracia: “es la peor forma de gobierno, exceptuando a todas las demás”.

Al problema ateo del mal se dedican las teodiceas explicando porqué un ser perfecto como Dios permite la existencia del mal y su eventual utilidad en determinadas circunstancias, al igual que ciertas  formas de dolor.

En un ensayo sobre el mal la revista Time escribió que  “Adolf Hitler fue el Padre Fundador del Estado de Israel. Sin Hitler no habría Holocausto, sin el Holocausto no habría Estado de Israel.” Y agrega: “El mal lejos de ser indeseable es necesario y esencial para mantener la vitalidad de la civilización. Esto sugiere el refinamiento de un viejo argumento sustentado por los románticos y anarquistas del siglo XI como Bakunin, quien dijo que “el impulso hacia la destrucción, también es un impulso creativo”. Aunque capitalista, Milei comparte con Bakunin su estirpe anarquista.

En la misma sintonía Tomás de Aquino sostuvo: “Si el mal existe, Dios existe. Pues no existiría el mal una vez quitado el orden del bien, del cual el mal es privación. Pero este orden no existiría, si no existiera Dios”.

Jean Baudrillard, tras la implosión del comunismo, escribió en 1991 un libro titulado La Transparencia del Mal. Ensayo sobre los fenómenos extremos. Comienza así: “Si fuera preciso caracterizar el estado actual de las cosas, diría que se trata del posterior a la orgía. La orgía es todo el momento explosivo de la modernidad, el de la liberación en todos los campos. Liberación política, liberación sexual, liberación de las fuerzas productivas, liberación de las fuerzas destructivas, liberación de la mujer, del niño, de las pulsiones inconscientes, liberación del arte. Asunción de todos los modelos de representación, de todos los modelos de antirrepresentación. Ha habido una orgía total, de lo real, de lo racional, de lo sexual, de la crítica y de la anticrítica, del crecimiento y de la crisis de crecimiento. Hemos recorrido todos los caminos de la producción y de la superproducción virtual de objetos, de signos, de mensajes, de ideologías, de placeres. Hoy todo está liberado, las cartas están echadas y nos reencontramos colectivamente ante la pregunta crucial: ¿Qué hacer después de la orgía?”.

En el ensayo de Time se especula acerca de que el Mal es lo malo endurecido en lo absoluto. El Mal se realiza cuando cruza una línea, se compromete a sí mismo y endurece su corazón, cuando se torna implacable, inexorable. Y se cita a William James: “El Mal es una enfermedad”.

Mi temor respecto del uso de la muletilla “gente de bien” por parte de dirigentes libertarios es caer en una nueva Inquisición: “el Mal son todos los que están fuera de la tribu”. Esa perspectiva del Mal opera la deshumanización del Otro. En el citado ensayo de Time se lo explica así: “una lógica eficiente y perversa que identifica a los otros con el Mal justifica el Mal contra ellos: un hombre puede matar una víbora sin reparos ni escrúpulos. La serpiente es algo malo, tiene malas intenciones, es un ser de otro orden. Así un ‘ario’ puede matar a un judío, puede estructurar un elaborado programa burocrático para la matanza de judíos. Así también los blancos pueden aparecer en mitad de la noche en el Misisipi, arrastrar a un negro y ahorcarlo. Una de las técnicas del Mal es hacer que la gente piense en categorías. Los celotes del marxismo-leninismo piensan en la ‘burguesía’ como en una categoría, en una clase, no en los seres humanos, y es fácil exterminar una categoría,  una clase, una raza, una tribu extraña (una casta, los kirchneristas). Mal significa, en primer término, un misterio: el mysterium iniquitatis”. 

A veces el mal es aquello que no podemos comprender y no podemos perdonar. El Mal es lo malo elevado al status de lo inexplicable. Y por eso comprender es asimilable a perdonar. Cada bando demoniza al otro, como en todas las guerras. Se trata de la vieja herejía maniquea que divide al mundo como campo de batalla entre lo divino y lo diabólico.

“El Mal es más fácil que el Bien. La creatividad más fuerte que la destructividad.Los dictadores –agrega el ensayo de Time– tienen tiempo libre para ver películas en sus salas privadas de exhibición. Cuando Hitler estaba en Berchtesgaden, gustaba ver a los chicos de la vecindad y obsequiarles helados y tortas. Hitler era vegetariano. El marqués de Sade era adverso a la pena capital.”

Personalmente me alegró mucho el llamado de Javier Milei a Juan Grabois solidarizándose por el escrache que sufrió mientras estaba con su padre.

Baudrillard en La Transparencia del Mal. Ensayo sobre los fenómenos extremos sostiene que: “Cualquier estructura que acose, que expulse y exorcize sus elementos negativos corre el peligro de una catástrofe por reversión total, de la misma manera que cualquier cuerpo biológico que acose y elimine sus gérmenes, sus bacilos, sus parásitos, sus enemigos biológicos, corre el peligro de la metástasis y el cáncer, es decir, de una positividad devoradora de sus propias células, o el peligro viral de ser devorado por sus propios anticuerpos, ahora sin empleo. Todo lo que expurga su parte maldita firma su propia muerte.” (...) “Cualquier intento de redención de la parte maldita, de redención del principio del Mal, sólo puede instaurar nuevos paraísos artificiales, los paraísos artificiales del consenso que sí son un auténtico principio de muerte.”

El Mal son aquellos que están fuera de la tribu. Deshumanizar al Otro inicia una nueva Inquisición  

Pero lo más interesante de Baudrillard está en este párrafo: “El Bien consiste en una dialéctica del Bien y el Mal. El Mal consiste en la denegación de esta dialéctica, en la desunión radical del Bien y el Mal y, por consiguiente, en la autonomía del principio del Mal. Mientras que el Bien supone la complicidad dialéctica del Mal, el Mal se basa en sí mismo, en la plena incompatibilidad. Así, es el dueño del juego; y el principio del Mal, el reino del antagonismo eterno, es lo que triunfa.” El vocero de Milei Manuel Adorni dijo: “Yo sí quiero grieta. Yo sí quiero a los delincuentes, a los corruptos, a los chorros, a todo lo que no le hace bien a la Argentina, de un lado y a la gente de bien del otro.”

¿Los libertarios proyectan su propio mal en los otros al hablar de “gente de bien”? Creo que no, creo que Javier Milei es bien intencionado. ¿El Mal es la ignorancia del que cree que sabe y no sabe? Eso sí creo.