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beatificaciones

Tongo y canyengue

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La hipocresía oficial en torno a las drogas de diseño no conoce de límites. Michetti desmintió el tuit en el que discriminaba a “jóvenes pobres que se drogan y jóvenes ricos que tienen excesos”. Debe haber sido campaña sucia, sí; lo que asombra es su verosimilitud. Ahora se preguntó: “¿Cómo se controla si la pastillita es tan chica?” Te digo cómo: el control debería ser a los fabricantes (que no deben ser tan chiquitos) y no al consumidor. Pero ya que entramos en esa línea moralista, ¿qué tal un sencillo antidoping a funcionarios y políticos, aunque más no sea por mero espíritu deportivo?

Tema delicado. Yo me haría asesorar por Conjunto Falopa. Maniáticos del tango, exquisitos de la milonga, estos magos desharrapados ornamentan de tristeza y barriobajo cada falso triunfo, cada crisis. Acaba de caer en mis manos su último disco doble y contradictorio. En Glam Libertario asumen temas de brutal índole política, mezclando el festejo pop con el odio de clase, el hombre bomba con la chocotorta, el masculino de Teresa con la chica de La Campora. En el otro disco, Autocrítica, más introspectivo, más arduo y más querido –y en cuya tapa brilla la desprolija A de la anarquía sobre entrañable papel higiénico decorado con perritos– Falopa hace lo que siempre hace el tango de culto: revisionar lo prohibido, no escatimar palabras para lo marginal, entrarle como un toro a la contracultura. Los coloridos mundos de la droga patera, del choreo semiorganizado, del falso rock chabón, del verdadero aguante, eyaculan lúcidos reflejos sobre todo aquello que no podemos oír, que no debemos decir. El producto maleducado, como en discos anteriores, es asombroso. Me ruborizo y recuerdo los gloriosos tangos carcelarios de eras de prohibición y de chamuyo como si aquéllos y éstos fueran una sola cosa continuada. La fatídica poesía de Marquestó, Marchetti y sus secuaces está llamada a dar con un grafiti en cada verso: “Somos hombres comunes llamados a los destinos más pedorros, héroes disfraz de abejorro estilo Juan Salvo o el Chapulín”, y el verosímil lo da la exactísima formación de guitarras, que hace que el nuevo lunfardo sea la herramienta lingüística con la que deshojar tanta hipocresía política, como siempre desde que el tango es tango y era cosa nacida en lo oscuro de lo prohibido.

En Autor intelectual se beatifican las ventajas del choreo de cobardes: “Si tengo muy mala puntería/ si la pistola me hace temblar/ me sobran güevos para plantarme/ en la maniobra de imaginar./ Si la sangre me da escalofríos,/ si un ruego firme me hace dudar/ me sobra mate para escaparme/ cavando un túnel ingenierial.” Y luego se condena a voz en cuello el choreo en grande: el de La Rural y el del Congreso.

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Si no fuera porque son tan anarcos yo diría que ya mismo el Conicet les debe una beca vitalicia. Juntan la realidad en cuatro frases y te la desnudan para el regio fife.